• Facebook
  • Feed RSS
Orlando Barone aporta una miradita más sobre (la maniquea cobertura mediática en torno de) el "conflicto del campo". Ortodoxos de matriz hegeliana, abstenerse por favor...

10-07-08_Barone2.mp3 - Orlando Barone

Entre nos: la "clase", como categoría central del análisis político, ¿ya fue? Como está Laclau y su "pueblo", mamita!
0
por Daniel Link para Perfil

Se extraña el análisis del discurso, sobre todo en tiempos en que esa antigualla, el discurso político, parece haber vuelto con toda su fuerza. A miente, B es de derecha, Z es un ladrón, es todo lo que se escucha. Todas esas caracterizaciones ad hominem (o ad feminam) pueden ser verdaderas o falsas, pero nada dicen sobre las palabras y las cosas (es decir: el modo en que las palabras capturan las cosas y los hechos).
Supongamos que alguien dice que "pondremos a Aerolíneas al servicio del pueblo". ¿Qué quiere decir esa figura tortuosa, y de qué modo pretende disimular una operación espuria de salvataje de un grupo multinacional en el medio de una crisis generalizada de la aviación comercial (por los elevados precios del petróleo)? ¿No suma, una decisión semejante, un escándalo más a la ya escandalosa política de transporte del gobierno nacional, que no puede terminar una autopista, ni programar la recuperación de la red ferroviaria, ni articular un plan de comunicación moderno y consistente entre ciudades argentinas?
Para hacer pasar gato por liebre, el discurso establece una correlación entre actos de gobierno y actos de discurso (lo que digo es lo que se hace, y viceversa: no hay distancia entre las palabras y las cosas), correlativa de
una presunta identificación entre destinador ("nosotros": ¿quiénes?) y destinatario ("el pueblo"). Como sabemos que los impuestos del pueblo terminarán subsidiando los viajes que Aerolíneas Argentinas realice de aquí en más, es el pueblo, en todo caso, el que se pondrá al servicio de Aerolíneas. Un tipo de inversión que los retóricos reconocerían como metábola. Las condiciones históricas que vivimos propician un regreso a la retórica y al análisis del discurso.
3

El aumento del precio de los alimentos a nivel mundial no es fruto de la coincidencia, sino que se debe a la conjunción de una serie de factores que lo explican. Para una comprensión detallada de este fenómeno recomiendo el presente artículo, cuyo extracto presento a continuación. Para la lectura completa del artículo (en su versión original en inglés) puedes acceder a través del siguiente link.

En el año desde la publicación de nuestro artículo “Cómo los biocombustibles pueden hacer pasar hambre a los pobres” (Mayo/Junio 2007), el precio promedio del maíz ha aumentado alrededor del 60%, la semilla de soya un 76%, el trigo un 54% y el arroz un 104%. Lo que al principio parecía alarmista, ha resultado ser una baja estimación de los efectos de los biocombustibles en las materias primas y el ambiente natural. Estos aumentos de precio son amenazas sustanciales para el bienestar de los consumidores, especialmente en países poco desarrollados que enfrentan déficit de alimentos. Son especialmente gravosos para los sin tierra rurales y para los pobres urbanos, que no producen ningún alimento. Josette Sheeran, el Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, llama a esto “el tsunami del hambre”. Robert Zoellick, Presidente del Banco Mundial, estima que hay 100 millones de nuevos pobres y personas hambrientas como resultado del aumento de los precios de los alimentos.

Aunque sigue la controversia sobre cuánto del aumento de los precios de los alimentos desde el 2006 puede ser atribuido a los biocombustibles, sus efectos no pueden ser obviados. En 2008, 30% de la cosecha de maíz de U.S.A va a ser usado para etanol. Aunque el crecimiento económico en los países en desarrollo (especialmente India y China) y las pobres condiciones de cultivos en ciertas partes del mundo exportador de alimentos (como Australia) son parte de la explicación para el aumento de los precios de las materias primas alrededor del mundo, ninguno de ellos ofrece oportunidades constructivas para una redirección de las políticas. Por contraste, la gama de subsidios, tarifas y mandatos protectores del sector de los biocombustibles, especialmente en los Estados Unidos y en la Unión Europea, están listos para una reforma.

La actual locura por los biocombustibles no es ni limpia ni verde. En vez de eso, ha irrumpido en los alimentos y en los mercados de materias primas y ha inflingido graves penalidades en los consumidores pobres. Estos desarrollos han ocurrido a pesar del record global de las cosechas de grano del 2007. Nuestros análisis (y virtualmente los de todos los demás), asume que la tendencia normal de la cosecha de grano van a continuar o mejorar. Pero las cosechas de maíz de U.S.A, a pesar de dramáticos aumentos a lo largo del medio siglo pasado, también ha mostrado significativas desviaciones de la tendencia, incluyendo bajas de 30% en algunos años debido al clima adverso. Los retrasos en las plantaciones esta primavera en el Cinturón de Maíz debido a condiciones más frías y más húmedas, están empezando a levantar preocupaciones sobre la cosecha de este año. Y, como ha sido reportado recientemente en el Wall Street Journal, muchos economistas “creen que la inflación de los alimentos va a aumentar más rápido que el estimado del USDA y probablemente continúe para el 2009”.

La política responsable de estas presiones, tanto en países ricos y pobres, no ha sido incentivadora. En vez de reducir los mandatos, subsidios y tarifas que apoyan a la industria del etanol, el gobierno de los Estados Unidos ha magnificado nueva legislación agricultora en el Congreso, con mayores subsidios, y ha intercambiado culpas a otros países (o a los economistas). La única reducción simbólica vino en el reciente proyecto de Ley de las granjas, donde se recortaba el subsidio al etanol desde 51 a 45 centavos por galón---difícilmente un cambio significativo.

Las protestas y enfrentamientos políticos relativos al aumento de los precios de los alimentos han ocurrido en varios países en desarrollo, incluyendo Egipto, Guinea, Haiti, Indonesia, Mauritania, Mexico, Marruecos y las Filipinas, Senegal y Yemen. En respuesta, muchos gobiernos han aumentado los subsidios a los alimentos, impuesto controles de precios, restringido exportaciones y quitado impuestos a las importaciones de alimentos. Rusia ha impuesto una tarifa del 40% en las exportaciones de trigo, esencialmente poniéndoles fin. Argentina, que normalmente es un gran exportador de trigo, ha aminorado sus exportaciones. Vietnam, usualmente el segundo exportador más grande de arroz después de Tailandia, ha prohibido las exportaciones de arroz al menos hasta que la nueva cosecha llegue al mercado. Estas restricciones del mercado reducen el suministro disponible en el mercado mundial y dirige mucho más alto los precios globales de esos granos, agravando la inestabilidad de los precios globales.

Casi una década atrás publicamos un artículo en Foreign Affairs (“Un festín removible”, Mayo/Junio 2000) llamando la atención acerca de la inseguridad global de los alimentos, y advirtiendo que las distracciones al rol del comercio y la inversión en los países pobres en desarrollo podría borrar el impacto positivo que el aumento de la productividad de la agricultura ha tenido cuando se trata de reducir el hambre global. Los biocombustibles se han transformado en una distracción tal, que amenazan tanto a la seguridad de los alimentos como al ambiente natural. Ahora es el momento para que los gobiernos respondan, no con mas distorsiones del comercio y subsidios, sino terminando con las políticas fallidas que han creado una industria artificial que está vaciando estómagos y erarios del mundo de los pobres


(Leído por acá)


(Por cierto, estoy siendo muuuuy sarcástico...)
3
Por Edgardo Mocca, para el Granma argentino

En un punto intermedio entre el argumento político y el acto fallido, dijo el senador por Córdoba Urquía en la ya célebre sesión del último miércoles: “Tenemos que lograr compatibilizar una Argentina que produce alimentos para 400 millones de personas en el mundo y que tiene 40 millones de habitantes. No tenemos que estropear la gran torta que tenemos hoy para cuidar el mercado interno. A éste debemos cuidarlo y darles de comer a todos los argentinos, pero lo vamos a hacer cuando la torta sea más grande. Si achicamos la torta, todo va a ser más difícil”. Ironías de la política, el empresario aceitero debe su elección como senador a uno de los muchos despropósitos cometidos por el gobierno nacional, con influencia principal del ministro De Vido, en las elecciones del año pasado en Córdoba. Pero más allá de eso, la frase ilumina un aspecto que suele quedar en las sombras para buena parte de los análisis del conflicto agrario.

Se trata de una dimensión prioritaria para cualquier balance sobre este dramático episodio político que pretenda elaborarse desde una perspectiva progresista. ¿Hubo en el país durante estos cuatro últimos meses un conflicto político alrededor de ideas sobre el futuro del país?, ¿o todo fue un malentendido producto de errores del Gobierno?

La narrativa predominante se inclina abiertamente por la segunda interpretación. Nos dice que la sociedad rechazó masivamente a un gobierno que traspasó los límites de la legalidad institucional; asegura que la violencia y el atropello contra la democracia estuvieron enteramente del lado del Gobierno. Desde otros sectores, incluso entre quienes comparten buena parte del rumbo del país a partir de 2003, se procede a relativizar la importancia de lo que estaba en juego y a concentrar el análisis en la torpeza política y la precariedad comunicativa oficialista. En este último caso, el más interesante para el objeto de este comentario, se parte de la base de hechos incuestionables: ¿quién podría razonablemente hacer una defensa de las armas, la estrategia y los soldados que terminaron librando la “batalla cultural” enunciada oportunamente por la Presidenta? Todo depende, debe insistirse, en el modo en que se colocan las prioridades para el análisis.

Si el conflicto no tiene sustancia estratégica, si la larga y encarnizada puja que vivimos no compromete para nada el horizonte de país en el que queremos vivir, si todo consistió en un ejercicio cesarista de voluntad política sin límites, entonces debe interpretarse el drama como un ataque de locura colectiva circunstancial y pasajero. Hemos estado peleando porque somos así, pasionales e irreflexivos, porque a algunos les gusta vivir en el pasado, porque no entendemos el mundo en el que vivimos...

Pero repasamos las imágenes del miércoles, revisamos las actas de la sesión y, por lo menos, estamos obligados a dudar de esa mirada. Estuvo en discusión el significado del federalismo, se debatió sobre la relación entre crecimiento económico y justicia social, apareció muy nítida la controversia sobre el rumbo del país en el crítico contexto mundial. Por fin, pudimos escuchar cómo se ponían en cuestión algunos supuestos mediáticos que se constituyeron en verdades sagradas durante ciento veinte días. Por ejemplo, el hecho de que si determinada provincia o municipio aporta más al fisco de lo que recibe de éste, estamos ante un caso de “robo” por la política. Pudimos ver cómo se ponía en tela de juicio el concepto de federalismo asociado a la idea de “devolución” de lo que cada provincia o localidad produce; lo hizo el senador entrerriano Ríos en una muy interesante intervención. Quedó flotando la sensación de que la “oportunidad que nos da el mundo” es traducida por algunos como la oportunidad de subirnos a la burbuja financiera de la soja, alentar que unos pocos empresarios obtengan fabulosas ganancias y esperar que la riqueza derrame hacia abajo en la forma de una economía análoga a algunos emiratos árabes. ¿Qué otra cosa debería entenderse de la frase de Urquía con que comienza esta nota?

Se discutía, dicen algunos, por unos pocos millones de dólares. Nada es menos seguro. Lo que estaba en juego era la autoridad de un gobierno recién electo para intervenir en el reparto de una renta extraordinaria. La iniciativa gubernamental fue interpretada como un toque de alerta, como un desafío a un sector al que no es posible desafiar. Claro es que el modo en que fueron tomadas las medidas y hasta su contenido mismo, en tanto no diferenciaron originalmente a segmentos muy diversos de los productores, facilitaron la constitución de una coalición social muy amplia y con un gran componente de clases medias rurales y urbanas en pueblos y ciudades del interior. Pero el núcleo central y estratégico del conflicto es ese 20 por ciento de los productores que exporta el 80 por ciento de la soja y que no se engaña en absoluto respecto de cuál es el rumbo económico por el que está luchando.

Está claro, sin embargo, que el análisis no puede quedarse ahí. La política no es, como predica el paleomarxismo, una superestructura pasiva y cristalizada que refleja las relaciones de producción. La propia formulación presidencial en relación con una batalla cultural tiene resonancias gramscianas; pero sus consecuencias no fueron asumidas. Todo el discurso oficialista estuvo basado sobre la idea de que había un adversario (para algunos, un enemigo) ya constituido e irrevocable. En auxilio de esa lectura se utilizó al pasado, no en clave de explicación o de advertencia sino de anatema contra toda opinión crítica. Una batalla por el sentido común de las mayorías no puede librarse así. Si tengo problemas de relación política con las clases medias no puedo elegir a Luis D’Elía para que las persuada; si necesito fortalecer y ensanchar la coalición política de apoyo no puedo servirme del relato histórico –ciertamente sesgado y muy poco autocrítico– del diputado Kunkel, para arrojar a la cara de los críticos el recuerdo de escenas oscuras o dudosas de su pasado político. Esa idea de la política es pregramsciana. Desconoce que los actores políticos y sociales no son entes “naturales” ni puramente económicos; los construye la palabra política, están hechos de pasiones y razones antiguas y actuales. La política democrática, especialmente incluida la que propugna transformaciones sociales con un sentido de justicia, presupone un grado de optimismo: la idea de que se puede convencer, se puede transformar al adversario en aliado, o por lo menos en neutral.

Claro que la “batalla cultural” no se libraba solamente en el terreno de una medida económica, la de las retenciones móviles. En un país con la inflación absolutamente controlada y con mediciones de precios confiables, por ejemplo, difícilmente el lockout agrario hubiera podido desarrollar la espiral por la que transitó. Los medios de comunicación pueden potenciar el mal humor –lo que de hecho hicieron, actuando con marcada parcialidad–. No pueden inventarlo. Y así es la política en democracia. Tiene sujetos sociales resistentes al cambio y dispuestos, como en este caso, a desarrollar métodos salvajes e ilegales de confrontación, como el corte de rutas, el desabastecimiento y las agresiones de los últimos días a diputados, senadores y sus familias, todo lo cual fue generando un clima de desestabilización política muy manifiesto. La cuestión, para alguien que quiere hacer cambios en democracia, no es claudicar ante ellos ni quejarse de ellos, sino aislarlos de las mayorías para poder avanzar.

Un encarnizado conflicto político-social, sumado a sus propios errores, ha puesto al gobierno de Cristina Kirchner en una dura encrucijada. Todo depende ahora de la lectura de los acontecimientos. Puede existir la peligrosa tentación de reincidir en el repertorio de la política heroica; autopercibirse como un elenco transformador incomprendido o saboteado por los que no quieren que nada cambie. Englobar bajo ese rótulo a todos los que tienen opiniones críticas y oposiciones a determinadas políticas públicas. Es el camino del aislamiento, adornado por la poesía de la revolución traicionada.

No es el propósito de esta nota redactar “consejos” a quien dirige por voluntad popular el país. Desde una perspectiva mucho más modesta, es posible formular una hipótesis: más que las medidas o las iniciativas que se impulsen, lo central de un esfuerzo de recomposición política estará en la percepción de la nueva realidad. Si se parte de la compatibilidad entre el impulso sin claudicaciones de un rumbo de cambios y la promoción del diálogo y la convocatoria amplia y generosa para dar base de grandes mayorías a un proyecto estratégico de país, se puede transformar una dura derrota en una rica lección política hacia el futuro.

0

Por Adrián D’Amore*

La política de alianzas y de construcción política oficial tocó fondo. Antes que lamerse las heridas con la teoría de la traición, la hora impone estimular la participación política y abrir el juego a otros sectores para reanimar el espacio nacional y popular de centroizquierda y renovar el compromiso con la distribución de la riqueza y la intervención estatal en la economía.

Cuando 14 diputados, una decena de senadores y un vicepresidente votan en contra de una iniciativa de su propio gobierno, refugiarse en la teoría de la traición solo puede servir a efectos de una catarsis epidérmica. Por más que el Parlamento posea una concentración de hijos de puta superior al promedio, en términos políticos resulta más eficaz ponerse a analizar las políticas de alianzas que se llevaron a cabo y los actores que las protagonizaron para encontrar explicaciones conducentes.

La estrategia de polarización al mango que los Kirchner empujaron en el conflicto con la patronal agropecuaria sirvió para marcar la cancha pero resultó un tiro por la culata: sus resultados fueron nefastos a la hora de contar los porotos, dentro y fuera del Congreso. Si bien es cierto que el nivel de homogeneidad ideológica de los que apoyaron al Gobierno (en las bancas y en la calle) es harto superior que la comparsa opositora que juntó a Vilma Ripoll con la Sociedad Rural y a Carrió con Barrionuevo, esa ventaja cualitativa no solo no alcanzó a la hora de los números: el grado de apoyo crítico al Gobierno es alto y esa supuesta homogeneidad a la hora de defender la democracia y valores altos como la redistribución de la riqueza se empieza a diluir cuando comienza el hilado fino.

En la edición de este martes dijimos al respecto de la votación en el Senado: “Si el oficialismo triunfa, será por un pelo y le quedará gusto a poco. Si la oposición da el batacazo, el Gobierno sufrirá una derrota dura pero no será el fin ni mucho menos.” Es cierto que nunca esperamos el final de película en manos del vicepresidente, que regaló un bonus track de desgaste oficial por sobre la ya inesperada victoria de los ruralistas. Lo que no cambia es la convicción de que el matrimonio K enfrenta por primera vez en cinco años el reto de gobernar con una oposición aun desarticulada en términos electorales pero con virtualidad de poder de cara al 2011. Frente a ese escenario, su mayor desafío será recomponer una política de alianzas y de construcción política que tocó fondo.

En la casilla de correo, en los blogs, en la calle, en el bar, por teléfono, las conversaciones y los testimonios de compañeros y amigos desnudaban la impotencia por la trasnochada estéril frente a la TV y una enorme necesidad de juntarse a buscarle la vuelta al asunto. Vale decir que esa sensación nos invade desde hace rato, acentuada en el día de la fecha por la carga de la novelesca sesión. La frase más escuchada como salvoconducto a tiempos mejores, como solución para espantar la mufa y revertir el humor es cambio de gabinete. Los medios la agitan desde hace rato, seguramente con expectativas diferentes a las nuestras. Sin ánimo agorero, hay que decir que el valor de un eventual cambio de gabinete dependerá de las alianzas político, sociales y económicas que represente.

Esto no se arregla con maquillaje. Para conformar el espacio de centroizquierda nacional y popular que tanto pregonó el ex presidente hará falta abrir el juego y estimular y canalizar la participación política a otros actores, hacia adentro y hacia fuera del universo K. Reafirmar los ejes políticos que despuntaron en 2003 y comenzar a tejer acuerdos con sectores que jueguen en serio a favor de redistribuir la riqueza en una sociedad más justa y en un país cuyo proyecto no se quede en el modelo agroexportador que menta De Angeli.

¿Cómo se arma ese nuevo gabinete? Desde ya que nos excede la respuesta. A modo de ejercicio, algunas preguntas cuya consistencia vale menos que la intención de esbozar el rumbo de la búsqueda.

¿Es desestabilizador pensar en el senador Eric Calcagno en la cartera de Hacienda para poner en marcha una batería de medidas que favorezcan a los asalariados y reivindiquen la intervención estatal en la economía, gravemente herida por el traspié de la 125? ¿O conviene sostener a un funcionario gris que no parece decidir ninguna variable ni macro ni micro?

¿Sería ilógico convocar a los equipos del intendente de Morón Martín Sabatella y de los socialistas que gobiernan exitosamente Rosario hace 15 años para sumarlos a trabajar en programas de fortalecimiento para los municipios de todo el país?

¿Es tan descabellado suponer que entre los cientos de intelectuales del espacio Carta Abierta puede surgir un equipo con ideas y capacidad de gestión que resucite a la exangüe Secretaría de Cultura de la Nación?

Más allá del peso real y simbólico que posee el otorgamiento de la merecida y postergada personería gremial, ¿no existen otros elementos para convocar a la CTA (o lo que quede de ella) para la formulación de políticas públicas que operen sobre un mercado laboral estragado por la informalidad y el negreo?

¿No tendría un poco de sentido, después de lo escuchado estos cuatro meses, que representantes de colectivos como el MOCASE y el Grupo de Reflexión Rural tuvieran participación en las políticas agrarias y de Medio Ambiente para atenuar los efectos de los agrotóxicos y la siembra directa?

¿Sería una locura incorporar a la gente del Grupo MORENO para desarrollar una política energética a mediano y largo plazo o a los expertos de FLACSO para la regulación de los servicios públicos?

¿Sería una claudicación implementar la propuesta del ingreso universal por hijo por el solo hecho de que haya sido impulsada en algún lejano momento por la pitonisa mesiánica de Carrió?

En medio de estos días de conmoción, una verdad sencilla quizá sirva para otorgarle un poco de aire a la esperanza. Con 50 mil millones de dólares de reservas y un poco de ganas de hacer política en serio, alguna cosa se podría intentar. Impulsar una nueva ley antimonopólica de comunicación y gravar la renta financiera son medidas que caen de maduras, aunque supongan otros choques de fuste con el poder concentrado para los cuales seguramente convenga tomarse un respiro.

En cualquier caso, como escribió Dolina alguna vez, “más vale perder con los amigos que ganar con los indeseables”. Y nada peor puede haber, está visto, que comerse el garrón de la derrota con demasiados indeseables como aliados y encima no hacer nada para torcer el rumbo.

Fuente: Revista Zoom Digital

0

Ante todo reconocer que no fue “solamente” una votacion sobre retenciones y otras agrarias, ya que paso a ser una pulseada simbolica y metaforica, sobre quien manda y como se manda en la Argentina.
Segundo, la derecha actuo estrategicamente muy habilmente y logro polarizar la situacion (usando guerra psicologica, medios mediante, mails virales falsos, rumores , corridas financieras, mitologias,)a su favor. Atrajo asi a muchisimos sectores que no logran entender el estilo ni las intenciones del gobierno, confusion alimentada por esa guerra psicologica.
Tercero, el gobierno estuvo flojo desde el principio en negociar, aclarar sus objetivos (que fue variando), desmenuzando con claridad y consistencia las falacias de los rentistas agrarios (evasion impositiva cronica y profunda, ganancias crecientes, falta de representatividad de los realmente pequenos productores, crecimiento de la exportacion pese al presunto lockout, empleo en negro y mal pago, etc.). Hoy mismo los propios que apoyamos no sabemos ciertamente el objetivo del aumento de retenciones (hospitales y caminos; o pago de la deuda externa; o compensacion de subsidios? cualquiera de esos tiene sentido, pero no hubo consistencia y parecian excusas ex post facto.

Cuarto, la falta de transparencia, consistencia y estrategia negociadora del gobierno dio alimento las (falsas creo) acusaciones de soberbia, incapacidad, corrupcion y otras paparruchadas. Tambien parece mostrar la falta de cuadros y organizaciones que sean capaces de vehiculizar esa informacion a su gente, y devolver al Gobierno las dudas y preguntas de la base. El efecto refrescante y valioso de la reunion de Nestor con los intelectuales no reemplaza una organizacion (politica, sindical, intelectual, estudiantil, barrial)que se refuerza en tanto dialoga, y contribuye a socializar y a controlar la informacion estatal.

quinto, la polarizacion abre nuevas posibilidades. Ha mostrado quien es quien, nucleando a la reaccion tradicional con los ultras de la paleoizquierda, y a la derecha peronista. Esta coalicion -que permite que muchos patrones, peones, empleados, jefes, ricos, proles y otros, convivan en la misma carpa de circo,sirve mientras dura el circo. Despues cada cual se va a su casa, salvo que el circo siga en la calle y los medios. La propuesta de avanzar con medidas sociales fuertes, la ley de radiodifusion, la construccion de viviendas sociales en serio, hospitales, apoyo al desarrollo cientifico-tecnologico etc.(o sea redistribuir en serio la riqueza, el acceso a oportunidades y a informacion),con una politica de transparencia y apertura. Salir del circo y entrar en la lucha dentro del drama real de la mayoria de las familias.

Abre tambien la posibilidad de recuperar a los que estan hartos del circo y rechazan entrar a el guiso derechista de Palermo.

Y la de politizar organicamente a muchos sectores que hoy apoyan tibiamente pero intervendrian con conviccion y energia en serio , si se aclararan temas, objetivos, y se les abriera participacion genuina.

Y por ultimo, creo que hace ver a muchos que un buen manejo institucional da reditos politicos (p.ej. haber mandado la 125 y otras de entrada al Congreso, no por legalidad sino por legitimidad; p.ej. haber usado al INTA de entrada para distinguir los pequenos de los medianos, los rentistas de los productores, etc.)


(leído por acá)
0
Por Beatriz Alem (Coordinadora de la Licenciatura en Comunicación. Universidad Nacional de General Sarmiento)

Por Pablo Castillo *

En los últimos años, parece consolidarse una nueva percepción sobre los modos en que se configuran las prácticas políticas y sociales. Desde estas lecturas –a veces demasiado apresuradas en sacar conclusiones taxativas–, el papel de los medios de comunicación masivos adquiere una centralidad cada vez más decisiva. ¿Es posible sostener –como afirman algunos autores– que la configuración de un espacio público global es efecto de las actuales transformaciones tecnológicas que redefinen los modos de las prácticas sociales? ¿Alcanza con decir que determinadas prácticas o discursos son públicos en la medida en que se sostienen desde un estatuto de visibilidad que convoca “a la mirada del público”?

Es cierto que hay una visibilidad que pre-existe a la mirada mediática, pero, en todo caso, de lo que se trata es de distinguir en qué medida las nuevas representaciones sociales –aunque se posicionen renegando de la política– se inscriben en un escenario construido desde una lógica de estrategias que denotan siempre una práctica política. Ya hace más de diez años Derrida se preguntaba si “¿es seguro que corresponda a la palabra ‘comunicación’ un concepto único, unívoco, rigurosamente dominable y transmisible: comunicable?”.

A lo largo del siglo pasado, se han desarrollado distintas miradas sobre el lugar de la comunicación y en particular de los medios masivos en la configuración de aquello que llamamos realidad. Por otra parte, las miradas en el campo comunicacional fueron avanzando en otras direcciones, cada vez más alejadas de las posturas conspirativas influidas tanto por la Escuela de Frankfurt como por “el marxismo de manual”.

El desafío para poder pensar la tensa relación entre los medios, la apropiación de las nuevas tecnologías y la ecuación progresismo-procesos sociales supone posicionarse como señala Jesús Martín-Barbero: “En analizar la constitución de lo masivo por fuera del chantaje culturalista que los convierte inevitablemente en procesos de degradación cultural”. Pero, más allá de cierta especificidad, las dificultades de trabajar en un campo no totalmente institucionalizado hacen difíciles de explicar los procesos comunicativos por fuera de la teoría social. Muchas veces, cuando queremos pensar el modo en que opera el discurso de los medios sobre el campo de lo social, se omite el papel que las mediaciones culturales, tecnológicas, cognitivas, familiares, colectivas, etc., desarrollan permitiéndoles a los sujetos resignificar los mensajes.

Hoy es un hecho que los medios se han incorporado como una nueva herramienta de expresión, ya no sólo para los políticos “profesionales”, sino para sujetos y colectivos sociales, que acortaron las distancias –al menos simbólicamente– entre la pantalla y la platea. En algún momento, la escuela, la familia, las instituciones sociales, las fábricas, funcionaron como lugares privilegiados en donde no sólo se transmitían ciertos saberes y se legitimaban prácticas y supremacías, sino que se conformaban simultáneamente como ámbitos de disputa materiales y simbólicos en la construcción de procesos colectivos. Como diría Renato Ortiz: “El mundo contemporáneo pone precisamente en cuestión esas jerarquías y valores. Al expandirse el dominio mediático tiende cada vez más a subordinar las esferas culturales autónomas a la voraz lógica del mercado”.

Abordar esta problemática desde una mirada cultural progresista supone, entonces, encarar dos movimientos simultáneos: la superación de los resabios del modelo racionalista-tecnocrático que aún habita en muchos de sus discursos, así como también despojarse de cierta mirada ingenua que muchas veces prevalece en sus análisis sobre los modos de conformación de los procesos sociales.

* Psicólogo. Magister en Comunicación.

0
Ciclo de Charlas
3º Encuentro

"Medios, Estado
y Universidad"



Martes 8 de Julio / 19:30hs
Facultad de Ciencia Política y RRII

Panel Debate:


GUSTAVO LÓPEZ
(Presidente del Directorio del Sistema Nacional de Medios Públicos)


GERARDO MARTÍNEZ LO RE
(Docente Comunicación Social. Director de Radio Universidad UNR)

JUAN PABLO SARKISIÁN
(Periodista Diario El Ciudadano. Integrante de la Comisión Directiva
del Sindicato de Prensa Rosario)




organiza:

movimiento
MARTIN FIERRO


0

Ardua tarea la de (intentar) conjugar la ‘sociosemiótica’ con la ‘filósofía política’ contemporánea. Se había mencionado en clase, no es novedad, pero bien vale la pena comenzar insistiendo una vez más sobre el asunto. Sobre todo cuando uno ha llegado a esta altura de la carrera casi sin sentirse perturbado por este tipo de ‘situaciones filosóficas’ que invitan a pensar —y a problematizar— lo que a veces parece impensable, con la carga de ‘goce’ intelectual y la riqueza teórica que esa tarea presupone.

Por empezar, debería aclarar —para cumplir con ese dicho que afirma que quien avisa no traiciona— que durante este rato que estemos juntos (y seguramente por una cuestión de propia formación intelectual) esta tensión entre disciplinas teóricas probablemente tienda a inclinarse hacia el lado de la ‘filosofía política’, una materia que también revela una determinada disposición personal hacia un tipo de escritura más bien abierta, libre y sin las restricciones ‘metódicas’ que imponen otras disciplinas más estrictamente académicas. Hecha la salvedad, remitámonos a las pruebas.

Pero, ¿en qué consistirían precisamente nuestras pruebas, los hechos sobre los cuáles tejer posibles conjeturas? Se ha dicho, lo estipula el programa de la materia: “reflexiones sobre los vínculos en la cultura mediática”. Es decir, intentar un análisis sobre la conformación de las subjetividades sociales en esta era de la ‘mediatización’. Indagar su incidencia sobre las configuraciones subjetivas, en la conformación de identidades y en el establecimiento de vínculos sociales. Está claro: lo que estamos buscando es tratar de entender que pasa con el Sujeto —ahora que parece haber resucitado, junto con la(s) Ideología(s) y la Historia luego de una breve estancia en el panteón de las ciencias sociales— en esta nueva etapa (¿neo/ tardo/ sobre?) de la modernidad capitalista. Una tarea encomiable y fascinante, desde ya. Pero no menos espinosa, por cierto.

Artículo completo, acá
Por Artemio López*
05.07.2008

El gobierno nacional se aprestaba a legitimar a través del Parlamento la resolución 125. Se trata de un claro predominio del poder político y del estado de derecho sobre demandas corporativas, y en esta perspectiva resulta un inocultable reforzamiento de la institucionalidad democrática. Dicho esto, es necesario ir un poco más allá en el análisis de lo acontecido desde el 11 de marzo hasta aquí. Al respecto, de los mayores hallazgos que muestra la disputa entre las facciones agrofinancieras y el gobierno nacional resulta la comprobación demoledora de la apropiación del saber específico del sector agropecuario por fuera del Estado nacional en general y de la dirigencia política en particular, cuyo plexo de conocimiento es aún la retórica abogadil. Efectivamente, producto sin dudas de largos años de desarticulación del aparato de Estado y sus cuadros técnico-burocráticos y la crisis de las estructuras partidarias, tanto el Estado nacional como la dirigencia política en su sentido amplio es hoy relativamente incapaz de superar la vaguedad y el eslogan para tratar temas sectoriales, en este caso particular, la problemática agropecuaria.

Una de las razones del conflicto –no la única, puesto que nadie desconoce la existencia de intereses muy poderosos– es esta ausencia notable de cuadros técnicos capaces, incorporados al Estado y a la vida política partidaria no sólo en su variante oficialista. Por caso, la evaluación errónea del impacto y extensión del conflicto agropecuario remite sin duda a la ausencia de información y conocimiento específico suficiente acerca de las modificaciones en la estructura social de la Pampa Húmeda, producto de la persistencia más o menos tradicional de la estructura de propiedad de la tierra impresa sobre sustanciales transformaciones en los mecanismos de apropiación productiva, consecuencia de la gran incorporación tecnológica en el sector durante los años noventa.

En este sentido, el impacto tecnológico modificó drásticamente los mecanismos de apropiación productiva, más allá de la persistencia de la estructura de propiedad de la tierra, constituyendo adicionalmente un nuevo tipo de “sujeto agrario”, muy extendido y activo en este conflicto, que tampoco es estrictamente el que plantea Federación Agraria, bajo la bucólica figura de “agricultura con agricultores”.

Se trata de un nuevo sujeto, arrendatario o arrendador con intereses convergentes, en el caso de la soja, pero no sólo en este caso, con los cucos aparentes de esta película, los temibles pools de siembra, que en conjunto y medidos en términos de propiedad son minoritarios, pero en apropiación vía tecnología y magnitud de producción, resultan muy extendidos. Como se sabe, estos grandes pools arriendan tierra cuyo mapa de propiedad reproduce sin grandes modificaciones el histórico, extendiendo entonces el arco de coincidencias de intereses ayer divergentes, que ahora agrupa a pools, los históricos, grandes propietarios de tierra y el “nuevo sujeto agrario”, pequeños y medianos “productores”, en rigor cada vez más arrendatarios o arrendadores.

Es esta coincidencia de base, producto de las modificaciones en la estructura social de la Pampa Húmeda (y probablemente en parte en la región extrapampeana) la que permite la convergencia en la demanda de las entidades gremiales del sector, antes enfrentadas.

Éste es el “nuevo sujeto agrario”, con intereses coincidentes con pools y grandes propietarios, tras la incorporación tecnológica de los años noventa, las modificaciones en la estructura productiva y el alto precio de los commodities agrícolas, que quita centralidad al pequeño y mediano productor del discurso de agricultura con agricultores, cuyo destino no puede hoy ser otro que el subsidio estatal, sin el cual su sobrevida resulta impracticable tras el clic tecnológico de los noventa y la escala de producción requerida por el aumento de la demanda internacional.

En esta perspectiva, cuando Alfredo De Angeli sostiene “¿para qué queremos la ley de arrendamiento? Sólo sirve para embarrar la cancha y dividir a las entidades”, resulta mucho más sincero y ajustado a la realidad del “nuevo sujeto agrario” que el discurso de culebrón mexicano que suele repetir Buzzi cuando pide que la baja en las retenciones móviles llegue “a los gauchos de hasta 3.000 toneladas” (sic). ¡Mon Dieu! De utilizaciones abusivas de la figura del “gaucho” sólo recordamos una que supera a la de don Eduardo: Mundialito, el simpaticón gauchito del Mundial 78. En fin, señores de “el campo”, el Parlamento vota, digan “alpiste” y sobre todo finishela con el llanto del “sujetito agrarito”. Parafraseando al despechado cumpa Caparrós, “no hablen más de esas cosas, no nos ofendan con memorias falsas. Seguro que si buscan otros temas los encuentran: la Argentina es un país tan generoso, tan sediento. Por favor, tómense el trabajo. O sigan creyendo que somos todos pelotudos, y paguen el precio que suele cobrar esa creencia.

*Director de la Consultora Equis.
1

(...) Entonces, ¿cómo leer lo que, a todas luces, es una derrota kirchnerista? Contra la opinión de muchos amigos, debo decir que el saldo es favorable. Lo es porque mejora la política sectorial pero también por las enseñanzas que deja. Claro, si hubiera estado en juego la suerte del oficialismo o la potestad estatal para intervenir en la economía, como se machacó una y otra vez por estos días, la cosa sería distinta. Pero no, ni se va a caer la fuerza de gobierno ni queda lesionada la legitimidad del Estado para discutir la ganancia empresaria. Los K han demostrado que cuentan con gran variedad de recursos para el control de daños y lo que vemos es cómo se debaten políticas públicas en el ámbito público más propicio. Nada más, nada menos.

De las enseñanzas, rescataría:

1. La creación de subjetividad es un tema demasiado denso como para dejarlo, exclusivamente, en manos de empresarios y, por eso mismo, las fuerzas democráticas no se pueden dar el lujo del posibilismo cuando se trata de los Medios. Los acuerdos con las corporaciones mediáticas duran lo que ellas deciden y los gobiernos terminan siendo rehenes de esos acuerdos. Se advirtió sobre las consecuencias de la política adoptada por el kirchnerismo en la materia. Ahora volvemos a llamar la atención sobre el punto. Más allá de las movidas a lo Brancaleone contra el grupo Clarín, necesitamos reaseguros de que el camino iniciado termina en una profunda democratización del sistema de comunicaciones. Cosa que no se vincula, en modo alguno, con tenerlo a Rudy Ulloa manejando acciones de Telefé.

2. Se ratifica aquello de que los líderes nacionales de mayor relieve despiertan pasiones más fuertes en sus detractores que entre seguidores. Efectivamente, aglutina la bronca, la fobia o el temor hacia el otro antes que la fe en el proyecto propio. Así las cosas, el peor escenario podría sobrevenir en caso de avanzar por la senda del Subcomandante D’Elía. Profundizar los clivajes, en estas condiciones, no ayuda a crear hegemonía ni a alumbrar los significantes vacíos y las cadenas equivalenciales patentadas por Laclau. Hay que deconstruir los discursos que disparan los actuales clivajes en lugar de alimentarlos. Hay que polarizar por otro lado y entender que no existe proyecto progresista sustentable sin el concurso de los sectores medios. Criticamos el intento de articular un relato basado exclusivamente en las creencias o representaciones dadas de las clases medias, ok, pero la confrontación, tal como está planteada, no hace otra cosa que apuntalar el sentido común de dichas clases. De nuevo, una fuerza de cambio no puede actuar como un espejo que refleja las miserias y virtudes de la sociedad, está obligada a introducir elementos de ruptura. Esas grietas en el sentido común son nuestra tarea para el hogar.


Buscar "grietas" en el sentido común de las 'clases medias' seguro que Mide, pero ¿alcanzará?