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(...) ¿Qué estrechez de miras puede llevar a alguien a no ver algo que parece tan obvio? Una posibilidad es subestimar la importancia de la política de derechos humanos en la base de la legitimidad del Gobierno, apoyándose en el sentido común que indica que la economía garantiza cosas que la justicia no. La larga experiencia argentina demuestra lo contrario: es sólo con una fuerte legitimidad política que se puede capitalizar la bonanza económica o capear el temporal de crisis. Si alguien en el Gobierno se apoya en una encuesta para suponer que esa legitimidad está lejos de los derechos humanos, se olvida de la máxima implícita en el kirchnerismo: la construcción constante de enemigos es lo que le da identidad y potencia al propio movimiento. Es probable que pocos voten a un candidato bonaerense por su política de derechos humanos, pero es seguro que pueden dejar de votarlo por su pérdida de horizonte y su manifiesta debilidad. Desde 2003, el kircherismo reinstaló en la sociedad ideas muy fuertes y rígidas sobre su identidad y la del resto de los actores políticos. Hacer la prueba para ver si tirando de los derechos humanos se deshace un tejido mucho más amplio de asociaciones y sentidos no parece ser el ejercicio más feliz.

Otra posibilidad es suponer que, en cualquier momento, un partido puede cambiar su base de sustento a voluntad, reemplazando ideas como piezas de un rompecabezas. El último que tuvo esa creencia de forma cabal fue Fernando de la Rúa.

Otra posibilidad, finalmente, es suponer que Rico es sobre todo un referente del PJ, y que en todo eso lo que se juega es encontrar aliados confiables. Algo de eso podría intuirse en la sumaria explicación de Carlos Kunkel, que consideró natural el apoyo a Rico como jefe del PJ de San Miguel si se trataba de enfrentar a candidatos apoyados por Alberto Fernández o Felipe Solá (!). El fin de cualquier potencial alianza transversal y la necesidad obvia de tener una –alguna– base de sustento, explican el regreso triste del kirchnerismo a una casa que le es profundamente hostil. Pero cualquiera que asome la nariz por arriba de esa mira tan baja sabrá que los Kirchner no sólo se repliegan en un PJ en el que jamás estuvieron a gusto, sino que se están construyendo el peor PJ posible para que lo acoja.

leído en P/12 de hoy

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Les dejo algunos fragmentitos de una entrevista hecha por la revista Zoom a Ricardo Sidicaro, uno de los mayores estudiosos —junto con Juan Carlos Torre y Alejandro Horowicz— del peronismo en su faceta histórica y 'sociológica':
El Estado, en realidad, lo empiezan a crear los conservadores en 1930, quienes fundan un importante aparato estatal, y en ese Estado pudo alojarse el peronismo y la gente que lo formó. Y como nunca tuvo tiempo para deliberar, lo que tuvieron en común fue la idea de que con el Estado iban a construir la Nación y esa es una de sus grandezas, no cabe ninguna duda. Después, lo fueron haciendo trizas los libertadores del ‘55, el Proceso que llevó eso al paroxismo. La democracia naciente no tuvo ninguna preocupación por la idea del Estado. No estaba presente en la agenda radical, el menemismo lo licuó, y la Alianza hizo lo mismo, entonces hoy no puede haber un peronismo asentado en el Estado (...)

El kirchnerismo ha hecho un esfuerzo importante para tratar de sumar fragmentos, más allá de que sean menemistas o no, porque las Madres no lo son, tampoco los muchachos de D´Elía o Pérsico. El primer pacto, entonces, fue sumar fragmentos que se mantenían relativamente separados de esa primera construcción política a los que ellos llamaban el pejotismo. La mejor definición del PJ la dio Kirchner cuando dijo: “Es una confederación de jefes provinciales sin ideas”. Y esto lo dijo porque él viene de adentro, sabe que se manejan con el presupuesto público, y también sabe que son resbaladizos, sinuosos, se van en cualquier momento…

(...) Antes de las elecciones del 2003 tuve posibilidad de conocer a algunos dirigentes kirchneristas y me gustaban las ideas que tenían, muchos de ellos pensaban que se podía construir un aparato y una política propia, pero no es fácil. Cuando estás en el ejercicio del poder, que desgasta, la construcción política se hace más dificultosa ya que empezás a tener vínculos con los mercenarios, no dicho en términos peyorativos: las personas que vienen a pedir cosas, la agencia de empleo.

El kirchnerismo hizo la demostración de que, en las elecciones de Cristina, había que recostarse en el PJ. El peronismo tiene 40% de sufragio histórico, y Cristina sacó el 45%: los aliados no le dieron nada. No sé cómo lo pensaron en la plana mayor, pero ahí se dieron cuenta que los aliados no le sumaban nada y solo pedían cosas e independientemente de cualquier aliado, la política de Kirchner le sumó ese 5%. Esto lo llevó, potenciado luego con la discusión de las retenciones, a reforzar el vínculo con los gobernadores basado en el intercambio de favores. Ahora, si se va a construir una nueva política esa no es la vía, pero si se trata de mantenerse en el gobierno, que es la obligación del que llega al poder, ese es el camino.

(...) Hay una manera, creada en los noventa, de mercantilización de la política y de endeblez de los vínculos, fruto del menemismo, que introdujo el sistema de intercambios y esa es una cuestión muy complicada porque gente que podría ser capaz de aportar cosas se retrae para cuidar su puesto en el gobierno y se niega a una discusión que podría elevar el nivel de todos. La inclusión se crea en la deliberación.
(...) La Argentina desintegrada ya no da para el peronismo, que es una emoción de un país integrado, mientras que el kirchnerismo es una innovación política que puede ser comida por el pejotismo.

Delicioso (y doloroso a la vez), ¿no? Que extraña sensación. Creo que voy a mirar a Capusotto por Youtube, capaz bajo el nivel de angustia. Con permiso...(mamita!)
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Estados Unidos exportó sus hipotecas tóxicas al resto del mundo en forma de títulos respaldados por activos. Exportó su filosofía desreguladora del mercado libre, algo que ahora hasta Alan Greenspan, su sumo sacerdote, admite que fue un error. Exportó su cultura de irresponsabilidad empresarial y la opaca práctica de las opciones de compra de acciones, que fomentan esa mala contabilidad que, al igual que ocurrió en los escándalos de Enron y Worldcom hace unos pocos años, tan importante ha sido en este descalabro. Como colofón, EE UU ha exportado su desaceleración económica
artículo completo, acá
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Jubilaciones: proyecto con final abierto, por Julio Sevares para IEco

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La evidencia estridente del carácter ideológico-político de la hostilidad antigubernamental, pese a los distintos disfraces que utiliza, la proporcionó el sitio “on-line” del matutino La Nación, tribuna dogmática del antiperonismo, cuyos redactores deben referirse al golpe de Estado de 1955 sin comillas y con las primeras letras en mayúscula cuando escriban “revolución libertadora”, y cuyo lenguaje editorial por años mencionó a Juan Perón como el “tirano prófugo”. Pese a esos antecedentes, esta semana reprodujo en texto y video fragmentos de un discurso de 1973 del fundador del justicialismo que condenaba el saqueo de las cajas de jubilaciones por el gobierno de los “libertadores”, usando la cita como argumento suplementario al rechazo actual, treinta y cinco años después, de la decisión de la presidenta Cristina de unificar al régimen previsional en el sistema solidario de reparto del Estado. De donde el diario centenario de los Mitre resultaría el severo guardián de la pureza doctrinaria del peronismo, sugiriendo que el actual gobierno la estaría traicionando. En algo no le falta razón al matutino porteño: los privatizadores de los años ’90 eran peronistas del menemato y realizaron el saqueo en nombre de la presunta modernización del legado partidario (...)
(Algún día) Quiero escribir como el Negro Pasquini Durán. Definitivamente.
(...) La TV pública cedió el entretenimiento en pos de hacer cultura, educación y democracia para un puñadito de televidentes minúsculo. El primer error fue cederles el entretenimiento a los mercaderes, como si no fuera una necesidad humana. Es más: la gente tiene el derecho a entretenerse. Y la TV pública tiene la obligación de entretener a la ciudadanía gratuitamente. El entretenimiento no tiene nada de malo si apunta a los sentimientos y está bien contado, si no pone el énfasis en el contenido y sí en el relato, si hace hincapié en los argumentos emocionales y no en los racionales, si se piensa en lo popular en vez de en lo que se considera “lo culto”. Y el segundo error es que la TV privada, para cumplir con sus objetivos, enfatiza en los formatos y en la narración, mientras que las públicas enfatizan únicamente en los contenidos, perdiendo la máquina narrativa como motor de cambio social. (...)
Omar Rincón, en Página/12 de hoy
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Imperdible.
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Una mano negra e invisible

Por Eliseo Verón*, para Perfil

En relación con la crisis económica global, tema central de los medios de todo el mundo, hubo en estos últimos días algunos comentarios acerca de la necesidad que tiene George Bush de mostrarse activo e íntimamente ligado a lo que está pasando, para no dar la misma sensación de distancia y de ausencia que el presidente transmitió cuando se produjo la catástrofe del huracán Katrina en Nueva Orleans (sentimiento de ausencia que, como se recordará, marcó su mandato desde el inicio, el día del atentado a las Torres Gemelas). El comentario pasó tal vez desapercibido dentro de la gigantesca ola de discursos mediáticos sobre la crisis, pero tiene la ventaja de ser un síntoma que explicita, de manera casi transparente, una de las dimensiones fundamentales de la mediatización de la crisis actual: presupone un paralelo implícito entre ambas situaciones: la crisis financiera y el huracán Katrina. ¿Se podrá considerar que se trata de situaciones del mismo tipo?

Veamos algunas expresiones tomadas de los diarios, a propósito de la crisis. Las referencias corresponden aquí a la prensa nacional, pero una rápida exploración permite comprobar que el tono extremo del discurso ha sido más o menos el mismo en los principales medios informativos del mundo. En cuanto a la construcción del acontecimiento: “derrumbe”; “terremoto”; “al borde del colapso”; “tormenta”; “debacle”; “incendio”; “tembladeral”; “nubes oscuras”; “huracán”; “deudas tóxicas”; “turbulencias”; “entidades hundidas en el pantano”; “honda expansiva”; “tsunami”; “parálisis de los vasos capilares del sistema”; “jornada aciaga”; “hundirse sin remedio”. En cuanto a la construcción de la reacción al acontecimiento: “alarma global”; “el mundo en alerta”; “desesperado intento”; “colosal salvataje”; “clima de pánico”. Algunas expresiones tienen la autoría de nuestra Presidenta: “Estamos viendo cómo ese Primer Mundo (…) se derrumba como una burbuja”; “la Argentina está firme en medio de la marejada”. ¿Habrá que tomar todo esto como una confirmación de la hipótesis líquida de algún autor de moda?

No parece exagerado afirmar que los medios están masivamente construyendo la actual crisis económica a través de ese bien conocido procedimiento discursivo consistente en naturalizar los fenómenos sociales, procedimiento que ya Roland Barthes había sabido detectar, al dar inicio a la semiología contemporánea a mediados del siglo pasado, como el núcleo ideológico de la mitología contemporánea.

El derrumbe del sistema financiero de los Estados Unidos, que amenaza al mercado mundial globalizado, tiene el carácter insólito, opaco, sorpresivo y salvaje de un huracán del Caribe. Es una suerte de catástrofe natural, aunque la descripción, en algunos casos, tenga ribetes cuasi religiosos de fin del mundo, una tonalidad bíblica que trae a la memoria a los cuatro jinetes del Apocalipsis.

No hay pues culpables, al menos a la luz del modelo del racional choice, del actor económico orientado por la elección racional. Ese modelo, todavía dominante en la mayoría de los departamentos de economía de las universidades del mundo, parece funcionar en los períodos en que el ciclo económico se comporta como un buen alumno, y persiste, entre otras cosas, porque esa comunidad académica no está dispuesta a perder el capital simbólico y político que acumuló durante muchos años, aunque resulten cada vez más claras las contradicciones conceptuales de la teoría y su carácter astutamente tautológico y empíricamente no verificable.

En los corredores de la academia se puede discutir la plausibilidad de una teoría que supone el uso instrumental de toda la información necesaria, en una situación dada, para tomar la decisión económica y racional adecuada, aunque todos sepamos que los actores económicos no satisfacen esa condición. Pero, cuando los académicos salen de la academia y entran en el espacio público, descubrimos que la economía como ciencia es una rama de la meteorología y se nos explica que lo que ocurre es que a veces, sorpresivamente, la mano invisible (¿de Dios?), no se sabe por qué, en lugar de armonizar en un todo equilibrado las motivaciones individuales de los actores económicos, propina una resonante cachetada.

Pero entonces, la cuestión es quién recibe esa cachetada. Porque si al parecer no hay culpables, hay sí actores identificados: corporaciones, CEO’s, gerentes, operadores, políticos, funcionarios públicos, intermediarios, lobistas. Y si la naturalización de la crisis financiera permite borrar los culpables es para que haya, eso sí, ganadores y perdedores.

Paradójicamente, este momento clave que estamos viviendo, revelador del funcionamiento de la maquinaria financiera del capitalismo más avanzado, vuelve inocentes a los responsables identificados y transforma en víctimas a los que no tienen nombre: son todos los ciudadanos norteamericanos los que van a pagar con el dinero público y muchos de ellos a través de los innumerables dramas cotidianos de quienes ya han perdido, o van a perder, sus casas o sus empleos.

Curiosa, esta mano invisible. Podríamos decir que es una mano negra, pero desgraciadamente, la marca la tiene registrada Manu Chao. Como él dice: la vida es bella… y el mundo está podrido, la vie est belle, le monde pourri.


*Semiólogo.
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La lengua se jacta más de lo que obliga a decir que de lo que prohíbe decir. La lengua madejada por el lenguaje político y periodístico chorrea significados colaterales que siguen soplando el oído de la gente aun cuando las palabras se extinguieron. En materia intelectual, Barthes distinguía entre “descomponer” y “destruir”. Asumía que la tarea del intelectual es “descomponer” la conciencia burguesa, no “destruirla”. No por una elección, sino por dialéctica: sin condiciones prerrevolucionarias, como no las había en la Francia del ’50 ni en casi ninguna parte hoy, la “destrucción” implica un salto al vacío. “Mientras que al descomponer, acepto acompañar esta descomposición, descomponerme yo mismo en la misma medida: desbarro, me aferro y arrastro conmigo.” Esa es la razón por la que es bueno, cada tanto, descomponer palabras.

De "Setentismo", por Sandra Russo para Página12
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Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido y muy agradable, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local, que está dispuesto a comprar a los campesinos lugareños, para mejorar sus ingresos, cada mono que le traigan por $10.

Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos. El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar.
Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono,
y los campesinos corrieron otra vez al bosque. Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno.
Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenía negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante, el negocio de la compra de monos.
Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:
-Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno-.

Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del 'jefe'. Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.

Ahora tienen ustedes una noción bien clara de cómo funciona el Mercado de Valores y la Bolsa.

(gracias a Pitunob)
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Presentación del libro


En tu ardor y en tu frío

Arte y política en Theodor Adorno y Gilles Deleuze



Autores: Esteban Dipaola y Nuria Yabkowski

Editorial Paidós



Miércoles 8 de octubre 19 hs, Bar del Centro de Expresiones
Contemporáneas, Bajada Sargento Cabral y el Río Paraná



Hablarán:

Ricardo Diviani (Docente de la UNR)

Sandra Valdettaro (Docente de la UNR)


Invita: Cátedra Bla(st)


Este ensayo coloca en interrelación los pensamientos de Gilles Deleuze y Theodor Adorno, haciendo confluir sus ideas en lo que respecta a las cuestiones relativas al arte y la política. El pensamiento de la emancipación, se sostiene, ha sido de un profundo interés para ambos pensadores y entre ellos pueden encontrarse numerosas similitudes sobre las condiciones actuales de desarrollo del “capitalismo tardío”.

La crítica, la utopía y la diferencia (o la no-identidad para el caso de
Adorno) son momentos imprescindibles para pensar las inquietudes que llevaron a Adorno y a Deleuze a pensar nuestro tiempo. Así, las nociones de Identidad, de Representación, de Razón occidental y todo pensamiento que se sostenga en una idea de Totalidad, es cuestionado desde las posiciones que frente a tales problemas asumieron estos autores, sin por ello caer en reduccionismos ni en relativismos.

Así, la política es pensada conjuntamente con el arte y, en esta investigación que realizan Esteban Dipaola y Nuria Yabkowski, especialmente en relación con la estética y la narrativa cinematográfica. El cine, de esta forma, se convierte en un lugar desde el cual pensar y hacer filosofía crítica sobre las condiciones actuales
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Danza de millones en la crisis capitalista

Por Julio Gambina*, para Crítica Digital

En este septiembre negro para las finanzas globales, son 180 mil millones de dólares lo que dispusieron siete bancos centrales del capitalismo desarrollado para intentar calmar la debacle del sistema financiero en el corazón del capitalismo central. Otros 85 mil millones de dólares fueron los destinados por la Reserva Federal estadounidense para el salvataje de la aseguradora AIG. Fueron 50 mil millones lo que le costó al Bank of America la apropiación de la devaluada Merrill Lynch, cuatro veces más cara hace un par de años.

El costo del paquete económico que elevó el gobierno Bush al parlamento para el salvataje de las entidades financieras en crisis alcanza a los 700 mil millones de dólares. Nadie puede afirmar que con esta danza millonaria el problema podrá superarse, pero nuestro propósito con esta nota apunta a poner de manifiesto que el objetivo es sostener el funcionamiento de la vanguardia de la liberalización financiera y económica de las últimas tres décadas. Esos fueron los años de instalación de la ofensiva del capital transnacional y la ideología neoliberal. Aludimos a la banca de inversión en crisis y a la arquitectura del sistema financiero mundial como emblemas del mundo, cuyas funciones contribuyeron a potenciar las asimetrías de ingreso y riquezas para consolidar un orden económico y social sustentado en la explotación.

Resulta útil concentrarnos en la consideración de los efectos posibles en el corto plazo y las opciones que habilita a pensar. El efecto inmediato es la confirmación de la desaceleración económica en EE.UU. y el tránsito hacia una recesión que se difundirá en el sistema mundial. Ya sabemos que la recesión supone desempleo y deterioro de la calidad de vida de los sectores de menores ingresos en EE.UU., motorizando nuevas rondas de concentración empresaria. Una salida posible es la reiteración del camino asumido para superar la anterior recesión del 2001, donde se combinó keynesianismo militar (estrategia contra el terrorismo) con alimento a un desenfrenado endeudamiento del Estado y los particulares, que desembocó en la burbuja inmobiliaria y la crisis de las hipotecas desde agosto de 2007.

Ahora no puede repetirse la historia del mismo modo, porque la ofensiva militarista aparece atrapada en Irak y Afganistán, con pérdida de legitimidad en el mundo y al interior de EE.UU. Tampoco se puede estimular el crédito de un sistema bancario con mora creciente. La innovación, si así puede llamarse, y ante el fracaso de que el capital privado sostenga a las entidades en crisis, es que se acude al sempiterno regreso de la intervención estatal bajo nuevas formas.

Algunos razonan sobre las similitudes del crack actual con el operado en 1929. Entonces, aprendiendo la lección, se abandonó la concepción de que todo lo resuelve la “mano invisible del mercado”, para inaugurar un nuevo tiempo histórico. Sólo como hipótesis adicionemos que los cambios que ocurren en América Latina pueden generar condiciones para regresar a un imaginario de orden alternativo al capitalismo.

*Profesor titular de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP
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Lo más triste es que todo este caos se desató porque el gobierno impuso un recorte promedio del seis por ciento en sus transferencias a las prefecturas para pagarle una modesta jubilación a los más pobres, la llamada Renta Dignidad. Y no es que las prefecturas venían sufriendo la codicia del gobierno central, sino todo lo contrario: además de contar con uno de los sistemas fiscales más federales del mundo, la estatización de los hidrocarburos que decretó el gobierno que hoy combaten había triplicado sus ingresos en menos de tres años.

El problema principal que tienen los autonomistas es la creciente popularidad de Evo Morales (...)


Como bien dice el tano Agamben, “No hay nada más nauseabundo que la procacidad con que los que han hecho del dinero la única razón de vivir agitan regularmente el fantasma de la crisis económica, y los ricos se revisten de austeridad para advertir a los pobres de que van a ser necesarios sacrificios para todos”. Hoy, el capital financiero a través de sus flujos irracionales, premia simbólicamente las “buenas señales” de los gobiernos tercermundistas amenazando con alejarse ante tal o cual política redistributiva. Visible sólo por sus efectos, omnipresente en todas las manifestaciones de la civilización, el capital flotante circula por el mundo dando vida a ciertas regiones y dejando morir en otras como un Dios invisible al que todos, o casi todos, rinden culto. Y quizás, siguiendo a Zizek, este sea el funcionamiento actual de la ideología: no el esconder una realidad objetiva y real sino el de construir una fantasía que sea el soporte de nuestra “realidad”, una illusio que estructura nuestras relaciones sociales efectivas. Se trata de una forma nueva de “mentir con el ropaje de la verdad”, cuya máxima expresión es el cinismo. Hoy todo el mundo sabe que detrás de los gurúes financieros o las calificadoras de riesgo hay intereses de poder, pero de todas maneras todos actúan como si eso no fuese ningún problema. Es decir, se reconoce el interés particular que se esconde detrás de la universalidad ideológica, pero aún así la gente encuentra motivos para conservar la máscara. Para mencionar un ejemplo concreto, todo el mundo sabe que el Grupo Clarín tiene intereses particulares que esconde bajo el discurso del “periodismo independiente” (y resulta increíble la impunidad con la cual conservan ese eslogan sin que nadie diga nada), pero aún así la gente acepta esta lógica de los intereses del poder sin denunciar nada. Como dice Sloterdijk, la fórmula que describe hoy el mecanismo por el cual funciona la ideología es: “ellos saben muy bien lo que hacen, pero aún así, lo hacen”.

leído por acá
Por Carlos Girotti para el semanario Miradas del Sur

La aguda observación que el Espacio Carta Abierta hiciera de la emergencia de la nueva derecha en la Argentina, no debería ser tomada sólo como una radiografía o una imagen estática de un fenómeno novedoso. Tampoco alcanzaría con considerarla como una acusación genérica a quienes “trazan un nuevo destino conservador para la Argentina”. Lo que hay, en verdad, es una interpelación radical a los límites del modelo democrático y a los fundamentos de la cultura política vigente desde su restauración en 1983 que, en definitiva, se han mostrado como frágiles diques de contención de la escalada destituyente. Se trata de una democracia alambrada, privatizada, que recién repara en sí misma, en sus límites y en su propia fragilidad cuando sus argumentos últimos son expropiados por quienes, combatiéndola y cuestionándola, habrán de usarlos para su exclusivo provecho sectorial.

Si nos atenemos a las intervenciones públicas de Carta Abierta, es ineludible lo paradojal de las mismas: defender la institucionalidad democrática desde la intuición que ésta –y la cultura política en la que se asienta- jerarquiza la representación en desmedro de la participación. Claro que, en términos constitucionales, el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus legítimos representantes. ¿Pero qué pasa cuando los mandatarios requieren del apoyo explícito y protagónico de los mandantes? ¿Cuánto de la representación sucumbe, en tiempos de crisis, si la participación ha venido siendo confinada a los laberintos de la retórica, ahogada en el cálculo preelectoral, sometida a una opción bianual en un cuarto oscuro y oscurecida a su vez cuando se apagan las luces de las cámaras televisivas? ¿Cuánto de la teatralización, inherente a toda representación, convence a los actores de que el público, en efecto, es un sujeto pasivo, una nada en las sombras, sin rostro ni contornos definidos, que apenas cobra vida en el aplauso o en la fría estadística de la taquilla?

La sola posibilidad de formular estos interrogantes desde adentro mismo del actual dispositivo democrático, es decir, sin renunciar a su defensa frente a la agresión pero cuestionando el alambrado de púas que lo circunda, convierte a la paradoja de Carta Abierta en una anomalía. Esta irregularidad, esta sospechosa y sugestiva intervención política escapa a lo normado y aceptado. De repente, una parte del público se pone de pie, irrumpe en la escena y es otro actor, un actor inesperado que redefine el libreto, que extiende el proscenio más allá de las habituales penumbras.

En cierto sentido no es ésta una anomalía única. Lo anómalo ahora está en el antiguo patio trasero imperial, ese otro teatro planificado por el Consenso de Washington y construido a sangre y fuego por el terrorismo de Estado. Allí aparecieron nuevos actores y nuevas obras que interpelan al espacio en el que se han constituido como lo nuevo e irreverente mientras, por doquier, todo y todos se afirman en el rumbo contrario, esto es, en un rumbo de colisión.

Suponer entonces que es posible sostener lo incipiente y germinal de esta hora latinoamericana con el fraseo balbuceante de una democracia amordazada equivale, de hecho, a tender un hilo más en el cerco perimetral. Desde luego que tampoco sirve el clisé “hay que profundizar la democracia” que, usado a guisa de antídoto contra las tentaciones superestructuralistas, se complementa mágicamente con la mera enunciación de la “democracia participativa” como objetivo plausible. Aquí hay una disputa cultural que compromete a la política y en ésta, como instrumento de cambio y como realización de futuro, al futuro mismo. Pero, para acometer esa disputa, es imprescindible un examen profundo de la actual matriz democrática y de los porqué de la indiferencia que campea (perdón por la palabra) en buena parte de la ciudadanía. Si las presiones nacidas en y al calor de la crisis hicieran derivar al Estado y a la sociedad hacia la derecha; si primara en estas horas la mezquina convicción de que todo se puede arreglar con un arreglo bien entendido, con señas y mohines, la batalla cultural estará irremisiblemente perdida. Si, por el contrario, cobrara encarnadura, peso y volumen la conciencia de que lo anómalo es el camino; si de esta imperfección latinoamericana y argentina reconstruyéramos nuestra identidad de lucha bicentenaria, entonces estaríamos en curso hacia un rumbo emancipatorio.

¿Hay otras claves, acaso, para entender a la democracia como sinónimo de justicia social, o habrá que aceptar que todo es puro espejismo, ficción e impostura y que la memoria histórica de nuestro pueblo ha sido definitivamente anestesiada? Cuidado, porque quienes se inclinen por esta última opción carecerán del lenguaje necesario para ponerle palabras al conflicto, a la tensión irremediable entre la representación y la participación. Y de esto, como es sabido, no hay retorno, sólo pura conspiración.
(...) Creo que en la discusión del clientelismo se habla mucho en términos republicanos y no se termina de entender de qué se trata. La solución no es suprimir el clientelismo, sino que se haga más público y transparente. Si lo elimináramos, ¿con qué lo remplazaríamos? Pensar en diferenciar entre prácticas reales e ideales lleva al fracaso seguro, y sería una solución formalista. La verdad es que la gente vota por intereses y en todo caso, el clientelismo debería ser más competitivo y más público. Es decir, que se sepa que el político que ganó una elección, lo hizo porque pavimentó una calle o repartió chapas en un barrio y que se diga cuánto se gastó en eso.

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(si esto es lo que nos espera, mamita...)
Cada tanto (no sé, un par de veces al mes, al día: cada tanto) la industria del electrodoméstico se toma el trabajo de colocarnos frente a ese síndrome tan desesperadamente argentino: y yo ¿la tengo grande? Heladeras como placares. Lavarropas como heladeras. Y, últimamente con cierta desbocada ferocidad, los televisores, que ya no se llaman televisores: se llaman plasmas. Plas-mas. Nuevos nombres para viejas cosas. Viejas cosas que van perdiendo su lugar en la historia, su razón de ser y su nombre.
En el Frávega de Florida y Sarmiento, ocupando un ventanal completo, guaranga y bestial, hay una tele. Ciento tres pulgadas de pantalla plana histeriqueándole al mundo que pasa y cogotea.
No es una tele: es un muro. No es un muro: es un mural. Un mural en movimiento con, generalmente, un partido de fútbol jugándose allí dentro, aunque a veces también hay una carrera de Fórmula Uno. Si te toca el partido, vas a ver los blancos quemados de un césped no del todo bien cuidado. Si te tocan las carreras, cuidado con los McLaren que te pasan por encima.
En las juntas del vidrio donde encastra la transparencia de la pared, un faja adhesiva negra te recomienda: pensá en grande, pensá en plasma. Es un chiste cruel. A nadie de los que diariamente componen esa escena le importan los plasmas, ni siquiera a los tipos que los venden, ni siquiera a los tipos que los fabrican. Lo único importante allí es el alarde huevón de algo que se define por su tamaño: el de la pantalla, que se transforma en una interpelación directa al resto de los tamaños que te acompañan: el de tu billetera, el de tu tarjeta de crédito y todos los demás. Le pregunto al vendedor cuánto son 103 pulgadas.
–Muchas.
Dos metros con sesenta y un centímetros.
El ancho de la pantalla es de, va de vuelta, dos metros con sesenta y un centímetros. No entra en un Fiat Duna. No entra en casi ningún ascensor respetable de la ciudad de Buenos Aires. Tampoco está hecha para andar por ahí. ¿Y para qué está hecha? La obscenidad argentina cuenta con un maravilloso instinto de supervivencia. Después de las ocho y media, los vendedores bajan la persiana metálica y ella queda del todo protegida, porque la noche es áspera para su majestad, y cuando los carros de los cartoneros s e amucha n en la esquina de enf rente, en diagonal al McDonald’s, y todo se llena de bolsas negras con restos de papas fritas y de mujeres hinchadas de arroz y pulenta y de señores con remeras que obtuvieron en el acto aquél del candidato aquél y de nenes en pata, ella teme. A la mañana siguiente, con la luz del día, cuando vuelven a pasar por delante las trabajadoras y los trabajadores de cuello blanco, la dama pela. Y otra jornada transcurre en la esquina del resplandor intocable, frente a ese altar de la desproporción. Es posible que la pregunta que le sigue a cuánto son 103 pulgadas sea cuánto cuesta llevarse esas 103 pulgadas a casa. Cualquiera sea el precio de esa monstruosidad es un precio irreal, porque es irreal lo que está a la venta, en el caso en que de verdad haya algo en esa vidriera que esté a la venta. Hay, parece haber, antes que la posibilidad de una operación de compra, la estrechez del lujo al pedo, la grasa de las capitales. Dos metros con sesenta y un centímetros. Una divina total.

(gracias a Creando Futuro)
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Si la presidenta de la Nación logra reciclar su inteligencia, desprendiéndola de la sujeción simbiótica al masculino que se le impone, reestructurará su política de alianzas y adversarios. De lo contrario, habremos perdido otra gran oportunidad como Nación y sociedad.
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“Sin ellos no somos nada. Vida y muerte de los medios masivos”

El Departamento de Comunicación y la Escuela de Comunicación Social de la UNR invitan al debate “Sin ellos no somos nada. Vida y muerte de los medios masivos”, el martes 12 de agosto a las 19 horas en el CEC, Sargento Cabral y el río.

Participarán el Dr. Eliseo Verón, de la Universidad de San Andrés, Argentina; el Dr. Carlos Scolari de la Universidad de Vic, España; el Dr. José Luis Fernández de la UBA, Argentina; el Dr. Mario Carlón de la UBA, Argentina y la Dra. Sandra Valdettaro de la UNR, Argentina.

Más información:

Teléfonos: 4802245/940/

latrama@fcpolit.unr.edu.ar

contacto@cecrosario.gov.ar

www.cecrosario.gov.ar

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El Código Chávez
Por Atilio A. Boron, para Página/12

Por Luis Hernández Navarro, para La Jornada de México

Este año las naciones más pobres pagarán 65 por ciento más por la importación de cereales.

El precio de las verduras también ha sufrido fuertes incrementos, pese a que ha aumentado la producción de algunos productos.

Comenzó en México como la guerra de la tortilla en enero de 2007. Se siguió a Italia como la huelga del espagueti nueve meses más tarde. Después se convirtió en alud imparable. Las protestas contra el alza en el precio de los alimentos se sucedieron en Haití, Mauritania, Yemen, Filipinas, Egipto, Bangladesh, Indonesia, Marruecos, Guinea, Mozambique, Senegal, Camerún y Burkina Faso.

En el mundo de hoy hay más hambre de la que había. La desesperación y la rabia ante el hecho de no tener un bocado que llevarse a la boca han provocado saqueos y robo de cereales en campos, bodegas y tiendas; también caos, pillaje e incendios. Muchos gobiernos han respondido con detenciones arbitrarias, asesinatos y torturas. En Pakistán y Tailandia los ejércitos patrullan las calles.

En Haití, las manifestaciones dejaron saldo de varios muertos y decenas de heridos. Para paliar el descontento, el haitiano René Preval anunció un programa de subvención para la producción local de arroz, leche y huevos.

En Marruecos, ciudadanos furiosos han formado los tansikiyate para luchar contra el alza de precios de productos de primera necesidad. El pan subió de golpe 25 por ciento en septiembre de 2007, y se produjeron graves incidentes en la ciudad de Sefrú.

En Egipto, el descontento actual remite a épocas pasadas. El clérigo Sheik Yusef al Bradi, de la Universidad de Al Azar, recordó las similitudes con la famosa “revuelta del pan” en 1977, cuando el gobierno intentó recortar las subvenciones a los alimentos y se produjeron grandes disturbios. Por lo menos tres personas murieron en el delta del Nilo.

En febrero de 2008 se suscitaron graves conflictos en Camerún. La policía reprimió salvajemente a los inconformes. El presidente Paul Biya, quien gobierna desde 1982, reconoció 40 muertos; los inconformes afirman que fueron más de 100.

Se trata de un hecho global. Usualmente la escasez generalizada de alimentos se ha producido en países y regiones localizadas, ante desastres naturales, plagas o guerras. Pero ahora sucede de manera simultánea en multitud de naciones y varios continentes.

El aumento –por ejemplo– a los precios del trigo tiene impacto real, pero limitado, para los consumidores europeos. En el viejo continente el pan supone apenas 1.8 por ciento del costo de la canasta básica. Pero en países con poblaciones pobres, como India, China y Egipto, que han hecho grandes esfuerzos por combatir la desnutrición, ha tenido efectos severos.

La situación es dramática. Cada cinco segundos se produce en el mundo una muerte de un menor de 10 años por hambre, y la situación va a agravarse. Hay cerca de 850 millones de seres humanos que no tienen que comer. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que, a partir de la actual crisis, hay 100 millones de personas hambrientas más. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en 37 países se ha desatado una crisis alimentaria. En 2008, los naciones más pobres pagarán 65 por ciento más por sus importaciones de cereales; en algunos países africanos el incremento será de 74 por ciento.

Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a los alimentos, sostiene que es como si detrás de cada víctima por la hambruna hubiese un asesinato. “Esto es un asesinato en masa silencioso.”

La ley de San Garabato (vender caro, comprar barato)

La producción de alimentos se ha modificado notablemente en el último año y medio. Las piezas del sistema agroalimentario mundial se han trastocado. Hasta ahora la agricultura se había caracterizado por una caída sostenida en los precios reales, acompañada por incrementos temporales en los precios de algunos productos, cultivos excedentes, agresivas políticas de apoyo a los precios y protección comercial. Esta disminución en los precios ocurrió a pesar del aumento en los costos de fertilizantes y energéticos.

Esa tendencia cambió ya radicalmente. El nivel de reservas de granos y oleaginosas, de acuerdo con los estándares históricos, se ha reducido dramáticamente. Sus precios se han incrementado hasta llegar a las nubes.

Hoy, el arroz cuesta en Asia tres veces más de lo que valía hace apenas tres meses. En la bolsa de Chicago el precio de un bushel (25.401 kilogramos) de maíz alcanzó 6.37 dólares, precio nunca antes visto. El trigo elevó su valor 130 por ciento en un año.

Esta escalada inflacionaria abarca muchos otros productos agropecuarios. En México el litro de aceite subió de 6.73 pesos en enero de 2006 a 36.50 en abril de 2008, mientras el pan de caja pasó de 13.21 pesos en enero de 2006 a 24 en abril de este año. En casi todo el mundo han aumentado lácteos, carnes, huevo, vegetales y frutas.

Irónicamente, durante 2007 la producción mundial de granos aumentó 4 por ciento en relación con 2006. La cosecha fue de 2 mil 300 millones de toneladas. Esto es un volumen tres veces mayor al obtenido en 1961. Sin embargo, durante ese mismo lapso la población humana se duplicó.

El problema del hambre en el mundo no es, entonces, falta de comida, sino que millones de seres humanos no pueden comprarla. En contra de lo que señalan las leyes del mercado, que dicen que si la producción aumenta los precios bajan, el costo de los alimentos ha subido.

Parte de la adversidad proviene de la creciente concentración monopólica de la industria agroalimentaria mundial. El hambre de muchos es la bonanza de pocos. En momentos de adversidad como la actual, un puñado de empresas han visto crecer sus ganancias de manera desorbitada.

Es el caso de las compañías dedicadas a la fabricación de fertilizantes. Durante 2007, Potato Corp incrementó sus beneficios 72 por ciento respecto de 2006. Yara tuvo 44 por ciento más utilidades. Las ganancias de Sinochem crecieron 95 por ciento, y las de Mosaic 141 por ciento.

También las grandes comercializadoras de granos. Durante los tres primeros meses de 2008, Cargill obtuvo beneficios 86 por ciento mayores que durante el mismo periodo del año anterior. En 2007, ADM tuvo ganacias 67 por ciento superiores a las de 2006; Conagra, 30 por ciento; Bunge, 49 por ciento, y Noble Group, 92 por ciento.

Igual suerte tienen las multinacionales procesadoras de alimentos, como Nestlé y Unilever, y las firmas dedicadas a producir semillas y agroquímicos, como Dupont, Monsanto y Sygenta. (Véase, “El negocio de matar de hambre”, Grain, abril de 2008).

Los granos de la mazorca

¿Por qué, entonces, si el volumen de la cosecha de granos en 2007 logró récord mundial, los precios de los alimentos se han elevado?

Básicamente, por la confluencia de cinco factores en el marco de la crisis general de un modelo de producción agropecuario. Éstos son: utilización de granos básicos para elaborar agrocombustibles; incremento en el precio de los insumos; efectos del calentamiento global en la agricultura; cambios en el patrón de consumo alimentario, y la especulación en la bolsa de valores. Todo ellos como parte de la crisis del modelo de la agricultura industrial en grandes predios, altamente dependiente del petróleo, basada en la lógica de las ventajas comparativas y el libre comercio, dominante hoy día.

En sincronía con el aumento del precio del petróleo en el mundo, se ha intensificado la elaboración de agrocombustibles. Más que por el impulso del mercado, su fabricación ha crecido por el apoyo de cuantiosos subsidios y políticas públicas destinadas a su fomento. La Unión Europea acordó como obligación para 2010 que 5.75 por ciento del transporte se base en bioetanol y biodiesel. En Estados Unidos, la legislación prevé que en 2012 se usarán 27 mil millones de litros de agrocombustibles. George W. Bush propuso como meta elaborar 133 millones de litros en 2017. Para ello se ha establecido un ambicioso programa de incentivos económicos a los productores.

El crecimiento de la demanda mundial de agrocombustibles ha reducido la producción de granos, reconvertido los cultivos en amplias superficies agrícolas y disparado los precios. La población mundial consume directamente menos de la mitad de los granos que se cosechan. El resto sirve para alimentar vacas y vehículos motorizados.

El incremento en el precio del petróleo ha subido los costos de producción agrícola. El modelo preponderante es adicto al oro negro. No puede sembrar sin él. Los fertilizantes y parte de los agroquímicos utilizados en las cosechas son hechos con petróleo. La maquinaria y los vehículos para sembrar, cosechar, procesar, almacenar y transportar necesitan combustibles y aceites provenientes de refinados del petróleo. Parte de la energía eléctrica requerida para extraer agua y regar los sembradíos se genera con derivados del petróleo. Los plásticos que cubren invernaderos y las mangueras para regar los campos son fabricados con materias primas provenientes del petróleo. Los materiales para envasar y el trasporte hacia los mercados requieren derivados del petróleo. Y todos ellos cuestan más ahora. Plásticos como el polipropileno valen hasta 70 por ciento más que en 2003.

El modelo agrícola industrial preponderante es parcialmente causante del cambio climático. Ahora, esa transformación ha dislocado la agricultura mundial. La tradicional incertidumbre del sector es mucho mayor. El uso excesivo de fertilizantes, la degradación de suelos, la reconversión de terrenos antes forestales y la ganadería han convertido la agricultura en uno de los mayores productores de gases de efecto invernadero. Según el informe Stern, la suma de producción agrícola, cambio de uso del suelo, producción y comercialización de insumos y fabricación de equipos e implementos agropecuarios, son responsables de 41 por ciento del total de gas carbónico que se emite en el mundo.

El clima ha enloquecido y arrastrado la vida rural. La sequía en Australia devastó las siembras de trigo, y las exportaciones cayeron más de 20 por ciento. Canadá, segundo productor mundial después de Estados Unidos, va a tener la producción más pequeña en cinco años. En Kansas se sufrieron nevadas. En China, el calentamiento global acortará el periodo de crecimiento de los cereales y las semillas no tendrán tiempo de madurar. Además, las recientes inundaciones destruyeron 5.5 millones de hectáreas de trigo y colza. Sequías y lluvias amenazan con derrumbar las cosechas por doquier.

El crecimiento económico en países como India y China ha modificado la pauta de consumo alimentario de millones de personas. Hoy comen más, mejor y otro tipo de productos. Por ejemplo, el consumo de carne de vacuno ha aumentado. Pero para producir un kilo de carne de res en pie se necesitan ocho kilos de cereales. Un kilo de carne comestible requiere el doble de cereales. Así, detrás de los millones de hamburguesas que se consumen en el mundo hay más y más sembradíos de granos y oleaginosas para engordar vacas.

El mercado agrícola ha entrado en la órbita financiera. La comida forma parte del casino de la especulación financiera. Ante la crisis de las hipotecas, la debilidad del dólar y la recesión en Estados Unidos, los fondos de inversión se han trasladado al lucrativo negocio del hambre. La comida se ha convertido –mucho más de lo que ya era– en bien para especular. Durante 2007, dichos fondos invirtieron 175 mil millones de dólares en el mercado de futuros (contratos que obligan a comprar o vender una mercancía a un precio y un plazo determinados). Actualmente dominan 40 por ciento de los contratos en la bolsa de valores de Chicago, proporción sin precedente. La compra de soya en ese terreno pasó de 10 millones de toneladas en marzo de 2007 a 21 millones el mismo mes de este año.

Un modelo en crisis

La producción de alimentos es un arma clave y poderosa que Estados Unidos ha aceitado desde hace décadas. Guerra, alimentos y derechos de propiedad intelectual están estrechamente vinculados con la estrategia económica de la Casa Blanca desde los años 70. Desarrollo de la industria militar, producción masiva de granos y patentes han sido pilares de la hegemonía estadunidense en la economía mundial.

La comida es un instrumento de presión imperial. John Block, secretario de Agricultura entre 1981 y 1985, afirmó: “El esfuerzo de algunos países en vías de desarrollo por volverse autosuficientes en la producción de alimentos debe ser un recuerdo de épocas pasadas. Éstos podrían ahorrar dinero importando alimentos de Estados Unidos”.

Los productos agrícolas made in USA son una de las principales mercancías de exportación de ese país. Con su mercado interno saturado está empujando, agresivamente, para abrir las fronteras a sus alimentos. Una de cada tres hectáreas se destina a cultivar productos agropecuarios para exportación. Una cuarta parte del comercio rural la realiza con otros países. Si hasta antes de 1973 los ingresos por las ventas de este sector al exterior fluctuaban alrededor de 10 mil millones de dólares cada año, a partir de entonces aumentan en un promedio anual de 60 mil millones. El éxito se basó, en mucho, en la combinación de apoyos gubernamentales a la producción y al producto, para derrumbar los precios por debajo de los costos de producción, así como en abundantes subsidios a la exportación.

El presidente George W. Bush lo ratificó al firmar la Ley de Seguridad para las Granjas e Inversión Rural de 2002. “Los estadunidenses –dijo– no pueden comer todo lo que los agricultores y rancheros del país producen. Por ello tiene sentido exportar más alimentos. Hoy, 25 por ciento de los ingresos agrícolas estadunidenses provienen de exportaciones, lo cual significa que el acceso a los mercados exteriores es crucial para la sobrevivencia de nuestros agricultores y rancheros. Permítanme ponerlo tan sencillo como puedo: nosotros queremos vender nuestro ganado, maíz y frijoles a la gente en el mundo que necesita comer.”

Sistemáticamente, los organismos financieros multilaterales han promovido la destrucción de la producción agrícola local y la importación de alimentos de las naciones más pobres. El 70 por ciento de los países en desarrollo son ahora importadores netos de alimentos. Sus habitantes viven el asesinato silencioso en masa de esta guerra no declarada.

Aunque los springbreakers del libre comercio, como Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, insisten en que para superar la crisis hay que hacer más de lo mismo, esto es, liberalizar los mercados, desregular la economía, desarrollar nueva tecnología y dar ayuda alimentaria, el modelo de agricultura industrial y ventajas comparativas comienza a cuartearse. Los estados se han decidido a intervenir en la economía.

Según Economist Intelligence Unit (La Jornada, 29/4/08), “de 58 países cuyas reacciones son seguidas por el Banco Mundial, 48 han impuesto controles, subsidios al consumidor, restricciones a la exportación o aranceles inferiores”. Malawi ha desafiado con éxito el Consenso de Washington y se ha convertido en exportador de granos.

A finales de febrero el presidente Evo Morales aprobó un decreto que prohíbe temporalmente la exportación de varios alimentos, como carne de res y arroz, debido a la escasez en el mercado. La medida también afecta al trigo, el maíz, el azúcar y los aceites comestibles, que Bolivia exportaba a naciones vecinas, cuya carestía en el mercado local disparó los precios. Según el mandatario boliviano, “en la vivencia familiar, cuando sobran nuestros productos, tenemos todo el derecho a vender y exportar; si faltan, estamos en la obligación de garantizar la alimentación familiar”.

Quince países latinoamericanos acordaron en la Cumbre sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria declarar la emergencia. Nicolás Maduro, canciller venezolano, propuso crear un “fondo agrícola-petrolero” y un banco latinoamericano de productos agropecuarios. Los gobiernos centroamericanos están desembolsando dinero en efectivo, dando fertilizantes y semillas mejoradas, comprando granos a los campesinos para evitar que los altos precios terminen hundiendo en la miseria a millones de personas.

India ha prohibido que arroz, trigo, garbanzos, papas, caucho y aceite de soya coticen en el mercado de futuros. Rusia ha congelado precios de leche, huevos, aceite y pan. El gobierno chileno entregará un bono equivalente a unos 45.5 dólares a un millón 400 mil familias pobres. Indonesia ha triplicado sus subsidios a los alimentos.

La superficie agrícola llegó, en lo esencial, a su límite. El modelo de revolución verde de los 60 ha alcanzado un tope. Entre los 70 y 90, los rendimientos agrícolas crecieron a un ritmo de 2.2 por ciento al año. Sin embargo, ahora aumentan a una tasa de uno por ciento anual. No hay tierra agrícola suficiente para producir simultáneamente granos para la alimentación humana y para “dar de comer” a los automóviles. Es falso que transgénicos vayan a resolver esa crisis; por el contrario, la agravarán.

Para los pobres del mundo, las noticias no son buenas. El futuro inmediato será de penuria alimentaria y altos precios. No hay perspectiva de comida barata.

El asesinato silencioso en masa que viven hoy las naciones no desarrolladas y sus pueblos debe ser detenido. Ello sólo será posible cambiando drásticamente el actual sistema agroalimentario. La solución al problema está en manos de 450 millones de campesinos minifundistas, a los que, por todos los medios, se ha tratado de expulsar de sus parcelas. Tres cuartas partes de los pobres del mundo sobreviven de la agricultura, y 95 por ciento de los campesinos habitan en países pobres. Es a ellos a quienes debe apoyarse.

También deben impulsarse políticas públicas que defiendan la soberanía alimentaria de las naciones. Cuando sea necesario, los gobiernos deben tener el derecho a cerrar sus fronteras para defender su producción interna, a apoyar a sus productores con los estímulos que consideren convenientes. Hoy, más que nunca, la agricultura debe estar fuera de la Organización Mundial del Comercio.

Como lo saben quienes han vivido guerras, la mayor debilidad de una nación es depender de otras para alimentar a sus ciudadanos. La comida más cara es la que no se tiene.

Clase 4. De cómo inventar noticias.

Inventar en el aire, en tiempos de Internet y tantos medios, es complicado, casi imposible diría. Hay que reconocerlo: crear noticias exige un entrenamiento diferente al de otros tiempos. Antes alcanzaba con decir que habíamos hundido un par de barcos allá en las islas, y ningún soldado iba a mandar un mensajito diciendo que no, que no estábamos ganando. Pero la construcción de la realidad no se ha abandonado. Sólo que ahora exige una dinámica diferente: como todo crimen perfecto, necesitamos una coartada, elementos materiales que nos prueben que algo allí pudo haber ocurrido.

A modo de ejemplo:

Necesitamos, primero, ubicar espacio-temporalmente a nuestra víctima:

MOSCU.- El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, inició esta mañana una visita estratégica a Rusia, en la que planea consolidar su poderío bélico en la región a partir de la compra de armas, y la cual forma parte de una gira europea que lo mantendrá alejado de su país por algunos días.

La Nación.

Bien, la víctima está en el lugar. El primer elemento de veracidad está solucionado. Alejándonos de este ejemplo práctico, traslademos esta situación a una técnica más sutil: la publicación de rumores como noticias chequeadas. Por ejemplo: si queremos inventar que el funcionario X se tomó a golpes de puño con Z tras una discusión sobre Y debemos aportar a la información los siguientes datos:

  • una prueba material de la presencia de ambos en el mismo ámbito -Ej: el auto de X estacionado afuera del ministerio donde trabaja Z;
  • dos declaraciones contradictorias de X y Z acerca de Y;
  • un testigo “que no quiso revelar su identidad”

El tercer punto, apelando a la integridad del testigo, puede ser absolutamente inventado. La apelación a la libertad de prensa y la conservación de las fuentes es una clave fundamental en el ocultamiento de los testigos. También es beneficioso hablar de “lo que se rumorea en los pasillos”, ya que los pasillos, sabemos, jamás nos interpelarán acerca de nuestros dichos. Nadie es los pasillos.

Sigamos con el ejemplo. Una vez tenemos a Chávez en Rusia hagamos volar la imaginación, mas no libremente. La imaginación de un periodista no debe fluir por los andes del orbe: debe navegar en los mares del estereotipo. Para eso habría que hacer una lista de los estereotipos clásicos por país, que aquí sólo mencionaremos brevemente algunos a modo de ejemplo:

- Cuba: instalación del comunismo en América Latina;

- Francia: intercambio cultural;

- África (cualquiera sea el país): lucha contra la pobreza;

- Japón: tecnología,

- Etc.

Una vez tengamos a Chávez en Rusia, aprovechemos un dato de la realidad para crear otro más grandilocuente. Pongamos, entonces, que el Presidente de Venezuela, en ejercicio de sus facultades constitucionales, negocia una compra de armas. Como tal, la noticia no conmueve ni vende. Aquí podremos apelar a un gran recurso: la exageración. Si desconocemos el monto de compra, imaginemos un número que “la opinión pública” considerará indignante: multiplíquelo por dos y arrójelo impunemente a su hoja de papel apelando a cualquiera de los recursos antes mencionados (fuentes anónimas, pasillos, corresponsales, comunicados de prensa, etc)

Chávez en Rusia: Suma US$ 5.000 millones en compra de armas

Mientras el mundo se une para pedir paz en Colombia, Chávez en Venezuela sigue adelante con la compra de armas. Esta parece ser la crítica del momento a Hugo Chávez, que se encuentra de visita en Rusia, como parte de una gira por Europa. El venezolano suscribió una alianza entre PDVSA con tres petroleras rusas para explorar 640 km2 de la faja de Orinoco y la compra de tres submarinos y 20 sistemas de defensa antiaérea por US$ 1.000 millones. Venezuela ya ha gastado US$ 4.000 millones en armas rusas en los últimos años.

Urgente24.com


Podríamos decir que la noticia ya está. La comparación con Colombia es la frutillita del postre: el hombre pacífico que rescata a la líder política sin tirar un solo tiro (solamente ensuciando el nombre de la Cruz Roja de aquí a la eternidad, dicho sea de paso) frente al mandatario loco desestabilizador que sale a comprar armas mientras el mundo pide paz.

Pero noten esta perlita: “Esta parece ser la crítica del momento a Hugo Chávez”. Nosotros no criticamos: expresamos las críticas que vuelan por el aire del humor social. Noten la falta de sujeto en la oración. También podríamos titular así: “Ahora dicen que Chávez compra demasiadas armas”. Lo importante es que nosotros no lo decimos. Porque somos parte de un medio de comunicación, y como tal somos objetivos, neutrales, apolíticos y carecemos de ideología. Somos, bien deben saberlo, un reflejo de la realidad: contamos lo que pasa en la vida social, no lo construimos. Nuestro discurso es neutro porque, en tanto que medios de comunicación, no respondemos a intereses: los intereses, horrenda palabra, dejémosla para la chanchada de la clase política. Nosotros nos movemos por honestidad, no nos manda nadie a cubrir las notas, lo hacemos porque “la gente” quiere saber. Y ahí estamos nosotros, intermediarios únicos y exclusivos del único proceso de comunicación democrático: la relación periodista-opinión pública. Todo lo demás: puro verso, el político de turno tratando de convencer a la estúpida audiencia. Menos mal que existimos.

Ahora, démosle el toque dramático para terminar una noticia como se debe. Aprovechar el material, trabajar con lo que se tiene: un presidente verborrágico para un periodista es ir a hacer un asado con las brasas hechas y la carne puesta en la parrilla. Hay que darla vuelta y listo. El silogismo es tan falaz como sencillamente construido:

Premisa A:

La Fuerza Aérea rusa estudia trasladar bombarderos de largo alcance a Cuba en respuesta al sistema de defensa antimisiles que Estados Unidos planea instalar en Europa central.

Premisa B:

Chávez dijo que Venezuela se encontraba tan bien posicionada como Cuba.

Conclusión (título de la nota):

Chávez ofrece a Rusia erigir bases militares en Venezuela

Noticias24


Un último consejo para inventar una noticia. La cantidad de medios y noticias circulantes por el mundo no permiten una sana y pausada reflexión sobre todo lo que ocurre. El lector necesita la noticia preparada, cocinada y en lo posible ya masticada. Hay un recurso que no puedo dejar de mostrarles: es imperativo comparar los sucesos actuales con cualquier evento del pasado. Cuando una persona lee una noticia quiere entenderla al segundo, saber sobre qué le están hablando. Voy a ser más gráfico si continúo con el ejemplo:

“Posiblemente crea en la posibilidad de recrear la atmósfera de la guerra fría y rebobinar la película en cincuenta años”

Venezuelanoticia.com

¿Anhela el Presidente un desenlace de tensiones, al más puro estilo de la crisis de los misiles cubanos“?

Noticias24

La idea es nombrar un hecho al que el mundo entero asocie a un juicio de valor. Cualquier pacto dentro de un país es el Pacto de la Moncloa; todos los embates contra la libertad de prensa son totalitarismos encubiertos; cualquier intento del Estado por cooptar mayor cantidad de renta del sector agropecuario es estalinismo puro (ver caso argentino de cobertura de conflicto agrario: capítulo 1. De cómo convertir a la Sociedad Rural en kulaks expropiados por Stalin). Aquí, en el ejemplo de Chávez, está más que claro: la –falsa –instalación de las bases rusas es, a 50 años del suceso, el mismo suceso repetido. La Historia, para nosotros los escribas de su borrador, es circular. Quien ha visto una serie de sucesos históricos, en realidad, los ha visto todos. Asociar bases militares, Rusia, Cuba, crisis de los misiles y lograr el resultado: tensión. Chávez, entonces, aumenta la tensión. Y los resultados, a la vista:

Es lógico, su fin es la guerra y dominar Latinoamérica;

En un artículo se menciona que Chavez comprará 30 mil millones en armamento a Rusia, y se supone que ese gobierno no se caracteriza por ser muy transparente mmmmmmm

Comentarios de La Nación.


Miente, miente que algo quedará, es la máxima que nos guía. Nuestro objetivo: ese “mmmmmmmmm” del comentarista. Lo importante es crear la desconfianza, no importa sobre qué, no importa si luego debemos desmentir. El daño está creado. Y una pequeña nota falsa al costado de un gran diario, es mucho más eficiente para influenciar que tres o cuatro sesudas desmentidas en medios marginales:

Las Bases Rusas

Hugo Chávez desmiente el monto de la compra de armas

Miente…que algo queda. Martín Guédez.

Próximamente, más clases de periodismo berreta.


(este pibe es un zarpado...)

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El fin de un mito

Por Luis Alberto Quevedo *, para Página/12

Y finalmente se nos cayó un mito: el mito largamente alimentado sobre las conferencias de prensa de los Kirchner como un momento epifánico de la verdad, donde se revelarán y donde cambiará la calidad de las instituciones en la República Argentina. Pues no, nada de eso ocurrió. Creo que más bien la Presidenta se salió con la suya: ante el protagonismo de la apertura de la Rural, con los discursos de Miguens y el grito de guerra de Alfredo incluido, Cristina decidió competir en la tapa de todos los diarios del domingo poniendo en primer plano un hecho que nunca había ocurrido durante la gestión de su marido y de la suya propia: hablar con los periodistas (nacionales e internacionales) con una agenda abierta. Eso sí, sin repreguntas y durante una hora y media. ¿Y qué pasó allí?: nada. Ni siquiera hubo una pregunta sobre lo que había ocurrido durante la mañana en la Rural. Sólo se cayó el mito de que es en el ámbito de las conferencias de prensa donde ocurren los grandes anuncios, los debates postergados y donde los hombres del poder se ven forzados a decir sus verdades. Personalmente, nunca lo he creído así, sinceramente... Ni hoy ni durante todos los años pasados en que varios presidentes no dieron conferencias de prensa el problema político o comunicacional estuvo allí. Claro, ¡está bien que se haga una conferencia!, por supuesto. Pero a veces (como ayer) sólo sirve para mostrar los pies de barro de esta creencia periodística.

Cristina es una gran oradora de atril más que de tribuna o barricada. Y por eso allí, con esos dos micrófonos convergentes sobre su rostro, con un vaso de agua servido de manera insistente y mirando a todos casi con sorna (¿vieron?, aquí estoy....) se sintió cómoda, sonriente, se permitió algunos chistes (para dejar también alguna nota de color) y se la vio muy distendida. A esto le agrega algo que a algunos nos pone muy nerviosos: no lee ni le pregunta nada a nadie (como lo hace Chávez en sus charlas, por ejemplo) y maneja con mucha certeza cifras de la economía, datos históricos, resoluciones de organismos internacionales, reuniones que mantuvo hace algunos años y recuerda con mucha precisión todos los nombres de funcionarios, políticos, líderes internacionales y ciudades donde ocurrieron estas cosas. Una destreza que pocos tienen. Y durante esa hora y cuarenta minutos habló sobre muchas cosas: Moreno y el Indec, el tren bala, la ley de radiodifusión, las retenciones y la Resolución 125, la relación con Brasil, más sobre Moreno y el Indec, los cortes de rutas, el crimen de Cardales, las elecciones americanas y la personalidad de Obama, la renuncia de sus funcionarios, los rumores sobre su propia renuncia, la inversión extranjera, el valor del dólar, la 4ta flota de los EE.UU., Cobos, otra vez sobre Cobos, otra vez sobre Moreno y el Indec y todo para no decir nada concreto, ni anunciar nada puntual, ni revelar alguna historia jugosa que hasta hoy desconocíamos. Por supuesto, lo que sí hizo (y nos tiene acostumbrados) fue retar a los medios (¡...cómo le gusta retar a los medios!), descalificó algunas encuestas y relativizó los costos que ha pagado su gobierno por las decisiones tomadas en estos meses.

Creo sin embargo que sí hubo un tema que articuló su discurso –al que recurrió varias veces– y que para ella es estratégico: su política de mejoramiento de la calidad institucional en la Argentina. Ya lo había hecho durante la campaña del 2007 y en el inicio de su gobierno, y pese a las críticas que recibe del arco opositor y de muchos medios, lo cierto es que es un tema que surge de sus palabras con mucha fuerza, verdad y logra tornarlo verosímil. Son esos momentos (los pocos momentos) en que su cuerpo y la inflexión de su voz adquieren mayor compromiso con su palabra. Está convencida de que allí está haciendo algo importante, y lo cree firmemente. Por eso se torna más humana y logra desdibujar algo de su retórica impostada.

Yo me quedo con la Cristina de los otros atriles, la del Salón Blanco de la Casa de Gobierno, o esos momentos donde se despliega una palabra inesperada, en las entregas de diplomas o la asignación de viviendas, allí donde Cristina suele ser mucho más sustanciosa en sus apreciaciones sobre política nacional, las relaciones internacionales o redistribución de la riqueza. En un momento en que la conferencia declinaba (ya a los 35 minutos declinaba...) le dijo a un periodista: “...si te parece, la levantamos inmediatamente y acá no ha pasado nada”. Y creo que así fue, la conferencia transcurrió, se levantó y nada nuevo ha pasado. Sólo se desmontó un mito: el que sugiere que la verdad sobre un gobierno aparece en algún espacio privilegiado. En el fondo, todos los momentos de la comunicación política pueden ser tan anodinos como sustanciosos: el problema entonces sigue siendo la política, no el formato de la comunicación.

* Sociólogo, investigador de Flacso y UBA.

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Atentos a los objetivos y fundamentos que dio origen al nacimiento del Espacio Carta Abierta, un espacio nacido ante la necesidad de unirnos para preservar las instituciones, fortalecer el Estado democrático y su funcionamiento en un ámbito republicano ante las embestidas de fuerzas desestabilizadoras. Fuerzas que todos sabemos se movilizaron de varias maneras, pero fundamentalmente alrededor de las mentadas "retenciones" con el rol estratégico y decisivo jugado en su apoyo por los medios de comunicación.

Estos mismos medios actuaron tendenciosamente para condicionar a la opinión pública con el fin de obtener su apoyo a los fuertes intereses que comparten y/o les compete. Las corporaciones oligopólicas reaccionarán ante la propuesta oficial de llevar al Congreso Nacional el nuevo Proyecto de Ley de Radiodifusión. Proyecto que pondrá en cuestión e interpelará su desmedida acción monopólica.

De aquí se desprende el panorama que tendremos que enfrentar en un futuro inmediato, ante esta propuesta de Ley que reemplace a la establecida por la última dictadura militar. Instrumento de facto con el que se beneficiaron sobradamente los sectores y grupos que hoy actúan a modo de gobierno paralelo respondiendo a intereses opuestos a los que votó la mayoría.

No se puede acceder al derecho a la información y a la libertad de expresión para todos los argentinos con una herramienta que obtura la multiplicidad de voces y opiniones y genera un relato único y monopólico.

Por esto, convocamos a constituir en el Espacio Carta Abierta una COMISIÓN DE MEDIOS AUDIOVISUALES, desde donde podamos observar, analizar, reflexionar, discutir, debatir, y desarrollar estrategias relacionadas con esta acometida destituyente de las derechas; así como sobre el rol del Estado y los medios alternativos con el fin de democratizar el espacio mediático a lo largo y ancho del país.


Si unos pocos controlan la información no es posible la democracia.


La nueva Ley de Medios de Comunicación debe garantizar

la diversidad informativa y cultural.



(leído por acá)

Orlando Barone aporta una miradita más sobre (la maniquea cobertura mediática en torno de) el "conflicto del campo". Ortodoxos de matriz hegeliana, abstenerse por favor...

10-07-08_Barone2.mp3 - Orlando Barone

Entre nos: la "clase", como categoría central del análisis político, ¿ya fue? Como está Laclau y su "pueblo", mamita!
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por Daniel Link para Perfil

Se extraña el análisis del discurso, sobre todo en tiempos en que esa antigualla, el discurso político, parece haber vuelto con toda su fuerza. A miente, B es de derecha, Z es un ladrón, es todo lo que se escucha. Todas esas caracterizaciones ad hominem (o ad feminam) pueden ser verdaderas o falsas, pero nada dicen sobre las palabras y las cosas (es decir: el modo en que las palabras capturan las cosas y los hechos).
Supongamos que alguien dice que "pondremos a Aerolíneas al servicio del pueblo". ¿Qué quiere decir esa figura tortuosa, y de qué modo pretende disimular una operación espuria de salvataje de un grupo multinacional en el medio de una crisis generalizada de la aviación comercial (por los elevados precios del petróleo)? ¿No suma, una decisión semejante, un escándalo más a la ya escandalosa política de transporte del gobierno nacional, que no puede terminar una autopista, ni programar la recuperación de la red ferroviaria, ni articular un plan de comunicación moderno y consistente entre ciudades argentinas?
Para hacer pasar gato por liebre, el discurso establece una correlación entre actos de gobierno y actos de discurso (lo que digo es lo que se hace, y viceversa: no hay distancia entre las palabras y las cosas), correlativa de
una presunta identificación entre destinador ("nosotros": ¿quiénes?) y destinatario ("el pueblo"). Como sabemos que los impuestos del pueblo terminarán subsidiando los viajes que Aerolíneas Argentinas realice de aquí en más, es el pueblo, en todo caso, el que se pondrá al servicio de Aerolíneas. Un tipo de inversión que los retóricos reconocerían como metábola. Las condiciones históricas que vivimos propician un regreso a la retórica y al análisis del discurso.
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El aumento del precio de los alimentos a nivel mundial no es fruto de la coincidencia, sino que se debe a la conjunción de una serie de factores que lo explican. Para una comprensión detallada de este fenómeno recomiendo el presente artículo, cuyo extracto presento a continuación. Para la lectura completa del artículo (en su versión original en inglés) puedes acceder a través del siguiente link.

En el año desde la publicación de nuestro artículo “Cómo los biocombustibles pueden hacer pasar hambre a los pobres” (Mayo/Junio 2007), el precio promedio del maíz ha aumentado alrededor del 60%, la semilla de soya un 76%, el trigo un 54% y el arroz un 104%. Lo que al principio parecía alarmista, ha resultado ser una baja estimación de los efectos de los biocombustibles en las materias primas y el ambiente natural. Estos aumentos de precio son amenazas sustanciales para el bienestar de los consumidores, especialmente en países poco desarrollados que enfrentan déficit de alimentos. Son especialmente gravosos para los sin tierra rurales y para los pobres urbanos, que no producen ningún alimento. Josette Sheeran, el Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, llama a esto “el tsunami del hambre”. Robert Zoellick, Presidente del Banco Mundial, estima que hay 100 millones de nuevos pobres y personas hambrientas como resultado del aumento de los precios de los alimentos.

Aunque sigue la controversia sobre cuánto del aumento de los precios de los alimentos desde el 2006 puede ser atribuido a los biocombustibles, sus efectos no pueden ser obviados. En 2008, 30% de la cosecha de maíz de U.S.A va a ser usado para etanol. Aunque el crecimiento económico en los países en desarrollo (especialmente India y China) y las pobres condiciones de cultivos en ciertas partes del mundo exportador de alimentos (como Australia) son parte de la explicación para el aumento de los precios de las materias primas alrededor del mundo, ninguno de ellos ofrece oportunidades constructivas para una redirección de las políticas. Por contraste, la gama de subsidios, tarifas y mandatos protectores del sector de los biocombustibles, especialmente en los Estados Unidos y en la Unión Europea, están listos para una reforma.

La actual locura por los biocombustibles no es ni limpia ni verde. En vez de eso, ha irrumpido en los alimentos y en los mercados de materias primas y ha inflingido graves penalidades en los consumidores pobres. Estos desarrollos han ocurrido a pesar del record global de las cosechas de grano del 2007. Nuestros análisis (y virtualmente los de todos los demás), asume que la tendencia normal de la cosecha de grano van a continuar o mejorar. Pero las cosechas de maíz de U.S.A, a pesar de dramáticos aumentos a lo largo del medio siglo pasado, también ha mostrado significativas desviaciones de la tendencia, incluyendo bajas de 30% en algunos años debido al clima adverso. Los retrasos en las plantaciones esta primavera en el Cinturón de Maíz debido a condiciones más frías y más húmedas, están empezando a levantar preocupaciones sobre la cosecha de este año. Y, como ha sido reportado recientemente en el Wall Street Journal, muchos economistas “creen que la inflación de los alimentos va a aumentar más rápido que el estimado del USDA y probablemente continúe para el 2009”.

La política responsable de estas presiones, tanto en países ricos y pobres, no ha sido incentivadora. En vez de reducir los mandatos, subsidios y tarifas que apoyan a la industria del etanol, el gobierno de los Estados Unidos ha magnificado nueva legislación agricultora en el Congreso, con mayores subsidios, y ha intercambiado culpas a otros países (o a los economistas). La única reducción simbólica vino en el reciente proyecto de Ley de las granjas, donde se recortaba el subsidio al etanol desde 51 a 45 centavos por galón---difícilmente un cambio significativo.

Las protestas y enfrentamientos políticos relativos al aumento de los precios de los alimentos han ocurrido en varios países en desarrollo, incluyendo Egipto, Guinea, Haiti, Indonesia, Mauritania, Mexico, Marruecos y las Filipinas, Senegal y Yemen. En respuesta, muchos gobiernos han aumentado los subsidios a los alimentos, impuesto controles de precios, restringido exportaciones y quitado impuestos a las importaciones de alimentos. Rusia ha impuesto una tarifa del 40% en las exportaciones de trigo, esencialmente poniéndoles fin. Argentina, que normalmente es un gran exportador de trigo, ha aminorado sus exportaciones. Vietnam, usualmente el segundo exportador más grande de arroz después de Tailandia, ha prohibido las exportaciones de arroz al menos hasta que la nueva cosecha llegue al mercado. Estas restricciones del mercado reducen el suministro disponible en el mercado mundial y dirige mucho más alto los precios globales de esos granos, agravando la inestabilidad de los precios globales.

Casi una década atrás publicamos un artículo en Foreign Affairs (“Un festín removible”, Mayo/Junio 2000) llamando la atención acerca de la inseguridad global de los alimentos, y advirtiendo que las distracciones al rol del comercio y la inversión en los países pobres en desarrollo podría borrar el impacto positivo que el aumento de la productividad de la agricultura ha tenido cuando se trata de reducir el hambre global. Los biocombustibles se han transformado en una distracción tal, que amenazan tanto a la seguridad de los alimentos como al ambiente natural. Ahora es el momento para que los gobiernos respondan, no con mas distorsiones del comercio y subsidios, sino terminando con las políticas fallidas que han creado una industria artificial que está vaciando estómagos y erarios del mundo de los pobres


(Leído por acá)


(Por cierto, estoy siendo muuuuy sarcástico...)
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Por Edgardo Mocca, para el Granma argentino

En un punto intermedio entre el argumento político y el acto fallido, dijo el senador por Córdoba Urquía en la ya célebre sesión del último miércoles: “Tenemos que lograr compatibilizar una Argentina que produce alimentos para 400 millones de personas en el mundo y que tiene 40 millones de habitantes. No tenemos que estropear la gran torta que tenemos hoy para cuidar el mercado interno. A éste debemos cuidarlo y darles de comer a todos los argentinos, pero lo vamos a hacer cuando la torta sea más grande. Si achicamos la torta, todo va a ser más difícil”. Ironías de la política, el empresario aceitero debe su elección como senador a uno de los muchos despropósitos cometidos por el gobierno nacional, con influencia principal del ministro De Vido, en las elecciones del año pasado en Córdoba. Pero más allá de eso, la frase ilumina un aspecto que suele quedar en las sombras para buena parte de los análisis del conflicto agrario.

Se trata de una dimensión prioritaria para cualquier balance sobre este dramático episodio político que pretenda elaborarse desde una perspectiva progresista. ¿Hubo en el país durante estos cuatro últimos meses un conflicto político alrededor de ideas sobre el futuro del país?, ¿o todo fue un malentendido producto de errores del Gobierno?

La narrativa predominante se inclina abiertamente por la segunda interpretación. Nos dice que la sociedad rechazó masivamente a un gobierno que traspasó los límites de la legalidad institucional; asegura que la violencia y el atropello contra la democracia estuvieron enteramente del lado del Gobierno. Desde otros sectores, incluso entre quienes comparten buena parte del rumbo del país a partir de 2003, se procede a relativizar la importancia de lo que estaba en juego y a concentrar el análisis en la torpeza política y la precariedad comunicativa oficialista. En este último caso, el más interesante para el objeto de este comentario, se parte de la base de hechos incuestionables: ¿quién podría razonablemente hacer una defensa de las armas, la estrategia y los soldados que terminaron librando la “batalla cultural” enunciada oportunamente por la Presidenta? Todo depende, debe insistirse, en el modo en que se colocan las prioridades para el análisis.

Si el conflicto no tiene sustancia estratégica, si la larga y encarnizada puja que vivimos no compromete para nada el horizonte de país en el que queremos vivir, si todo consistió en un ejercicio cesarista de voluntad política sin límites, entonces debe interpretarse el drama como un ataque de locura colectiva circunstancial y pasajero. Hemos estado peleando porque somos así, pasionales e irreflexivos, porque a algunos les gusta vivir en el pasado, porque no entendemos el mundo en el que vivimos...

Pero repasamos las imágenes del miércoles, revisamos las actas de la sesión y, por lo menos, estamos obligados a dudar de esa mirada. Estuvo en discusión el significado del federalismo, se debatió sobre la relación entre crecimiento económico y justicia social, apareció muy nítida la controversia sobre el rumbo del país en el crítico contexto mundial. Por fin, pudimos escuchar cómo se ponían en cuestión algunos supuestos mediáticos que se constituyeron en verdades sagradas durante ciento veinte días. Por ejemplo, el hecho de que si determinada provincia o municipio aporta más al fisco de lo que recibe de éste, estamos ante un caso de “robo” por la política. Pudimos ver cómo se ponía en tela de juicio el concepto de federalismo asociado a la idea de “devolución” de lo que cada provincia o localidad produce; lo hizo el senador entrerriano Ríos en una muy interesante intervención. Quedó flotando la sensación de que la “oportunidad que nos da el mundo” es traducida por algunos como la oportunidad de subirnos a la burbuja financiera de la soja, alentar que unos pocos empresarios obtengan fabulosas ganancias y esperar que la riqueza derrame hacia abajo en la forma de una economía análoga a algunos emiratos árabes. ¿Qué otra cosa debería entenderse de la frase de Urquía con que comienza esta nota?

Se discutía, dicen algunos, por unos pocos millones de dólares. Nada es menos seguro. Lo que estaba en juego era la autoridad de un gobierno recién electo para intervenir en el reparto de una renta extraordinaria. La iniciativa gubernamental fue interpretada como un toque de alerta, como un desafío a un sector al que no es posible desafiar. Claro es que el modo en que fueron tomadas las medidas y hasta su contenido mismo, en tanto no diferenciaron originalmente a segmentos muy diversos de los productores, facilitaron la constitución de una coalición social muy amplia y con un gran componente de clases medias rurales y urbanas en pueblos y ciudades del interior. Pero el núcleo central y estratégico del conflicto es ese 20 por ciento de los productores que exporta el 80 por ciento de la soja y que no se engaña en absoluto respecto de cuál es el rumbo económico por el que está luchando.

Está claro, sin embargo, que el análisis no puede quedarse ahí. La política no es, como predica el paleomarxismo, una superestructura pasiva y cristalizada que refleja las relaciones de producción. La propia formulación presidencial en relación con una batalla cultural tiene resonancias gramscianas; pero sus consecuencias no fueron asumidas. Todo el discurso oficialista estuvo basado sobre la idea de que había un adversario (para algunos, un enemigo) ya constituido e irrevocable. En auxilio de esa lectura se utilizó al pasado, no en clave de explicación o de advertencia sino de anatema contra toda opinión crítica. Una batalla por el sentido común de las mayorías no puede librarse así. Si tengo problemas de relación política con las clases medias no puedo elegir a Luis D’Elía para que las persuada; si necesito fortalecer y ensanchar la coalición política de apoyo no puedo servirme del relato histórico –ciertamente sesgado y muy poco autocrítico– del diputado Kunkel, para arrojar a la cara de los críticos el recuerdo de escenas oscuras o dudosas de su pasado político. Esa idea de la política es pregramsciana. Desconoce que los actores políticos y sociales no son entes “naturales” ni puramente económicos; los construye la palabra política, están hechos de pasiones y razones antiguas y actuales. La política democrática, especialmente incluida la que propugna transformaciones sociales con un sentido de justicia, presupone un grado de optimismo: la idea de que se puede convencer, se puede transformar al adversario en aliado, o por lo menos en neutral.

Claro que la “batalla cultural” no se libraba solamente en el terreno de una medida económica, la de las retenciones móviles. En un país con la inflación absolutamente controlada y con mediciones de precios confiables, por ejemplo, difícilmente el lockout agrario hubiera podido desarrollar la espiral por la que transitó. Los medios de comunicación pueden potenciar el mal humor –lo que de hecho hicieron, actuando con marcada parcialidad–. No pueden inventarlo. Y así es la política en democracia. Tiene sujetos sociales resistentes al cambio y dispuestos, como en este caso, a desarrollar métodos salvajes e ilegales de confrontación, como el corte de rutas, el desabastecimiento y las agresiones de los últimos días a diputados, senadores y sus familias, todo lo cual fue generando un clima de desestabilización política muy manifiesto. La cuestión, para alguien que quiere hacer cambios en democracia, no es claudicar ante ellos ni quejarse de ellos, sino aislarlos de las mayorías para poder avanzar.

Un encarnizado conflicto político-social, sumado a sus propios errores, ha puesto al gobierno de Cristina Kirchner en una dura encrucijada. Todo depende ahora de la lectura de los acontecimientos. Puede existir la peligrosa tentación de reincidir en el repertorio de la política heroica; autopercibirse como un elenco transformador incomprendido o saboteado por los que no quieren que nada cambie. Englobar bajo ese rótulo a todos los que tienen opiniones críticas y oposiciones a determinadas políticas públicas. Es el camino del aislamiento, adornado por la poesía de la revolución traicionada.

No es el propósito de esta nota redactar “consejos” a quien dirige por voluntad popular el país. Desde una perspectiva mucho más modesta, es posible formular una hipótesis: más que las medidas o las iniciativas que se impulsen, lo central de un esfuerzo de recomposición política estará en la percepción de la nueva realidad. Si se parte de la compatibilidad entre el impulso sin claudicaciones de un rumbo de cambios y la promoción del diálogo y la convocatoria amplia y generosa para dar base de grandes mayorías a un proyecto estratégico de país, se puede transformar una dura derrota en una rica lección política hacia el futuro.