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10 razones (personales) para estar en Twitter

  1. Lo que importa es la conversación y no el perfil de usuario. A diferencia de una red social como Facebook (la más popular en Argentina hasta el momento), donde se necesita la aprobación de otro usuario para generar el contacto, Twitter te permite —con un solo clic— seguir a una persona y formar parte de la conversación.
  2. Permite el contacto inmediato con gente con la que compartís intereses y motivaciones a través de la publicación de perfiles públicos que orientan en ese sentido.
  3. La conversación en tiempo real o a través de etiquetas habilita discusiones sobre distintas temáticas (política, deportes, espectáculos; medios en general), experiencia que no se encuentra en otras redes sociales. El topic guía la conversación, no el perfil de usuario.
  4. Formar parte de una conversación más amplia que la que mantenés con tu red de seguidores a través de etiquetas (hashtags) que te permiten participar de temas y discusiones a través de esta opción. Lo cual implica contactos con un sinnúmero de usuarios que potencialmente pueden convertirse en nuevos seguidores.
  5. Twitter democratiza la palabra en tiempo real. Personalmente, participar me remite a la experiencia del campamento: una conversación donde cada usuario/participante se permite hacer su aporte personal sobre el topic en cuestión (por más que puedas tener sentado al lado tuyo a un perfecto desconocido)
  6. Desde mi punto de vista, es la más social de todas las redes cibernéticas. La opción que permite el hashtag “Follow Friday” (#FF) da a cada usuario la posibilidad de “presentar” a sus seguidores/amigos a sus otros seguidores, habilitando el contacto entre éstos y ampliando la virtualidad de tu red. Este tipo de contacto es similar a la opción Sugerencia de amigos de Facebook, por ejemplo, con la diferencia de que lo que sigue primando en esa plataforma es el perfil de usuario antes que el topic o la conversación en sí misma.
  7. Es pública y federal. El otro día alguien a quien sigo se preguntaba “¿Por qué tanto tucumano en Twitter?” Más allá del chiste, esta red posibilita la interconexión instantánea entre puntos distanciados de la geografía nacional —e internacional, claro— que ningún medio 1.0 podría siquiera imaginar (mejor ni pensar en las representaciones territoriales que habilita la tele. Y no me vengas con el-programa-de-Badía que lo mira tu vieja, la mía y no muchos más)
  8. Es democrática. Permite que usuarios de distintas pertenencias geográficas y de diferente nivel socioeconómico tengan un lugar donde expresarse a través de la palabra (y en esto es quizás en lo que más se distancie de la TV como dispositivo de exposición)
  9. No es excluyente. La escritura, si bien demanda competencias diferentes a las de la TV, permite construir una imagen de usuario/actor ligada más bien al capital intelectual incorporado antes que a las características físicas de los participantes (no se ofendan feuchos y gorditos, pero es así)
  10. Es popular. La iconoclasia con la que se degrada a distintos personajes de la política y del ámbito mediático en general (mediante retweets irónicos o simplemente señalando sus incoherencias o sus errores) otorga una significación política al humor que circula por la red, que permite subvertir los cánones y parámetros de la cultura oficial (Sí, esta es la razón más demodé y chota pero le da un aire más académico a la nota: soy casi Licenciado, que querés...)

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Dancing Mood 04.
Cargado originalmente por Hipno
Los Dancing Mood pasaron otra vez por Rosario y brindaron un show de casi 3 horas al que no le faltó nada.

Sábado 20.30 PM. Me entero que los Dancing Mood vuelven a Rosario, teloneados nuevamente por el swing argento de la local Rosario Smowing. La promesa seduce y las ganas de volver a ver en vivo a una de las bandas más destacadas de la escena nacional animan, por más que la fría jornada nocturna conspire para quedarse en casa. Con un último recital a fines de noviembre en nuestra ciudad, cuando presentaron On The Sunny Side Of The Street (2009), su última producción de estudio, la banda liderada por ese gran trompetista y compositor llamado Hugo Lobo volvió a subirse al escenario de Willie Dixon y demostró, una vez más, de lo que es capaz: casi 3 horas de show, último disco tocado enterito para quienes aún no tuvimos tiempo de escucharlo detenidamente, músicos invitados (trajeron de paseo por acá a la vocalista costarricense Deborah Dixon para cantar ese hermoso bolero llamado Just Don’t Wanna Be Lonely) y un repaso de clásicos como Take Five (un clásico del jazz norteamericano compuesto en 5/4 por el saxo alto Paul Desmond para la Dave Brubeck Quartet en 1959) que forma parte de Groovin’ High (2006), el genial Africa de aquel inicial Vol. I (2001) editado el año de la hecatombe, hasta el momento ritual del festejado Police Woman del álbum Dancing Groove (2004), cuando el público explota y la euforia se apodera definitivamente del lugar. Propuesta estética renovadora, Dancing Mood es considerada casi una rareza dentro de ese amplio universo llamado “rock nacional” porque fusiona géneros internacionales —ska, reggae, jazz— interpretando hits de los años 40 y 50, sin quedar pegado a un sonido retro (que los podría poner en un lugar un tanto oportunista) y con una profunda pulsión rockera. Un cóctel que combina en escena elementos cool —por los géneros que frecuenta— con una iconografía popular y despojada —desde el vestuario de los músicos hasta la escenografía y el montaje de sus shows— que contrasta alegremente en cada una sus presentaciones, donde la protagonista principal es, por suerte, la música. Interpretaciones majestuosas, virtuosismo al palo, estos intérpretes de sólida formación musical despliegan una avalancha de sonidos que inundan cada espacio donde se presentan: de una fiesta íntima (acá han tocado para la fiesta de fin de año de una prestigiosa escuela privada) a un estadio; de un escenario callejero a las butacas del Gran Rex porteño. El baile, el movimiento de los cuerpos al ritmo de las canciones, es una consecuencia inevitable en cada presentación de esta banda: de allí su nombre, tomado de una canción del cantante jamaiquino Delroy Willson y que significa algo así como “de humor para bailar”. Porque si hay algo que esta banda logra, por más que a veces uno pueda no estar de humor para bailar, es hacernos mover la patita. Definitivamente
La culpabilidad del sistema se ha convertido en la culpabilidad de los individuos que están sujetos a él. Se dice por tanto que el capitalismo no es nada más que el reino de un individualismo de masas o de un individualismo democrático. La crítica Marxista de los Derechos del Hombre mostrando al “hombre” egoísta burgués como la realidad del ciudadano demócrata se recicla para reflejar que el“individuo narcisista” es la realidad de la democracia. Ahora se ha dado un paso más en la inversión de la crítica. Muchos sociólogos, filósofos políticos y moralistas empezaron a explicarnos que la democracia y los derechos del Hombre, como Marx había demostrado, eran simplemente los derechos del individuo egoísta burgués, los derechos de los
consumidores para desarrollar cualquier tipo de consumo, destruyendo por tanto todas las instituciones tradicionales y formas de autoridad, que imponían un límite al poder del mercado, tales como la familia, la escuela o la religión. Esto es, dijeron, lo que de hecho significa la democracia: el poder del consumidor individual al que no le importa otra cosa que no sea la satisfacción de sus necesidades y deseos, la igualdad entre el vendedor y comprador de cualquier mercancía. Por consiguiente llegaron a la conclusión de que lo que el individuo democrático quería era el triunfo del mercado en todas las esferas de la vida y por tanto de todas las formas tradicionales de autoridad y transmisión que constituyen un orden simbólico. Así la crítica del mercado de la sociedad de consumo y del espectáculo termina denunciando al llamado individuo democrático al que culpan de todos los males del mundo contemporáneo (...)

en la revista electrónica Estudios Visuales Nº 7, enero 2010.
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Las comparaciones son odiosas pero a veces son inevitables, me dijo un antipático profesor alguna vez. Y este es uno de esos casos: Messi y Maradona, Maradona y Messi, una suerte de juego de espejos entre dos enormes futbolistas con características y destrezas similares. Un juego que se propone socialmente y con el que a veces nos dejamos seducir, tal vez porque los rasgos compartidos saltan a la vista con facilidad (habilidad con el balón dominado, capacidad goleadora, camisetas en común). Tal vez porque llega el Mundial y, con él, el renovado deseo de los argentinos por vernos coronados en esa competencia deportiva entre selecciones nacionales. Lo cierto es que a veces —por fanatismo, por lo que sea— nos olvidamos que una comparación por más invevitable que sea no deja de ser odiosa al mismo tiempo. Y muchas veces, también, suele ser injusta. A Messi se lo objeta por no rendir en el seleccionado de la manera que lo hace en el Barcelona. Pues bien, ocurre que sus que sus actuales números con la casaca blaugrana son escalofriantes (40 goles en los últimos 43 partidos con el equipo catalán, pichichi de la liga española con 27 sobre 28 partidos, incluido el de ayer ante Real Madrid en el Bernabeu) mientras que con el seleccionado argentino obtuvo a duras penas su clasificación para Sudáfrica durante este año. Estas resultados diferentes han generado custionamientos por cierta parte del periodismo que ha llegado a hablar de un Messi “de allá” (por su juego en España) y un Messi “de acá”, cuando en realidad de lo que estamos hablando es de un bajo rendimiento colectivo por parte del seleccionado nacional que no aun no ha logrado demostrar un estilo de juego coherente y un nivel consistente durante la etapa de Maradona al frente del equipo. Pero la dicotomía Messi “de acá” y Messi “de allá” es falsa y basta con ver los números globales de la Pulga con la albiceleste: 25 goles en 55 partidos (6 en el sudamericano sub-20, su primer torneo con la selección, y goleador de ese torneo; 6 en el mundial de esa categoría disputado en Holanda en 2005, ganando la final ante Nigeria con dos conquistas suyas y siendo coronado mejor jugador; su gol contra Serbia durante la primera fase en Alemania 2006; 2 en la Copa América de 2007; 2 durante los JJ. OO. de Pekín en 2008; y 8 en total entre amistosos y eliminatorias entre 2004 y 2010). Y a estos datos debemos agregar que en 10 de esos 55 partidos no fue titular sino que ingresó desde el banco. Resultado: medio gol por partido, un campeonato y un subcampeonato a nivel mundial juvenil y medalla de oro en un juego olímpico para la selección de su país. Número destacados para un jugador de veintidós años —cumplirá veintitrés en junio, mientras esté disputando el campeonato en Sudáfrica— que ya es una estrella a nivel mundial por sus logros obtenidos con su club en una de las ligas más competitivas del mundo. Se dice que hoy los mundiales ya no consagran jugadores como lo hacían hace 25 años. Puede ser. De cualquier manera, Messi ha dado pruebas contundentes de que su pasión defendiendo la camiseta argentina está intacta y que trabajará para conseguir el gran objetivo futbolístico del año. Sólo resta convencernos a nosotros que las circunstancias históricas ya no son las mismas y que estamos en presencia de dos sujetos con recorridos deportivos diferentes, a pesar de sus muchas semejanzas con la pelota rendida a sus pies.

El periodismo siempre construyó redes sociales. Pero son redes pobres. En los medios impresos y en la TV la gente sólo puede opinar haciendo zapping o cambiando de página o de publicación. No puede ampliar o cambiar la historia que le están contando. Y no puede hablar con los lectores. O sea: los usuarios pueden hacer muy poco con el medio y nada entre ellos (...) Este periodismo top down -yo hablo, ustedes escuchan y callan y hacen muy poco- es el que está muriendo. No digo que mañana se mueren los medios tradicionales ni que eso sea bueno ahora. Pero sí que esta forma de hacer periodismo se está terminando (...) Ahora las plazas públicas se multiplican: las va armando la gente. Los usuarios dejan de ser fieles a una marca: eligen las noticias por recomendaciones de sus amigos en vez de ir a buscarlas en los medios que las producen. Facebook se convierte en un agregador de noticias. La gente reportea, redacta, graba, opina . Y se reúne en comunidades con las personas que quiere, para hablar de las cosas que más le interesan. Todo eso le da una conciencia creciente de su poder. Y cuando alguien sabe que tiene poder lo más probable es que lo use. Allí puede estar una de las soluciones que estamos buscando.

Texto completo, acá
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Es una ley (la de Coparticipación Federal) de acuerdo entre las provincias y la Nación. (Pero) Ahí nadie quiere ceder nada, porque el gobernador que se encuentre favorecido por una alícuota desigual con otras provincias no va a aceptar modificaciones.

En Santa Fe no se pagan ingresos brutos a la industria y a la construcción. Esto marca una desigualdad con Córdoba y Buenos Aires (...) Las empresas de Córdoba vienen a facturar a Santa Fe porque no pagan impuestos y la provincia va a ser una especie de paraíso fiscal

Siempre estamos dispuestos a buscar un acuerdo extra judicial. No queremos judicializar la política sino que buscamos que la política resuelva lo que tiene que resolver.

Medís Hermes. Sabé que con esto, medís. El tema es que hacemos con el diagnóstico (antes de que se nos muera el paciente). Eso es otra cosa. Y ahí llega la política.

(la) falta de acuerdo distributivo alimenta la inflación, el tipo de cambio se atrasa y los empresarios presionan por un aumento en el precio del dólar que los proteja de las importaciones. Y si se los atiende y se aumenta el dólar, vuelve a aumentar la rentabilidad de la soja y con ella el precio de los alimentos. Y de vuelta suenan los bombos, y van a la carga los salarios. Y haciéndose los distraídos, silenciosos, como quien no tiene la culpa, los empresarios lo mandan a precio y estamos de nuevo donde era en un principio pero con una inflación todavía moderada. Y la solución no es sencilla, ni una cuestión supuestamente técnica del estilo “subí dos puntos la tasa de interés”. Requiere acuerdos sociales y políticas sectoriales que no entran en el último párrafo de un artículo de diario.

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