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El otro día nos encontramos discutiendo con un amigo —seguramente después de escuchar a algún 'dirigente' por la tele— cual sería la posibilidad de resolver este conflicto con 'el campo'. Y ambos coincidimos en que el criterio que debe primar en esa posible respuesta es político y no meramente técnico. Después de todo, ¿como se hace para ser justo y equitativo a la hora de beneficiar a 'pequeños productores' con un programa de subsidios? ¿Como se hace para definir esa categoría evitando que los 'medianos', los que quedan afuera, no reaccionen en reclamo de proteger su renta?
Y ya que hoy me levanté preguntón, ¿qué significa ser 'pequeño productor' en la Argentina (pampeana) de hoy?
Publica la revista Barcelona en su último número:

Una fundación analiza un fenómeno local que es digno de ser investigado

Especialistas advierten que entre las "expectativas inflacionarias" y "las ganas de que se vaya todo a la mierda" no hay ninguna diferencia

Aunque parezcan contradictorias, las expectativas inflacionarias y la intención de que se vaya todo a la mierda son caras de una misma moneda, en este caso con destino de devaluación. Esa es la conclusión a la que llegan los expertos en economía de la fundación ProctoEconomist, quienes evaluaron las diferencias entre aquellos que esperaban una alta inflación y los que desean acaso inconscientemente que "todo se vaya al reverendo carajo otra vez" son sólo de forma y nunca de contenido. "Habría que decir que la expresión 'expectativa inflacionaria' es una forma de económicamente correcta de referir al 'desastre financiero', al 'descalabro económico' o, como suele llamarlo la calle, al 'tremendo quilombo con la guita'" señala la fundación. Todas las especulaciones.

(...) En un diagnóstico en el que no es ajeno el análisis psicológico del formador de precios argentino tipo, ProctoEconomist establece que, sin lugar a duda, "creer que habrá inflación conduce al aumento de precios", y vincula esta sensación no sólo al típico temor argentino a ser perjudicado (el llamado "acá todo el mundo te caga o te quiere cagar", puntualiza el informe valiéndose del habla popular) sino también al consecuente "yo no me voy a dejar cagar", que conduce al aumento de precios preventivo.

El kiosquero, sólo un ejemplo
ProctoEconomist da un ejemplo concreto: "Un kiosquero tiene un costo de 0,50 centavos por botella de agua; escucha que se rumorea que habrá inflación y, por temor, en lugar de cobrar la botella 1 peso con 50, la aumenta a 2. Un cliente le dice: 'Que bien, en la otra cuadra estaba a 2 con 50, así no se donde vamos a parar'. El kiosquero piensa que es tonto y sube la botellita a 3 pesos. Así genera inflación, con la convicción de que, de todos modos modos, 'todo se irá a la mierda'". Y ProctoEconomist concluye: "En su afán de 'no dejarse cagar', el argentino 'se caga a sí mismo'".
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Si algo tiene de positivo el actual clima político es el pase al frente de los intelectuales. En las últimas semanas, se han leído apasionadas opiniones, a favor y en contra de el gobierno, los sectores empresarios y varios etcéteras, de Horacio González, Eduardo Grüner, Marcos Novaro, Beatriz Sarlo, y Nicolás Casullo o entre otros.

Este reverdecer de la polémica es una buena cosa. Que gente que se dedica a pensar para vivir se diga en la cara, de repente, “no estoy de acuerdo con vos y lo que decís me parece una gansada” me parece una buena cosa. Que descubramos que (¡oh!) las diferencias teóricas encubren diferencias ideológicas es una buena cosa.

Venimos de una década y media de insoportable levedad del discurso intelectual. Durante los noventas, la cuestión era fácil: casi todos eran antimenemistas y admiradores de variantes rosáceas de la socialdemocracia, el institucionalismo y la tercera vía (salvo honrosas excepciones, Escudé y algunos más.) Estar en desacuerdo con el gobierno de Carlos Menem era fácil. Admirar al laborismo inglés o a la socialdemocracia francesa. Despotricar contra el desequilibrio de poder en la esfera internacional también.

Ahora, sin embargo, las opciones son más dificíles. ¿Es este de gobierno de izquiera o de espantosa derecha? ¿Es el kirchnerismo conservador y provinciano o totalitario y movilizante? ¿Es Chávez la esperanza latinoamericana o un loco populista? ¿Son los empresarios agrícolas la esperanza de la república o un grupo de exacerbados capitalistas? Las respuestas no son fáciles. Ahora hay que pensar.

Y es, entre otras cosas, gracias a la revalorización de la política que hemos vivido en los últimos años, que los debates académicos se han movido hacia la esfera pública.

Y también marca una redescubierta vocación de los intelectuales de abandonar aunque más no sea por un rato la academica para meterse en el barro. Esto es doblemente bienvenido en el caso de las generaciones más jóvenes, que se suman, y muchas veces polemizan, con el coro de voces ya consagradas.

En este marco, Artepolítica tiene la intención de salir a entrevistar a algunas de las voces más interesantes que están participando de los debates públicos en estos momentos.

Comenzamos con una entrevista que realizamos hace algunas semanas a Ricardo Forster. Ricardo Forster nació en Buenos Aires en 1957. Es investigador y profesor de Historia de las Ideas en la Universidad de Buenos Aires, escritor y ensayista.

A Ricardo Forster lo conocíamos varios de Artepolítica como un buen profesor de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, especialista en Walter Benjamin y en la escuela de Frankfurt, pero no lo teníamos como un pensador interesado en la política argentina actual. Esto cambió cuando vimos su participación en “A Dos Voces”, en la cual arrinconó a Silvestre y Bonelli a puro argumento. Ahí se ns ocurrió entrevistarlo.

Acá va entonces una nueva entrega:


Entrevista a Ricardo Forster | Artepolitica from Artepolitica on Vimeo.
Si alguien vio el debate suscitado entre dos segundas líneas (del gobierno y de FAA) en el show televisvo del Gran Periodista Medio-argentino probablemente coincida conmigo en que hacía rato no se veía una discusión tan apasionada en la tele. Me parece que si hay algo que este país necesita recuperar despues de casi dos décadas de brutal silenciamiento de Mercado es precisamente la discusión pública, con todas las 'rispideces' y conflictos que necesariamente implica todo diálogo. Claro, alguien me dirá: como no se van chicanear estos dos si hasta hace un tiempo marchaban juntos (FAA y CTA han integrado el FRE.NA.PO y combatido mancomunadamente desde la segunda parte del menemato hasta ayer nomás). Pero, según los que saben, en estos años el país ha cambiado mucho. El mapa político ya no es el mismo (y ahi está Julito para recordarnoslo) y hoy estas dos instituciones parecen caminar en veredas opuestas. El tiempo dirá, como dice el gran Andrés. Eso si, tratemos de sacar el debate de los medios (a los efectos de evitar una espectacularización teatralizada del conflicto) y pongámonos a discutir en serio y donde corresponda.
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Artemio tira una punta sobre un tema que parece obsesionar al gobierno: el accionar de los (grandes) medios de comunicación; básicamente, que haga o deje de hacer Clarín. Ya que estamos, ¿se acuerdan de esta foto? Que tiempos/ aquellos...
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(...)

Descentralizar geográficamente la emisión de discurso político es una tarea pendiente de la democracia argentina. Si alguna enseñanza puede tomarse de el conflicto por las retenciones es que no puede gobernarse por sobre las complejidades políticas y económicas de los territorios que componen la Nación y que tampoco puede ponerse a una cuestión que afecta a algunas actividades económicas de ciertos territorios como si esa fuera la ligazón única de la República.

El corolario de la descentralización de ayer debería ser una descentralización informativa. Poder saber cómo lo vieron los analistas políticos salteños y rosarinos. Pero para eso todavía falta…


(leído —al pasar— por acá)

Pedro Peretti*
25.05.2008

Cuando leo el artículo de Miguel Bonasso (Crítica de la Argentina, 18/5/2008) sobre el poder detrás del trono de las seis grandes exportadoras de granos, no puedo menos que coincidir y acompañar toda acción, declaración o medida en torno de la nacionalización del comercio de granos (aclaro: nacionalización, no argentinización, no sea cosa que se les ocurra dárselo a algún argentino 'prosperísimo', como hicieron con Aerolíneas o con YPF Repsol).

Bonasso, cuando cita a Buzzi y a la Federación Agraria (FAA) en estos temas, incurre en el lugar común de toda 'la izquierda kirchnerista' de creer que el problema agrario es como el cine continuado, que empieza cuando llegaron ellos y termina cuando se van.

La FAA tiene una larguísima lucha a favor de las regulaciones del comercio de granos y carnes, primero tratando de evitar su desmantelamiento (en la época de Cavallo), y luego por su restitución. Desconocer la larga, dura e inclaudicable lucha de la entidad en torno de este y otros temas que no vienen en este momento al caso (reforma agraria, extranjerización de tierras) es, cuanto menos, una falta de honestidad intelectual o un desconocimiento preocupante sobre el tema.

Pero, además, aclaremos lo siguiente, para informar al compañero diputado:

1) El 10 de marzo, un día antes de que el Gobierno sacara la Resolución 125, la FAA estaba bloqueando el puerto de Dreyfus, Cargill y AGD en la periferia de Rosario. El motivo de esta acción lo sabe todo el mundo (aunque por conveniencias políticas se trate sistemáticamente de ocultar): evitar la monumental transferencia de los productores a los exportadores por el tema trigo; que bajo la mirada cómplice, desentendida y sospechosa del Gobierno, constituyó uno de los mayores despojos de la última década, una verdadera vergüenza.

2) Le recuerdo que uno de los piquetes más emblemáticos 'de la guerra gaucha' es el que está bloqueando la planta de Dreyfus en Gral. Lagos hasta el día de hoy. Tan zonzos no somos, aunque seamos del campo... chico.

3) Es oportuno recordar que quienes dejaron que esos puertos actuaran como verdaderos free shops de granos son la AFIP y el Congreso, que hasta le autorizaron por ley una aduana propia al senador oficialista por Córdoba, Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza. Él fue el principal lobbista, junto con el ex gobernador Romero (actual vicepresidente del Senado puesto por el kirchnerismo) en contra de la ley de bosques, que propiciara el diputado Bonasso (apoyada por la FAA). Como vemos, el diputado tiene bastante trabajo dentro de su Gobierno como para ocuparse malamente de la FAA.

4) Estimaciones privadas ubican entre 700 y 800 millones de dólares la evasión por los puertos libres granarios del cordón rosarino. Son los grandes productores y cerealeras exportadoras, con el aporte de corredores de bolsa, los que están detrás del negocio negro. Perseguir a pequeños y medianos productores por la evasión granaria es como si en la ciudad se persiguiera a los kiosqueros por la evasión de la industria. Es decir, un verdadero disparate que el Gobierno, en vez de declamar, debería controlar y hacerse responsable.

5) La ley Martínez Raymonda demoró más de un año en reglamentarse. Seguramente, alguna mano misteriosa y seguramente 'bienintencionada' la cajoneó durante todo ese lapso. ¿Supongo que no lo culparán a Buzzi?

6) Varios dirigentes federados escuchamos de boca del secretario Javier de Urquiza que Roberto Urquía y Gustavo Grobocopatel eran los referentes agrarios de Cristina. Sería más oportuno y eficaz que le soliciten a la Presidenta que cambie de asesores antes de endilgarle a Buzzi y a la FAA cosas que no hemos nunca dicho ni hecho. La FAA siempre marcó claramente su oposición al modelo de agricultura sin agricultores que representan Urquía y Grobocopatel.

7) El proyecto de creación de la Junta Nacional de Granos que se está tratando en la comisión de agricultura de Diputados, presentado por Eduardo Macaluse, tiene todo el apoyo de la FAA. De hecho, él mismo reconoció en la reunión de comisión que la había elaborado en conjunto con nuestra entidad. Que el oficialismo no la haya descubierto antes demuestra lo poco que le interesaba cambiar la política agrícola que venía con piloto automático desde el menemismo. Hace más de dos años que tenía estado parlamentario como la ley de extranjerización de tierras, ley de arrendamientos, junta nacional de carnes, etc. Es muy bueno que el paro haya despertado conciencias y obligado a discutir políticas agrarias (desde el Anteproyecto de ley agraria de Horacio Giberti de 1974 que no se discutían tales cosas). Esperemos que el Gobierno pase a la acción en estos temas, que deje de lado la verbalización progresista y tome medidas concretas a favor de los sectores nacionales y populares.

8) Nada dice el diputado sobre el proyecto del secretario de Comercio Moreno de entregar el control del comercio de granos a las seis exportadoras (una junta de granos privada como la definió el inefable Moreno). Éstas son las propuestas del Gobierno a las que FAA se opuso cerradamente, hechas en nombre de un gobierno progresista que dice enfrentar la oligarquía y al mismo tiempo lleva a Grobocopatel a Venezuela.

Bonasso, como muchos amigos progresistas del Gobierno, quiere o le gustaría ver a la FAA con un discurso distinto. Le molesta que desde la protesta se planteen cosas que deberían ser dichas y resueltas por este Gobierno, que se precia de nacional y popular y que no resuelve. El conflicto sería más fácil de traducir en clave latinoamericana, un gobierno progresista versus una oligarquía derechista y codiciosa. Pues no es así: ni Cristina es Evo o Chávez, ni nacionalizó el petróleo, la minería o el comercio de granos; ni nosotros somos el prefecto Costa.

Como decía un viejo maestro del socialismo, el método se mide por el resultado, y el resultado en materia política agraria es más concentración de tierras y renta, más beneficios para aceiteras y pulpos exportadores, más inflación producto de la concentración de las cadenas agroalimentarias, perjudicando a productores y consumidores.

Necesitamos reescribir aquel viejo libro de Rogelio García Lupo, Mercenario y monopolio en la política argentina, que desenmascara la trama y complicidad de las políticas oficiales de subsidios y compensaciones más regulaciones impositivas y bromatológicas (imposibles de cumplir para los más chicos y que se utilizan como brazos poco visibles de la concentración económica).

Todo eso es responsabilidad del Gobierno. Ni Buzzi ni FAA gobiernan. Ni sancionan leyes, ni tienen diputados ni senadores, ni tienen ministros; ésa es responsabilidad del Gobierno. Parece mentira..., ellos concentran y nos quieren responsabilizar a nosotros ¡un disparate! Termínenla con Buzzi y la FAA y tomen y ejecuten alguna medida positiva para los pequeños y medianos productores. Es hora de que hagan algo progresista en materia agraria y dejen de victimizarse.

* Dirigente de Federación Agraria. Secretario adjunto de Coprofam.
Miren esta nota que publica el Radar de ayer sobre los orígenes del 'rock nacional', temática de por sí bastante remanida. Pero lo que más me gusta de este laburo (de las notas que tienen este corte, en realidad) es esa busqueda desmitificadora que tienen, esa clara intención de bucear en las pequeñas 'historias' para señalar nuevos caminos o para indicar una manera de mirar; en definitiva, para concretar esa pequeña labor 'genealógica' de la que hablaba el filósofo francés, como lo llaman mis amigos de La Barbarie. Este tipo de disociaciones me gusta mucho en el trabajo periodístico. Nada, eso...


Seminario-Taller


las nuevas condiciones de la experiencia

una introducción al análisis institucional contemporáneo


Presentación

Se escucha en todas partes, lo dice todo el mundo: las instituciones no son lo que eran.

El diseño institucional disciplinario, que se traducía en un itinerario prefijado para los sujetos que pasaban de una institución a la otra (la familia, la escuela, la fábrica, de tanto en tanto el hospital y ante algún conflicto la cárcel o el manicomio) se encuentra severamente desarticulado. De la primacía de la estructura en los espacios sociales pasamos a la primacía de la dispersión: precariedad, discontinuidad, contingencia, variabilidad, desborde y una exigencia de incesante reformulación son algunos rasgos más insistentes en las experiencias institucionales contemporáneas.

Lo subrayaron quienes estuvieron atentos a las primeras señales de este proceso: “Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo”

Quienes apostamos a seguir sosteniendo la práctica del análisis institucional nos encontramos entonces con el siguiente desafío: originado a fines de la década del 60, el análisis institucional se desarrollo en un contexto que ya no es el nuestro. Las herramientas de intervención heredadas fueron diseñadas para generar efectos bajo condiciones muy diversas a las actuales.

No sólo cambiaron las respuestas; también nos encontramos con que cambiaron las preguntas: ¿Qué implicancias tiene hoy elaborar una intervención con instituciones bajo permanente amenaza de destitución? ¿Cómo trabajar con lo que se deshace todo el tiempo?

Es así como la experiencia de intervenir como analistas en las problemáticas institucionales contemporáneas ha conducido a una importante reformulación de los conceptos, hipótesis, interrogantes y dispositivos de trabajo puestos en juego.

Desde el laboratorio de análisis institucional de Rosario proponemos un espacio de formación para abordar estas problemáticas. Un recorrido centrado en los desafíos actuales de la práctica institucional, que sigue de cerca las problemáticas concretas que surgen en las experiencias de trabajo.

Cinco reuniones en las cuales debatir nuevas hipótesis, presentar herramientas de intervención, analizar casos concretos de intervención y reformular las constelaciones conceptuales que empleamos para seguir sosteniendo una función analítica en el campo institucional contemporáneo.


Quienes somos:

El LAIR es un equipo interdisciplinario formado en el año 2005 con el objetivo de desarrollar prácticas de análisis institucional que estén a la altura de las problemáticas institucionales contemporáneas. Desde su creación, hemos realizado intervenciones en escuelas y cooperativas de trabajo autogestionado, talleres de reflexión sobre la práctica del análisis institucional, publicaciones de artículos sobre las experiencias y co-coordinado una publicación temática en torno a las problemáticas actuales del AI.

Para más información sobre el LAIR: http://lair.a.wiki-site.com/

Programa:

07/06 instituciones hoy: de la crisis a la recomposición
14/06 del vínculo al choque: reconfiguraciones del lazo social contemporáneo
21/06 las nuevas condiciones de la experiencia
28/06 la figura del analista: función, operaciones, herramientas

05/07 balance

Metodología:

El dispositivo de trabajo tomará la forma de seminario-taller. Se realizaran exposiciones orales que luego serán re-trabajadas de forma colectiva en grupos que contarán con coordinación y registro de las intervenciones.

Días y Horarios:

El curso se desarrollará entre las 9 y las 10.30 de la mañana durante 5 sábados:
07, 14, 21 y 28 de junio y 05 de julio.

Lugar:

8 grados. Av. Pellegrini 384

Costo:

$100. El costo del curso se abona en la primera reunión e incluye el material bibliográfico.

Inscripción:

Para inscribirse al curso es necesario realizar una entrevista previa.

Para concertar las entrevistas o solicitar mayor información, escribir a laboratorioinstitucional@gmail .com o comunicarse al 155145103.

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Hace unos días que vengo enganchado con este bendito tema de la 'distribución' de la torta (tópico muy caro al discurso presidencial pero poco 'concreto' en los hechos y —en esto sí debemos darle la derecha a la opinión de 'la gente'— en el bolsillo de los sectores medios) Miren, por caso, esta nota que firma Natanson en el diario de ayer:

En el rol del sistema tributario en la distribución, el economista Jorge Gaggero recuerda que los primeros intentos de construir un esquema progresivo a través de la creación de un impuesto a las ganancias datan de la presidencia de Alvear, pero que recién se implementó de manera significativa durante el primer gobierno de Perón. En 1950, la presión tributaria alcanzaba el 15 por ciento del PBI, el nivel más alto de América latina.

En los años siguientes comenzó un declive de la recaudación en general y de la progresividad en particular, a punto tal que en los peores momentos de las crisis de los ’80 el impuesto a las ganancias se situó en alrededor del 1 por ciento del PBI. Tan profunda fue la caída que los niveles de recaudación del peronismo sólo pudieron ser igualados casi medio siglo después, con el primer impulso de la convertibilidad, cuando la presión tributaria llegó al 20 por ciento. En los años dorados del menemismo, los ingresos por IVA se duplicaron y el impuesto a las ganancias arañó el 4 por ciento del PBI. Pero aun en aquel momento no había alcanzado, en términos de porcentaje del PBI, los niveles del primer peronismo.

La foto de la estructura tributaria argentina hoy es la siguiente: el país recauda, incluyendo a las provincias, el equivalente al 27,6 por ciento de su PBI, según datos de la Cepal. Esto implica una recaudación mayor que el promedio de América latina (20,2), pero inferior a la de Brasil (un asombroso 35 por ciento) y a la de los países desarrollados de la OCDE (35,9).

Los promedios ocultan lo esencial. Se ha dicho miles de veces, pero conviene repetirlo: como muestra el cuadrito, la estructura impositiva argentina es básicamente regresiva. Se apoya en el IVA, cuya recaudación, si se suman otros impuestos indirectos, llega al 47,3 por ciento del total. En los países de la OCDE, en cambio, no supera el 18. Como se sabe, los impuestos de este tipo generan un efecto regresivo porque castigan a los sectores pobres, que destinan casi todos sus ingresos al consumo. En cambio, el impuesto a las ganancias apenas llega en Argentina al 23,5 por ciento del total, contra 36 en el espacio de la OCDE.

Fuente: elaboración propia en base a Alberto Barreix y Jerónimo Roca: “Reforzando un pilar fiscal: el impuesto a la renta” en Revista de la Cepal Nº 92, 8/2007 y Cepal (2007) “Panorama gráfico fiscal de la Argentina”.

Regresiones

Las retenciones corrigen este sesgo regresivo, pero muy parcialmente. Los mayores precios internacionales, el aumento de las alícuotas y el incremento de la producción, junto al hecho de que son muy fáciles de cobrar y no se coparticipan, elevaron la recaudación en concepto de impuestos a la exportación al 13,4 por ciento del total. Pero, aunque record, el porcentaje sigue siendo menor en relación con otros impuestos.

El carácter estructuralmente regresivo del sistema impositivo se profundiza por otros factores. Aunque durante los ’90, sobre todo durante la primera gestión de Cavallo, se avanzó mucho en la modernización de la administración tributaria, los progresos se concentraron en el IVA, más fácil de cobrar que el impuesto a las ganancias. Los últimos datos proporcionados por la AFIP estiman que, mientras la evasión del IVA se limita al 25 por ciento, la evasión del impuesto a las ganancias ronda el 50. Esto se agrava por el hecho de que aquí, como suele ocurrir en los países pobres, la recaudación de impuesto a las ganancias descansa básicamente en las empresas (70 por ciento) en lugar de las personas físicas, cuando en Europa, lógicamente, ocurre al revés, pues la idea no es castigar la producción sino la renta personal. Finalmente, Argentina es uno de los pocos países que no grava las rentas de capital en cabeza de las personas físicas. En palabras de Gaggero, “una circunstancia muy anómala a nivel mundial que constituye a mi juicio la nota más provocativa del carácter extremadamente regresivo del sistema impositivo argentino”.

Después de leer esto, al menos, me quedo un poco más tranquilo respecto de algo y es que de ésto solo se sale con más Política —así, con mayúsculas—y con más regulación estatal (a pesar de que a algunos chacareros no les cope) en la economía. Me parece que la posta pasa por institucionalizar el poder de la plebs y presionar al gobierno por ese lado. Tenemos casi tres añitos y medio por delante: es hora de ponerse a laburar (en serio) en ese sentido.


El amigo Eduardo se suma a la tarea de intentar definir que carajo es-eso-que-hay-¿detrás? de los (dos) K. Bienvenido sea...
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(...) En la actual confrontación alrededor de la política de retenciones jugaron y juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados, tanto audiovisuales como gráficos, de altísimos alcances de audiencia, que estructuran diariamente «la realidad» de los hechos, que generan «el sentido» y las interpretaciones y definen «la verdad» sobre actores sociales y políticos desde variables interesadas que exceden la pura búsqueda de impacto y el rating. Medios que gestan la distorsión de lo que ocurre, difunden el prejuicio y el racismo más silvestre y espontáneo, sin la responsabilidad por explicar, por informar adecuadamente ni por reflexionar con ponderación las mismas circunstancias conflictivas y críticas sobre las que operan. Esta práctica de auténtica barbarie política diaria, de desinformación y discriminación, consiste en la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva. Privatizan las conciencias con un sentido común ciego, iletrado, impresionista, inmediatista, parcial. Alimentan una opinión pública de perfil antipolítica, desacreditadora de un Estado democráticamente interventor en la lucha de intereses sociales. La reacción de los grandes medios ante el Observatorio de la discriminación en radio y televisión muestra a las claras un desprecio fundamental por el debate público y la efectiva libertad de información.

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Ernesto Laclau vuelve a arremeter contra el esloveno Slavoj Zizek en torno a la sobredeterminación de las identidades políticas (y parece que esto se pone bueno) Les dejo un fragmentito:

¿Por qué construir al pueblo es la principal tarea de una política radical?


Me ha sorprendido bastante la crítica de Slavoj Žižek a mi libro La razón populista. Dado que ese libro es altamente crítico del enfoque de Žižek, esperaba, desde luego, alguna reacción de su parte. Sin embargo, ha elegido para su respuesta un camino por demás indirecto y oblicuo: no ha respondido a una sola de mis críticas a su trabajo y formula, en cambio, una serie de objeciones a mi libro que sólo tienen sentido si uno acepta enteramente su perspectiva teórica, que es exactamente lo que estaba en cuestión. Para evitar continuar con este diálogo de sordos, tomaré el toro por las astas, voy a reiterar lo que considero fundamentalmente erróneo en el enfoque de Žižek y, en el curso de mi argumentación, refutaré también sus críticas.

Populismo y lucha de clases
Dejaré de lado las secciones del ensayo de Žižek que se refieren a los referendos francés y holandés, un aspecto en el que mis opiniones no difieren demasiado de las suyas, y me concentraré en cambio en losargumentos teóricos, en los que señala nuestras divergencias. Žižek comienza afirmando que yo prefiero el populismo a la lucha de clases. Ésta es una manera bastante absurda de presentar el argumento, pues sugiere que el populismo y la lucha de clases son dos entidades realmente existentes, entre las que uno tendría que elegir, tal y como cuando uno elige pertenecer a un partido político o a un club de fútbol. La verdad es que mi noción del pueblo y la clásica concepción marxista de la lucha de clases son dos maneras diferentes de concebir la construcción de las identidades sociales, de modo que si una de ellas es correcta la otra debe ser desechada, o más bien reabsorbida y redefinida en términos de la visión alternativa. Žižek realiza, sin embargo, una descripción adecuada de los puntos en que las dos perspectivas difieren (...)

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Por Alfredo Zaiat

A lo largo de casi cinco años de gestión de gobierno, primero con Néstor Kirchner y ahora con Cristina Fernández de Kirchner, puede ser que no haya habido ni una sola medida para redistribuir el ingreso. Puede ser también que el discurso haya ido por un lado y las medidas, por otro. Hasta las mejoras en indicadores sociales pueden haber sido exclusivamente por la suerte de un contexto internacional extraordinariamente favorable. Incluso la recuperación del salario puede que haya tenido su origen en el previsible rebote del orden natural de la economía luego de la peor crisis de la historia reciente. Se puede considerar que nada hicieron el anterior y el actual gobierno para mejorar la distribución del ingreso puesto que no avanzaron en una reforma impositiva para bajar el IVA y gravar la renta financiera. Ni para detener el proceso de concentración y extranjerización de la economía. Y mucho menos para reorientar el gasto público, que es una potente herramienta de reparto de riqueza, hasta más importante que la tributaria.

Puede ser que todos esos argumentos que han sido esgrimidos por progresistas críticos, que aspiran a un país con justicia social, y algunos de ellos por conservadores, que desean regresar a una sociedad que debata otras cuestiones diferentes a quiénes se apropian de la renta, sean motivo de acaloradas polémicas sobre lo realizado por la administración kirchnerista. Será interesante el saldo de esas discusiones. Habrá conclusiones para todos los gustos. Sin embargo, esa controversia no podrá ignorar que si ha habido una medida que ha buscado avanzar en la redistribución del ingreso para comenzar a construir una sociedad equitativa es la de las retenciones móviles a las exportaciones del agro. Del mismo modo que lo son las aplicadas a las ventas externas de petróleo y a las de oro y cobre.

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El sábado pasado pude escuchar este diálogo entre dos intelectuales que me pareció particularmente imprescindible para tratar de comprender 'políticamente' que es lo que pone en juego este conflicto entre el gobierno kirchnerista y los actores vinculados a la producción rural.



Como todo tipo ‘progre’ con cierta adhesión a esta gestión —simpatía develada por algunos gestos y medidas inequívocamente 'activas'— creo que todavía se puede ‘correr por izquierda’ a este mismo gobierno (que como Borón y Grüner bien señalan es uno de los grandes responsables por esta situación, tanto por sus tímidas e insuficientes intervenciones en la economía como por sus recientes errores 'tácticos', dividiendo a la tropa propia y logrando unificar a un polo opositor con cada vez más evidentes connotaciones ‘de derecha’: confieso que acá en Rosario, en pleno Parque Independencia, acabo de ver pintado en una pared el nombre de Carrió con el de…Berlusconi!) Por lo tanto, me parece que la situación amerita más que nunca ser cautos con las acusaciones y los ataques verbales y ‘desensillar’ un tiempo, por lo pronto hasta el acto del 25 para escuchar las ‘definiciones’ de la Presidenta para luego poder presionar en ese sentido, siempre suponiendo que esas definiciones estarán orientadas en un sentido Nac& Pop. Me parece que en la actual correlación de fuerzas ‘la que va’ es institucionalizar las demandas populares y presionar a este gobierno (reformista) burgués hacia una salida por izquierda —reforma tributaria progresiva, derogación de Ley de Entidades Financieras, etc, en definitiva, para que termine otorgando un contenido específico a las simples (aunque no menores) enunciaciones discursivas en ese sentido. Porque temo que si no lo hace este gobierno (reformista) durante este período por el cual fue elegido ‘democráticamente’ seguramente deberemos asistir a la presencia ‘en escena’ del —como dice Grüner— inmediato Mal mayor (Macri, Carrió, lo mismo da) que sin dudas no vacilará en defender los valores y los intereses de la ‘clase’ que representa (y sobre los cuales se asienta el imaginario de los sectores medios de esta sociedad, sectores revitalizados con este conflicto y cada vez más dinámicos en relación con la presentación de sus demandas políticas, algo que debería empezar a preocupar(nos) a quienes se sienten identificados —imaginariamente también, digámoslo— con un proyecto de desarrollo incluyente y de base popular).

Hay algo que dice Grüner ‘filosofando’ sobre la política que me gusta mucho y que es (cito):

“Renunciar, por mero prurito filosófico, a un imaginario fundador (y re-fundador, tantas veces como haga falta) de una “identidad” que permita adquirir una posición en el conflicto, equivale a hacer del campo de batalla un campo orégano para el otro (lo político, hemos dicho, no tiene lado de afuera: o lo hacemos nosotros, o nos aguantamos el que hace el adversario): esa es la política del que alguna vez, en otro lado, definimos como Hystericus, aquél que, puesto que no cree en la “identidad”, termina siempre identificándose al otro, con el único objetivo de sentirse traicionado”.


Es decir que si no defendemos los, hasta ahora, bastante ‘imperfectos’ y desfachatados intentos de intervención en la economía y todas aquellas políticas tendientes a que el Estado recupere ciertos márgenes de maniobra entregados tiempo atrás a la avalancha mercantilista del Mercado, deberemos bancarnos que venga Otro y (ya no) lo haga por nosotros. Porque si ese Otro es Macri o Carrió, seguramente no serán nuestros intereses los más favorecidos.