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¿Soy yo el paranoico o esta gente se viene por todo?
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¿Cómo analizás la realidad del país?

En muchos aspectos, como una guerra de tiburones. Por un lado, confío en las personas a quien yo les di mi voto; hablando de nuestra realidad nacional, vivimos en una realidad política, que cambia completamente el curso de un país, de un pueblo. Y por otro, la gente interactúa y se manifiesta con ese entorno, pero por momentos de una forma tan caótica que no sabemos si tal vez vivimos en un estado sinárquico; porque a veces nos quejamos porque pasamos 30 segundos en pagar el peaje, pero a la hora de votar se confía en los propios dueños de peaje. Entonces, me doy cuenta de que la gente de buena fe va a seguir haciendo las cosas buenas, y a ellos me uno. Sin embargo, la gente oportunista, que está tratando de no perder el filo que les toca morder, sigue con esa política y nadie la va detener hasta que haya más justicia, más salud. Pensando otra vez en el futuro, sin un sistema de salud impecable y uno de educación ejemplar, continuando luego con los demás aspectos que necesita un país en serio, nadie nos va salvar.
Al Gran Flaco lo entrevistan porque está por sacar nuevo disco. Y, como nos tiene (bien) acostumbrados, siempre regala algo de luz para enfocar el presente. Ahora, ¿coinciden conmigo en que la referencia al sinarquismo es una velada alusión a los piquetes patronales y a la sucedánea movilización urbana que los acompañó?

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Buscando información sobre concentración mediática (el otro gran tema instalado en la agenda después de la discusión sobre la apropiación de la renta agraria) me encontré con este informe de dos docentes universitarios, el cual me gustó mucho por la manera diáfana y directa en que ellos basan su argumentación:
El año 2006 ha consolidado la recuperación de los grandes medios de comunicación
y del conjunto de las industrias culturales de la Argentina, a partir del crecimiento de los dos vectores más importantes que guían su lógica comercial: las ventas al público y los ingresos por publicidad. El próximo año, se anticipa, la publicidad se expandirá aún más y, en el contexto del año electoral y de la consecuente previsión de gasto macroeconómico, los niveles de consumo cultural puede que también se amplíen.
Pero esta breve descripción prospectiva que podría figurar con una valoración
positiva en la sección de Negocios de cualquier medio de comunicación, oculta una trampa: que el lucro sea el objetivo rector de las industrias de la información, la comunicación y la cultura constituye un singular condicionamiento al tipo de convivencia que establecemos como sociedad.
(Mastrini, incluso, avanza un poco más en ese sentido en diálogo con Eduardo Aliverti por acá...)
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Se ha leído en estos días (respecto de declaraciones del diputado Solá sobre el conflicto con "el campo"):
Felipe habla de la seguridad alimentaria y me parece que hay que darle contenido e ir a fondo con eso. También hay que empezar a hablar de la seguridad jurídica en la tenencia de la tierra, para todos los que sufren la informalidad del hábitat. Hay que hablar de la seguridad sanitaria y, por qué no, de la seguridad educativa. Es un camino lleno de acechanzas, pero creo que vale la pena recorrerlo. Porque es más fácil darle a la seguridad un contenido socialdemocrático a través de cuestiones como la alimentación, la vivienda, la salud y la educación, que salir corriendo para el lado de los derechos humanos cada vez que alguien dice la palabra maldita.

Antes de que sea demasiado tarde, hay que sacarle a los liberalrepresores el monopolio de la seguridad y llenarla de un contenido inverso al blumberguiano. A partir de ahí, va a ser más fácil generar una política de seguridad de las personas y sus propiedades. Porque para eso también hay que hacer una política pública democrática. Es incómodo, sí, pero los robos existen y afectan más seriamente a quienes menos tienen. Por eso, darle dar la pelea por el significado de la seguridad es una tarea imperiosa: si no se lo damos nosotros, se lo dan los ex comisarios torturadores y se llevan 400.000 votos…

el debate sigue acá
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De una buena vez, parece que el debate público empieza a despuntar en el horizonte (mediático, al menos) Que un diario como Página/12, sospechado de ser controlado por Clarín y por ser funcional a este gobierno, insista con el tema creo que es un dato no menor. Por lo menos para inferir un cierto grado de 'autonomía relativa' en su línea periodística, que se yo...
Acabo de ver una presentación en Power Point que me envió un amigo sobre los incendios en las islas del Paraná donde se responsabiliza al Gobierno sobre las consecuencias de la quema ('En el campo se dice que la gallina que cantó primero es la que puso el huevo', por el hecho de que fue el Gobierno quien lanzó la primera piedra, señalando a los productores por su 'irracionalidad').

Después de todo lo que se ha dicho (acusasiones cruzadas de ambas partes) en estos días, yo ya no se a quien creerles. Lo que si me parece que se aclara cada día más es una evidente disputa política (e ideológica) entre el Gobierno y los sectores de la producción agropecuaria. Mientras que el gobierno defiende como puede una cada vez más desprolija y por momentos desfachatada intervención en la economía, el "campo" consolida y profundiza su visión liberaloide (a la argentina, es decir, para decirlo rápidamente: 'sáquenme de encima a esta plaga -el Estado-y dejenme producir a mi manera'. Poner que esto es un manejo 'oligárquico' me pareció caer redondo ante la utilización burlesca del término con la que se hoy se defiende "el campo" mediante sus adalides, muchos de los cuáles tienen vinculación directa con cierta prensa)

El mail no me pareció adoptar una postura "golpista" como sospecha mi amigo (salvo sobre el final, cuando imputa al gobierno la responsabilidad de los incendios y equipara este hecho con la toma del regimiento de La Tablada por el ERP). Lo que sí hay, me parece, es una evidente toma de partido respecto de los hechos y una profundización de su actitud "opositora" a las determinaciones del Gobierno (que es quien hoy —y por cuatro años más— conduce al Estado, don't forget...)

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Algunos dicen que cuando la vida se pone difícil hay que cambiar. Supongamos que uno no está conforme con lo que hace diariamente, entonces piensa: 'debo dejar de hacer esto que estoy haciendo porque no me gusta, porque no me esta haciendo feliz'. Perfecto. Pensamiento altamente razonable. Acto seguido, viene la pregunta más terrible: '¿y que hago? Largo esto que estoy haciendo porque es una mierda, porque no me gusta, porque no me hace feliz'. Pero, ¿a que me dedico? (quiero decir, que camino tomo, que decisión inmediata debo adoptar. Aclaro que no estoy pensando en términos de abocarme a ejercer una 'profesión', mucho menos un 'oficio' con lo incompatible que son mis funciones vitales para semejante —y respetable— ejercicio sistemático de las capacidades psicomotrices de nuestro organismo) Es una pregunta por lo inmediato, por adoptar una determinación que rompa con la sucesión de lo conocido, que fracture lo cotidiano y nos lance a lo indeterminado. Que nos hace preguntarnos por lo más terrible: '¿Que quiero hacer con mi vida? (Porque, convengamos que no hay demasiadas certezas de que vayamos a tener otra en algún momento) Entonces, ¿hacia dónde encamino mis pasos? Porque también hay que decir que ese momento, el momento de adoptar una determinación, es tan preciso e inevitable como saber que nuestro cuerpo y nuestra conciencia no duran para siempre. Es algo que tarde o temprano nos llega a todos. Y si tarde o temprano nos llega a todos, lo mejor que podemos hacer es tratar de enfrentarlo de la mejor manera posible. Con sabiduría, para poder decidir 'mejor'. Pero también con una alta dosis de coraje (la sabiduría es indispensable, pero lamentablemente casi siempre nos llega tarde y se paga con nuestra propia esencia vital: es decir, tiene un costo demasiado alto para nosotros) Hay que tener coraje, entonces. Y no sólo para cambiar sino también para hacernos cargo de esa decisión. Porque de nada sirve el arrepentiemiento (en ese caso y en ningún otro) De cualquier manera, nada nos asegura que con ese movimiento nos hayamos ganado el cielo ni mucho menos: puede que —incluso— esa opción no sea la más indicada y nos arroje al lugar menos deseable. Pero esa es sólo una posibilidad entre tantas otras. El tema es que lo que está en juego es, nada más y nada menos, que nuestra propia felicidad. Y con eso no nos gusta joder a ninguno. Hay que tener huevos para cambiar
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Por fin una buena! (pero, ay! sin rencores, por favor...)

¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del “campo”?


Por Eduardo Grüner *

No es, todavía, hora de “balances” más o menos definitivos. Sí de detener, por un momento, la ansiedad, y de ver dónde está parado cada uno. El que esto escribe está en contra de las medidas (sobredimensionadas, extorsivas, objetivamente reaccionarias, y actuadas en muchos casos con un discurso y una ideología proto-golpista, clasista y aun racista) tomadas fundamentalmente por uno de los sectores más concentrados de la clase dominante argentina en perjuicio de la inmensa mayoría. No es algo tan fácil de explicar brevemente. Hay que empezar por señalar una vez más los gravísimos “errores” cometidos por el Gobierno. Están, por descontado, los errores “tácticos” inmediatos: la desobediencia a los más elementales manuales de política que recomiendan dividir al adversario, y no unirlo (y ni qué hablar de, además, dividir el frente propio); o la torpeza de apoyarse en personajes un tanto atrabiliarios de los cuales se sabe que –por buenas o malas razones– van a caer “gordos” a la llamada “opinión pública”. Pero más acá de estos “errores”, están los que no son “errores tácticos”, sino opciones estratégicas: no profundizar en la medida necesaria las políticas (tributarias y otras) de redistribución del ingreso, utilizar buena parte de las (inauditas) reservas fiscales para seguir saldando la maldita deuda; renovar los contratos de ciertos medios de comunicación que, debería el Gobierno saberlo, más tarde o más temprano se le pondrán en contra (y aquí, como en muchos otros casos, se ve cómo una opción estratégica se transforma rápidamente en un error táctico), y que lo hicieron de la manera más desvergonzadamente interesada de las últimas décadas. Ninguna de estas opciones estratégicas son algo para reprocharle al Gobierno. Reprochárselas –al menos, de la manera en que lo ha hecho cierta “izquierda” dislocada o cierta intelectual(idad) bienpensante y ya ni siquiera “progre” que, pasándose de la raya, cruzó definitivamente la frontera hacia la derecha– sería, paradójicamente, hacerse demasiadas ilusiones sobre un Gobierno que en ningún momento prometió otra cosa que la continuidad del capitalismo tal como lo conocemos. Vale decir: un Gobierno propiamente “reformista-burgués”, como se decía en tiempos menos eufemísticos. La situación, pues, no puede ser juzgada sino por lo que realmente es: una puja (no “distributiva” sino) interna a lo que en aquellos tiempos pre-eufemísticos se llamaba la “clase dominante”.

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El enemigo invisible

Por Ángel Cadelli - Referente de Proyecto Sur

Antes de la irrupción de esta acalorada discusión, con los ánimos un poco más tranquilos, la Federación Agraria Argentina (FAA), reunida en Rosario, contaba a quien la quisiera escuchar las cuitas de las retenciones impositivas y los costosos acopiadores. Con bronca, en octubre de 2007, y con el lenguaje simple de la gente simple, admitían en ese momento que “tenían un buen pasar”. Pero también denunciaban que sólo percibían un tercio del precio FOB (precio final, al bordo del buque) de la soja; y que con ese tercio costeaban la semilla, el fertilizante, el herbicida y la cosecha, es decir, todos los gastos de la producción, obteniendo de todos modos una buena ganancia.

Pero lo que no aceptaban era que, sólo por transportar, acopiar y embarcar, los acopiadores se queden con uno de los otros dos tercios; máxime cuando muchas veces el transporte no llega a los 100 km. de distancia y no hay acopio, pues el grano pasa directamente del camión al barco, sin escalas. Razonablemente, lo consideraban excesivo.

En ese entonces, los representantes de la FAA aceptaban (a regañadientes, pero aceptaban) que el Estado se quedara con el tercer tercio de lo producido, para realizar obra pública y redistribuir la riqueza.

Pero ahora el tercio del Estado quiere convertirse en una “cuasi mitad”, a expensas de los productores, ya que los acopiadores siguen inamovibles en sus costos y al margen de la terrible discusión que se ha generado.

Curtiendo el perfil bajo, los acopiadores imitan el estilo de “Las 5 hermanas” (Dreyfus, André, Continental, Cargill y Bunge & Born, recordarán los “setentosos”) y “se borran”, dejando que productores y gobierno se desangren en el conflicto.

Es la “razón oligárquica” manipulando a la “pasión chacarera”. Son los poderosos terratenientes de la Sociedad Rural y Coninagro, tratando de usar a la Federación Agraria como “tropa de maniobras” propia. Es el gobierno, cómplice servil de Monsanto, Nidera y otras multinacionales, que arremete contra los productores, pero no cuestiona el precio de los transgénicos, la salubridad de los glifosatos ni el agotamiento de la tierra que produce el monocultivo intensivo de la soja.

Los verdaderamente grandes pueden aguantar, porque son productores, y también acopiadores; cobran “en las dos ventanillas”. Si las ganancias de los productores se hicieran polvo, pero las de los acopiadores siguieran en pie o las compensaran, los grandes pueden continuar con el negocio. Poco les importa si “la tarasca” la juntan en uno solo de los dos mostradores.

Pero para los pequeños productores, la situación es muy distinta. Ellos sólo producen. Tienen esa sola ventanilla, que es la del trabajo. No tienen poder ni capital para acopiar y especular. Cobran en un solo mostrador, que es el de su propio esfuerzo productivo. Por eso van al frente, porque no les queda otra. No pueden especular.

Por eso, allá en Rosario, en la campaña electoral de 2007, desde Proyecto Sur le propusimos a la FAA la creación de una “salida al mar” para todos ellos. Una solución Estatal, como el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, instrumento gestado durante el gobierno peronista 1945/55), que les dé acceso directo al comercio exterior, y no como ahora, que son rehenes de los acopiadores internacionales.

También propusimos entonces una regulación protectora, con todo el poder del Estado, al estilo de las Juntas Nacionales de Granos, o de Carnes. Y un desarrollo tecnológico Estatal a partir del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) para proveer al pequeños y mediano productor de semilla, fertilizante, herbicida y todo lo necesario con un criterio de “desarrollo sustentable”, renovando el “bien común tierra”, preservando la diversidad ecológica y anulando los desiertos verdes del monocultivo.

Sin Estado no hay Nación. Sin Política Nacional y Popular, el campo argentino es un “vientre cautivo “ del capital concentrado. Los actuales intermediarios internacionales de nuestro comercio exterior son entonces el Enemigo Invisible que destruye la armonía entre hermanos de un mismo país. Señalándolos, una solución duradera a partir de la firme intervención del Estado Nacional comienza a hacerse posible.
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Se venían sacando chispa desde hace un tiempo, pero la columna que ella publico la semana pasada en la 'tribuna de doctrina' terminó de encender el fuego. En un posteo anterior, les había dejado una entrevista en la que la ahora nueva 'cacerolera chic' (como la llama él) declaraba —con una íronía bastante provocativa— haber dejado atrás su condición de intelectual de izquierda. Pero la llegada de un nuevo gobierno peronista y su posterior consolidación han dado rienda suelta al simio que la corroe por dentro. Ay Betty! Te queríamos tanto...
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Les dejo esta nota que me gustó mucho por la agudeza de su mirada sobre el conflicto. En estas situaciones tan apasionadas, matizar con un poquito de racionalidad nunca está demás...


"Finalmente, percibo que es posible sostener que el dispositivo de observación que constituye tal sistema técnico indicial, puramente automático, combina la primeridad con la secundidad peircianas, pero con una preeminencia, creo, de la primeridad, que tiene que ver específicamente con la activación de impresiones, emociones y afectos. Para decirlo de una manera mucho más expeditiva, en el nivel básico de la expectación televisiva y del contacto con las pantallas, pareciera que no somos más que monos observándonos y activándonos, automáticamente, lo unos a los otros"

(Gracias Sandra...)

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