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(...) Creo que en la discusión del clientelismo se habla mucho en términos republicanos y no se termina de entender de qué se trata. La solución no es suprimir el clientelismo, sino que se haga más público y transparente. Si lo elimináramos, ¿con qué lo remplazaríamos? Pensar en diferenciar entre prácticas reales e ideales lleva al fracaso seguro, y sería una solución formalista. La verdad es que la gente vota por intereses y en todo caso, el clientelismo debería ser más competitivo y más público. Es decir, que se sepa que el político que ganó una elección, lo hizo porque pavimentó una calle o repartió chapas en un barrio y que se diga cuánto se gastó en eso.

artículo completo
(si esto es lo que nos espera, mamita...)
Cada tanto (no sé, un par de veces al mes, al día: cada tanto) la industria del electrodoméstico se toma el trabajo de colocarnos frente a ese síndrome tan desesperadamente argentino: y yo ¿la tengo grande? Heladeras como placares. Lavarropas como heladeras. Y, últimamente con cierta desbocada ferocidad, los televisores, que ya no se llaman televisores: se llaman plasmas. Plas-mas. Nuevos nombres para viejas cosas. Viejas cosas que van perdiendo su lugar en la historia, su razón de ser y su nombre.
En el Frávega de Florida y Sarmiento, ocupando un ventanal completo, guaranga y bestial, hay una tele. Ciento tres pulgadas de pantalla plana histeriqueándole al mundo que pasa y cogotea.
No es una tele: es un muro. No es un muro: es un mural. Un mural en movimiento con, generalmente, un partido de fútbol jugándose allí dentro, aunque a veces también hay una carrera de Fórmula Uno. Si te toca el partido, vas a ver los blancos quemados de un césped no del todo bien cuidado. Si te tocan las carreras, cuidado con los McLaren que te pasan por encima.
En las juntas del vidrio donde encastra la transparencia de la pared, un faja adhesiva negra te recomienda: pensá en grande, pensá en plasma. Es un chiste cruel. A nadie de los que diariamente componen esa escena le importan los plasmas, ni siquiera a los tipos que los venden, ni siquiera a los tipos que los fabrican. Lo único importante allí es el alarde huevón de algo que se define por su tamaño: el de la pantalla, que se transforma en una interpelación directa al resto de los tamaños que te acompañan: el de tu billetera, el de tu tarjeta de crédito y todos los demás. Le pregunto al vendedor cuánto son 103 pulgadas.
–Muchas.
Dos metros con sesenta y un centímetros.
El ancho de la pantalla es de, va de vuelta, dos metros con sesenta y un centímetros. No entra en un Fiat Duna. No entra en casi ningún ascensor respetable de la ciudad de Buenos Aires. Tampoco está hecha para andar por ahí. ¿Y para qué está hecha? La obscenidad argentina cuenta con un maravilloso instinto de supervivencia. Después de las ocho y media, los vendedores bajan la persiana metálica y ella queda del todo protegida, porque la noche es áspera para su majestad, y cuando los carros de los cartoneros s e amucha n en la esquina de enf rente, en diagonal al McDonald’s, y todo se llena de bolsas negras con restos de papas fritas y de mujeres hinchadas de arroz y pulenta y de señores con remeras que obtuvieron en el acto aquél del candidato aquél y de nenes en pata, ella teme. A la mañana siguiente, con la luz del día, cuando vuelven a pasar por delante las trabajadoras y los trabajadores de cuello blanco, la dama pela. Y otra jornada transcurre en la esquina del resplandor intocable, frente a ese altar de la desproporción. Es posible que la pregunta que le sigue a cuánto son 103 pulgadas sea cuánto cuesta llevarse esas 103 pulgadas a casa. Cualquiera sea el precio de esa monstruosidad es un precio irreal, porque es irreal lo que está a la venta, en el caso en que de verdad haya algo en esa vidriera que esté a la venta. Hay, parece haber, antes que la posibilidad de una operación de compra, la estrechez del lujo al pedo, la grasa de las capitales. Dos metros con sesenta y un centímetros. Una divina total.

(gracias a Creando Futuro)
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Si la presidenta de la Nación logra reciclar su inteligencia, desprendiéndola de la sujeción simbiótica al masculino que se le impone, reestructurará su política de alianzas y adversarios. De lo contrario, habremos perdido otra gran oportunidad como Nación y sociedad.
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“Sin ellos no somos nada. Vida y muerte de los medios masivos”

El Departamento de Comunicación y la Escuela de Comunicación Social de la UNR invitan al debate “Sin ellos no somos nada. Vida y muerte de los medios masivos”, el martes 12 de agosto a las 19 horas en el CEC, Sargento Cabral y el río.

Participarán el Dr. Eliseo Verón, de la Universidad de San Andrés, Argentina; el Dr. Carlos Scolari de la Universidad de Vic, España; el Dr. José Luis Fernández de la UBA, Argentina; el Dr. Mario Carlón de la UBA, Argentina y la Dra. Sandra Valdettaro de la UNR, Argentina.

Más información:

Teléfonos: 4802245/940/

latrama@fcpolit.unr.edu.ar

contacto@cecrosario.gov.ar

www.cecrosario.gov.ar

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El Código Chávez
Por Atilio A. Boron, para Página/12

Por Luis Hernández Navarro, para La Jornada de México

Este año las naciones más pobres pagarán 65 por ciento más por la importación de cereales.

El precio de las verduras también ha sufrido fuertes incrementos, pese a que ha aumentado la producción de algunos productos.

Comenzó en México como la guerra de la tortilla en enero de 2007. Se siguió a Italia como la huelga del espagueti nueve meses más tarde. Después se convirtió en alud imparable. Las protestas contra el alza en el precio de los alimentos se sucedieron en Haití, Mauritania, Yemen, Filipinas, Egipto, Bangladesh, Indonesia, Marruecos, Guinea, Mozambique, Senegal, Camerún y Burkina Faso.

En el mundo de hoy hay más hambre de la que había. La desesperación y la rabia ante el hecho de no tener un bocado que llevarse a la boca han provocado saqueos y robo de cereales en campos, bodegas y tiendas; también caos, pillaje e incendios. Muchos gobiernos han respondido con detenciones arbitrarias, asesinatos y torturas. En Pakistán y Tailandia los ejércitos patrullan las calles.

En Haití, las manifestaciones dejaron saldo de varios muertos y decenas de heridos. Para paliar el descontento, el haitiano René Preval anunció un programa de subvención para la producción local de arroz, leche y huevos.

En Marruecos, ciudadanos furiosos han formado los tansikiyate para luchar contra el alza de precios de productos de primera necesidad. El pan subió de golpe 25 por ciento en septiembre de 2007, y se produjeron graves incidentes en la ciudad de Sefrú.

En Egipto, el descontento actual remite a épocas pasadas. El clérigo Sheik Yusef al Bradi, de la Universidad de Al Azar, recordó las similitudes con la famosa “revuelta del pan” en 1977, cuando el gobierno intentó recortar las subvenciones a los alimentos y se produjeron grandes disturbios. Por lo menos tres personas murieron en el delta del Nilo.

En febrero de 2008 se suscitaron graves conflictos en Camerún. La policía reprimió salvajemente a los inconformes. El presidente Paul Biya, quien gobierna desde 1982, reconoció 40 muertos; los inconformes afirman que fueron más de 100.

Se trata de un hecho global. Usualmente la escasez generalizada de alimentos se ha producido en países y regiones localizadas, ante desastres naturales, plagas o guerras. Pero ahora sucede de manera simultánea en multitud de naciones y varios continentes.

El aumento –por ejemplo– a los precios del trigo tiene impacto real, pero limitado, para los consumidores europeos. En el viejo continente el pan supone apenas 1.8 por ciento del costo de la canasta básica. Pero en países con poblaciones pobres, como India, China y Egipto, que han hecho grandes esfuerzos por combatir la desnutrición, ha tenido efectos severos.

La situación es dramática. Cada cinco segundos se produce en el mundo una muerte de un menor de 10 años por hambre, y la situación va a agravarse. Hay cerca de 850 millones de seres humanos que no tienen que comer. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que, a partir de la actual crisis, hay 100 millones de personas hambrientas más. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en 37 países se ha desatado una crisis alimentaria. En 2008, los naciones más pobres pagarán 65 por ciento más por sus importaciones de cereales; en algunos países africanos el incremento será de 74 por ciento.

Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a los alimentos, sostiene que es como si detrás de cada víctima por la hambruna hubiese un asesinato. “Esto es un asesinato en masa silencioso.”

La ley de San Garabato (vender caro, comprar barato)

La producción de alimentos se ha modificado notablemente en el último año y medio. Las piezas del sistema agroalimentario mundial se han trastocado. Hasta ahora la agricultura se había caracterizado por una caída sostenida en los precios reales, acompañada por incrementos temporales en los precios de algunos productos, cultivos excedentes, agresivas políticas de apoyo a los precios y protección comercial. Esta disminución en los precios ocurrió a pesar del aumento en los costos de fertilizantes y energéticos.

Esa tendencia cambió ya radicalmente. El nivel de reservas de granos y oleaginosas, de acuerdo con los estándares históricos, se ha reducido dramáticamente. Sus precios se han incrementado hasta llegar a las nubes.

Hoy, el arroz cuesta en Asia tres veces más de lo que valía hace apenas tres meses. En la bolsa de Chicago el precio de un bushel (25.401 kilogramos) de maíz alcanzó 6.37 dólares, precio nunca antes visto. El trigo elevó su valor 130 por ciento en un año.

Esta escalada inflacionaria abarca muchos otros productos agropecuarios. En México el litro de aceite subió de 6.73 pesos en enero de 2006 a 36.50 en abril de 2008, mientras el pan de caja pasó de 13.21 pesos en enero de 2006 a 24 en abril de este año. En casi todo el mundo han aumentado lácteos, carnes, huevo, vegetales y frutas.

Irónicamente, durante 2007 la producción mundial de granos aumentó 4 por ciento en relación con 2006. La cosecha fue de 2 mil 300 millones de toneladas. Esto es un volumen tres veces mayor al obtenido en 1961. Sin embargo, durante ese mismo lapso la población humana se duplicó.

El problema del hambre en el mundo no es, entonces, falta de comida, sino que millones de seres humanos no pueden comprarla. En contra de lo que señalan las leyes del mercado, que dicen que si la producción aumenta los precios bajan, el costo de los alimentos ha subido.

Parte de la adversidad proviene de la creciente concentración monopólica de la industria agroalimentaria mundial. El hambre de muchos es la bonanza de pocos. En momentos de adversidad como la actual, un puñado de empresas han visto crecer sus ganancias de manera desorbitada.

Es el caso de las compañías dedicadas a la fabricación de fertilizantes. Durante 2007, Potato Corp incrementó sus beneficios 72 por ciento respecto de 2006. Yara tuvo 44 por ciento más utilidades. Las ganancias de Sinochem crecieron 95 por ciento, y las de Mosaic 141 por ciento.

También las grandes comercializadoras de granos. Durante los tres primeros meses de 2008, Cargill obtuvo beneficios 86 por ciento mayores que durante el mismo periodo del año anterior. En 2007, ADM tuvo ganacias 67 por ciento superiores a las de 2006; Conagra, 30 por ciento; Bunge, 49 por ciento, y Noble Group, 92 por ciento.

Igual suerte tienen las multinacionales procesadoras de alimentos, como Nestlé y Unilever, y las firmas dedicadas a producir semillas y agroquímicos, como Dupont, Monsanto y Sygenta. (Véase, “El negocio de matar de hambre”, Grain, abril de 2008).

Los granos de la mazorca

¿Por qué, entonces, si el volumen de la cosecha de granos en 2007 logró récord mundial, los precios de los alimentos se han elevado?

Básicamente, por la confluencia de cinco factores en el marco de la crisis general de un modelo de producción agropecuario. Éstos son: utilización de granos básicos para elaborar agrocombustibles; incremento en el precio de los insumos; efectos del calentamiento global en la agricultura; cambios en el patrón de consumo alimentario, y la especulación en la bolsa de valores. Todo ellos como parte de la crisis del modelo de la agricultura industrial en grandes predios, altamente dependiente del petróleo, basada en la lógica de las ventajas comparativas y el libre comercio, dominante hoy día.

En sincronía con el aumento del precio del petróleo en el mundo, se ha intensificado la elaboración de agrocombustibles. Más que por el impulso del mercado, su fabricación ha crecido por el apoyo de cuantiosos subsidios y políticas públicas destinadas a su fomento. La Unión Europea acordó como obligación para 2010 que 5.75 por ciento del transporte se base en bioetanol y biodiesel. En Estados Unidos, la legislación prevé que en 2012 se usarán 27 mil millones de litros de agrocombustibles. George W. Bush propuso como meta elaborar 133 millones de litros en 2017. Para ello se ha establecido un ambicioso programa de incentivos económicos a los productores.

El crecimiento de la demanda mundial de agrocombustibles ha reducido la producción de granos, reconvertido los cultivos en amplias superficies agrícolas y disparado los precios. La población mundial consume directamente menos de la mitad de los granos que se cosechan. El resto sirve para alimentar vacas y vehículos motorizados.

El incremento en el precio del petróleo ha subido los costos de producción agrícola. El modelo preponderante es adicto al oro negro. No puede sembrar sin él. Los fertilizantes y parte de los agroquímicos utilizados en las cosechas son hechos con petróleo. La maquinaria y los vehículos para sembrar, cosechar, procesar, almacenar y transportar necesitan combustibles y aceites provenientes de refinados del petróleo. Parte de la energía eléctrica requerida para extraer agua y regar los sembradíos se genera con derivados del petróleo. Los plásticos que cubren invernaderos y las mangueras para regar los campos son fabricados con materias primas provenientes del petróleo. Los materiales para envasar y el trasporte hacia los mercados requieren derivados del petróleo. Y todos ellos cuestan más ahora. Plásticos como el polipropileno valen hasta 70 por ciento más que en 2003.

El modelo agrícola industrial preponderante es parcialmente causante del cambio climático. Ahora, esa transformación ha dislocado la agricultura mundial. La tradicional incertidumbre del sector es mucho mayor. El uso excesivo de fertilizantes, la degradación de suelos, la reconversión de terrenos antes forestales y la ganadería han convertido la agricultura en uno de los mayores productores de gases de efecto invernadero. Según el informe Stern, la suma de producción agrícola, cambio de uso del suelo, producción y comercialización de insumos y fabricación de equipos e implementos agropecuarios, son responsables de 41 por ciento del total de gas carbónico que se emite en el mundo.

El clima ha enloquecido y arrastrado la vida rural. La sequía en Australia devastó las siembras de trigo, y las exportaciones cayeron más de 20 por ciento. Canadá, segundo productor mundial después de Estados Unidos, va a tener la producción más pequeña en cinco años. En Kansas se sufrieron nevadas. En China, el calentamiento global acortará el periodo de crecimiento de los cereales y las semillas no tendrán tiempo de madurar. Además, las recientes inundaciones destruyeron 5.5 millones de hectáreas de trigo y colza. Sequías y lluvias amenazan con derrumbar las cosechas por doquier.

El crecimiento económico en países como India y China ha modificado la pauta de consumo alimentario de millones de personas. Hoy comen más, mejor y otro tipo de productos. Por ejemplo, el consumo de carne de vacuno ha aumentado. Pero para producir un kilo de carne de res en pie se necesitan ocho kilos de cereales. Un kilo de carne comestible requiere el doble de cereales. Así, detrás de los millones de hamburguesas que se consumen en el mundo hay más y más sembradíos de granos y oleaginosas para engordar vacas.

El mercado agrícola ha entrado en la órbita financiera. La comida forma parte del casino de la especulación financiera. Ante la crisis de las hipotecas, la debilidad del dólar y la recesión en Estados Unidos, los fondos de inversión se han trasladado al lucrativo negocio del hambre. La comida se ha convertido –mucho más de lo que ya era– en bien para especular. Durante 2007, dichos fondos invirtieron 175 mil millones de dólares en el mercado de futuros (contratos que obligan a comprar o vender una mercancía a un precio y un plazo determinados). Actualmente dominan 40 por ciento de los contratos en la bolsa de valores de Chicago, proporción sin precedente. La compra de soya en ese terreno pasó de 10 millones de toneladas en marzo de 2007 a 21 millones el mismo mes de este año.

Un modelo en crisis

La producción de alimentos es un arma clave y poderosa que Estados Unidos ha aceitado desde hace décadas. Guerra, alimentos y derechos de propiedad intelectual están estrechamente vinculados con la estrategia económica de la Casa Blanca desde los años 70. Desarrollo de la industria militar, producción masiva de granos y patentes han sido pilares de la hegemonía estadunidense en la economía mundial.

La comida es un instrumento de presión imperial. John Block, secretario de Agricultura entre 1981 y 1985, afirmó: “El esfuerzo de algunos países en vías de desarrollo por volverse autosuficientes en la producción de alimentos debe ser un recuerdo de épocas pasadas. Éstos podrían ahorrar dinero importando alimentos de Estados Unidos”.

Los productos agrícolas made in USA son una de las principales mercancías de exportación de ese país. Con su mercado interno saturado está empujando, agresivamente, para abrir las fronteras a sus alimentos. Una de cada tres hectáreas se destina a cultivar productos agropecuarios para exportación. Una cuarta parte del comercio rural la realiza con otros países. Si hasta antes de 1973 los ingresos por las ventas de este sector al exterior fluctuaban alrededor de 10 mil millones de dólares cada año, a partir de entonces aumentan en un promedio anual de 60 mil millones. El éxito se basó, en mucho, en la combinación de apoyos gubernamentales a la producción y al producto, para derrumbar los precios por debajo de los costos de producción, así como en abundantes subsidios a la exportación.

El presidente George W. Bush lo ratificó al firmar la Ley de Seguridad para las Granjas e Inversión Rural de 2002. “Los estadunidenses –dijo– no pueden comer todo lo que los agricultores y rancheros del país producen. Por ello tiene sentido exportar más alimentos. Hoy, 25 por ciento de los ingresos agrícolas estadunidenses provienen de exportaciones, lo cual significa que el acceso a los mercados exteriores es crucial para la sobrevivencia de nuestros agricultores y rancheros. Permítanme ponerlo tan sencillo como puedo: nosotros queremos vender nuestro ganado, maíz y frijoles a la gente en el mundo que necesita comer.”

Sistemáticamente, los organismos financieros multilaterales han promovido la destrucción de la producción agrícola local y la importación de alimentos de las naciones más pobres. El 70 por ciento de los países en desarrollo son ahora importadores netos de alimentos. Sus habitantes viven el asesinato silencioso en masa de esta guerra no declarada.

Aunque los springbreakers del libre comercio, como Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, insisten en que para superar la crisis hay que hacer más de lo mismo, esto es, liberalizar los mercados, desregular la economía, desarrollar nueva tecnología y dar ayuda alimentaria, el modelo de agricultura industrial y ventajas comparativas comienza a cuartearse. Los estados se han decidido a intervenir en la economía.

Según Economist Intelligence Unit (La Jornada, 29/4/08), “de 58 países cuyas reacciones son seguidas por el Banco Mundial, 48 han impuesto controles, subsidios al consumidor, restricciones a la exportación o aranceles inferiores”. Malawi ha desafiado con éxito el Consenso de Washington y se ha convertido en exportador de granos.

A finales de febrero el presidente Evo Morales aprobó un decreto que prohíbe temporalmente la exportación de varios alimentos, como carne de res y arroz, debido a la escasez en el mercado. La medida también afecta al trigo, el maíz, el azúcar y los aceites comestibles, que Bolivia exportaba a naciones vecinas, cuya carestía en el mercado local disparó los precios. Según el mandatario boliviano, “en la vivencia familiar, cuando sobran nuestros productos, tenemos todo el derecho a vender y exportar; si faltan, estamos en la obligación de garantizar la alimentación familiar”.

Quince países latinoamericanos acordaron en la Cumbre sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria declarar la emergencia. Nicolás Maduro, canciller venezolano, propuso crear un “fondo agrícola-petrolero” y un banco latinoamericano de productos agropecuarios. Los gobiernos centroamericanos están desembolsando dinero en efectivo, dando fertilizantes y semillas mejoradas, comprando granos a los campesinos para evitar que los altos precios terminen hundiendo en la miseria a millones de personas.

India ha prohibido que arroz, trigo, garbanzos, papas, caucho y aceite de soya coticen en el mercado de futuros. Rusia ha congelado precios de leche, huevos, aceite y pan. El gobierno chileno entregará un bono equivalente a unos 45.5 dólares a un millón 400 mil familias pobres. Indonesia ha triplicado sus subsidios a los alimentos.

La superficie agrícola llegó, en lo esencial, a su límite. El modelo de revolución verde de los 60 ha alcanzado un tope. Entre los 70 y 90, los rendimientos agrícolas crecieron a un ritmo de 2.2 por ciento al año. Sin embargo, ahora aumentan a una tasa de uno por ciento anual. No hay tierra agrícola suficiente para producir simultáneamente granos para la alimentación humana y para “dar de comer” a los automóviles. Es falso que transgénicos vayan a resolver esa crisis; por el contrario, la agravarán.

Para los pobres del mundo, las noticias no son buenas. El futuro inmediato será de penuria alimentaria y altos precios. No hay perspectiva de comida barata.

El asesinato silencioso en masa que viven hoy las naciones no desarrolladas y sus pueblos debe ser detenido. Ello sólo será posible cambiando drásticamente el actual sistema agroalimentario. La solución al problema está en manos de 450 millones de campesinos minifundistas, a los que, por todos los medios, se ha tratado de expulsar de sus parcelas. Tres cuartas partes de los pobres del mundo sobreviven de la agricultura, y 95 por ciento de los campesinos habitan en países pobres. Es a ellos a quienes debe apoyarse.

También deben impulsarse políticas públicas que defiendan la soberanía alimentaria de las naciones. Cuando sea necesario, los gobiernos deben tener el derecho a cerrar sus fronteras para defender su producción interna, a apoyar a sus productores con los estímulos que consideren convenientes. Hoy, más que nunca, la agricultura debe estar fuera de la Organización Mundial del Comercio.

Como lo saben quienes han vivido guerras, la mayor debilidad de una nación es depender de otras para alimentar a sus ciudadanos. La comida más cara es la que no se tiene.

Clase 4. De cómo inventar noticias.

Inventar en el aire, en tiempos de Internet y tantos medios, es complicado, casi imposible diría. Hay que reconocerlo: crear noticias exige un entrenamiento diferente al de otros tiempos. Antes alcanzaba con decir que habíamos hundido un par de barcos allá en las islas, y ningún soldado iba a mandar un mensajito diciendo que no, que no estábamos ganando. Pero la construcción de la realidad no se ha abandonado. Sólo que ahora exige una dinámica diferente: como todo crimen perfecto, necesitamos una coartada, elementos materiales que nos prueben que algo allí pudo haber ocurrido.

A modo de ejemplo:

Necesitamos, primero, ubicar espacio-temporalmente a nuestra víctima:

MOSCU.- El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, inició esta mañana una visita estratégica a Rusia, en la que planea consolidar su poderío bélico en la región a partir de la compra de armas, y la cual forma parte de una gira europea que lo mantendrá alejado de su país por algunos días.

La Nación.

Bien, la víctima está en el lugar. El primer elemento de veracidad está solucionado. Alejándonos de este ejemplo práctico, traslademos esta situación a una técnica más sutil: la publicación de rumores como noticias chequeadas. Por ejemplo: si queremos inventar que el funcionario X se tomó a golpes de puño con Z tras una discusión sobre Y debemos aportar a la información los siguientes datos:

  • una prueba material de la presencia de ambos en el mismo ámbito -Ej: el auto de X estacionado afuera del ministerio donde trabaja Z;
  • dos declaraciones contradictorias de X y Z acerca de Y;
  • un testigo “que no quiso revelar su identidad”

El tercer punto, apelando a la integridad del testigo, puede ser absolutamente inventado. La apelación a la libertad de prensa y la conservación de las fuentes es una clave fundamental en el ocultamiento de los testigos. También es beneficioso hablar de “lo que se rumorea en los pasillos”, ya que los pasillos, sabemos, jamás nos interpelarán acerca de nuestros dichos. Nadie es los pasillos.

Sigamos con el ejemplo. Una vez tenemos a Chávez en Rusia hagamos volar la imaginación, mas no libremente. La imaginación de un periodista no debe fluir por los andes del orbe: debe navegar en los mares del estereotipo. Para eso habría que hacer una lista de los estereotipos clásicos por país, que aquí sólo mencionaremos brevemente algunos a modo de ejemplo:

- Cuba: instalación del comunismo en América Latina;

- Francia: intercambio cultural;

- África (cualquiera sea el país): lucha contra la pobreza;

- Japón: tecnología,

- Etc.

Una vez tengamos a Chávez en Rusia, aprovechemos un dato de la realidad para crear otro más grandilocuente. Pongamos, entonces, que el Presidente de Venezuela, en ejercicio de sus facultades constitucionales, negocia una compra de armas. Como tal, la noticia no conmueve ni vende. Aquí podremos apelar a un gran recurso: la exageración. Si desconocemos el monto de compra, imaginemos un número que “la opinión pública” considerará indignante: multiplíquelo por dos y arrójelo impunemente a su hoja de papel apelando a cualquiera de los recursos antes mencionados (fuentes anónimas, pasillos, corresponsales, comunicados de prensa, etc)

Chávez en Rusia: Suma US$ 5.000 millones en compra de armas

Mientras el mundo se une para pedir paz en Colombia, Chávez en Venezuela sigue adelante con la compra de armas. Esta parece ser la crítica del momento a Hugo Chávez, que se encuentra de visita en Rusia, como parte de una gira por Europa. El venezolano suscribió una alianza entre PDVSA con tres petroleras rusas para explorar 640 km2 de la faja de Orinoco y la compra de tres submarinos y 20 sistemas de defensa antiaérea por US$ 1.000 millones. Venezuela ya ha gastado US$ 4.000 millones en armas rusas en los últimos años.

Urgente24.com


Podríamos decir que la noticia ya está. La comparación con Colombia es la frutillita del postre: el hombre pacífico que rescata a la líder política sin tirar un solo tiro (solamente ensuciando el nombre de la Cruz Roja de aquí a la eternidad, dicho sea de paso) frente al mandatario loco desestabilizador que sale a comprar armas mientras el mundo pide paz.

Pero noten esta perlita: “Esta parece ser la crítica del momento a Hugo Chávez”. Nosotros no criticamos: expresamos las críticas que vuelan por el aire del humor social. Noten la falta de sujeto en la oración. También podríamos titular así: “Ahora dicen que Chávez compra demasiadas armas”. Lo importante es que nosotros no lo decimos. Porque somos parte de un medio de comunicación, y como tal somos objetivos, neutrales, apolíticos y carecemos de ideología. Somos, bien deben saberlo, un reflejo de la realidad: contamos lo que pasa en la vida social, no lo construimos. Nuestro discurso es neutro porque, en tanto que medios de comunicación, no respondemos a intereses: los intereses, horrenda palabra, dejémosla para la chanchada de la clase política. Nosotros nos movemos por honestidad, no nos manda nadie a cubrir las notas, lo hacemos porque “la gente” quiere saber. Y ahí estamos nosotros, intermediarios únicos y exclusivos del único proceso de comunicación democrático: la relación periodista-opinión pública. Todo lo demás: puro verso, el político de turno tratando de convencer a la estúpida audiencia. Menos mal que existimos.

Ahora, démosle el toque dramático para terminar una noticia como se debe. Aprovechar el material, trabajar con lo que se tiene: un presidente verborrágico para un periodista es ir a hacer un asado con las brasas hechas y la carne puesta en la parrilla. Hay que darla vuelta y listo. El silogismo es tan falaz como sencillamente construido:

Premisa A:

La Fuerza Aérea rusa estudia trasladar bombarderos de largo alcance a Cuba en respuesta al sistema de defensa antimisiles que Estados Unidos planea instalar en Europa central.

Premisa B:

Chávez dijo que Venezuela se encontraba tan bien posicionada como Cuba.

Conclusión (título de la nota):

Chávez ofrece a Rusia erigir bases militares en Venezuela

Noticias24


Un último consejo para inventar una noticia. La cantidad de medios y noticias circulantes por el mundo no permiten una sana y pausada reflexión sobre todo lo que ocurre. El lector necesita la noticia preparada, cocinada y en lo posible ya masticada. Hay un recurso que no puedo dejar de mostrarles: es imperativo comparar los sucesos actuales con cualquier evento del pasado. Cuando una persona lee una noticia quiere entenderla al segundo, saber sobre qué le están hablando. Voy a ser más gráfico si continúo con el ejemplo:

“Posiblemente crea en la posibilidad de recrear la atmósfera de la guerra fría y rebobinar la película en cincuenta años”

Venezuelanoticia.com

¿Anhela el Presidente un desenlace de tensiones, al más puro estilo de la crisis de los misiles cubanos“?

Noticias24

La idea es nombrar un hecho al que el mundo entero asocie a un juicio de valor. Cualquier pacto dentro de un país es el Pacto de la Moncloa; todos los embates contra la libertad de prensa son totalitarismos encubiertos; cualquier intento del Estado por cooptar mayor cantidad de renta del sector agropecuario es estalinismo puro (ver caso argentino de cobertura de conflicto agrario: capítulo 1. De cómo convertir a la Sociedad Rural en kulaks expropiados por Stalin). Aquí, en el ejemplo de Chávez, está más que claro: la –falsa –instalación de las bases rusas es, a 50 años del suceso, el mismo suceso repetido. La Historia, para nosotros los escribas de su borrador, es circular. Quien ha visto una serie de sucesos históricos, en realidad, los ha visto todos. Asociar bases militares, Rusia, Cuba, crisis de los misiles y lograr el resultado: tensión. Chávez, entonces, aumenta la tensión. Y los resultados, a la vista:

Es lógico, su fin es la guerra y dominar Latinoamérica;

En un artículo se menciona que Chavez comprará 30 mil millones en armamento a Rusia, y se supone que ese gobierno no se caracteriza por ser muy transparente mmmmmmm

Comentarios de La Nación.


Miente, miente que algo quedará, es la máxima que nos guía. Nuestro objetivo: ese “mmmmmmmmm” del comentarista. Lo importante es crear la desconfianza, no importa sobre qué, no importa si luego debemos desmentir. El daño está creado. Y una pequeña nota falsa al costado de un gran diario, es mucho más eficiente para influenciar que tres o cuatro sesudas desmentidas en medios marginales:

Las Bases Rusas

Hugo Chávez desmiente el monto de la compra de armas

Miente…que algo queda. Martín Guédez.

Próximamente, más clases de periodismo berreta.


(este pibe es un zarpado...)

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El fin de un mito

Por Luis Alberto Quevedo *, para Página/12

Y finalmente se nos cayó un mito: el mito largamente alimentado sobre las conferencias de prensa de los Kirchner como un momento epifánico de la verdad, donde se revelarán y donde cambiará la calidad de las instituciones en la República Argentina. Pues no, nada de eso ocurrió. Creo que más bien la Presidenta se salió con la suya: ante el protagonismo de la apertura de la Rural, con los discursos de Miguens y el grito de guerra de Alfredo incluido, Cristina decidió competir en la tapa de todos los diarios del domingo poniendo en primer plano un hecho que nunca había ocurrido durante la gestión de su marido y de la suya propia: hablar con los periodistas (nacionales e internacionales) con una agenda abierta. Eso sí, sin repreguntas y durante una hora y media. ¿Y qué pasó allí?: nada. Ni siquiera hubo una pregunta sobre lo que había ocurrido durante la mañana en la Rural. Sólo se cayó el mito de que es en el ámbito de las conferencias de prensa donde ocurren los grandes anuncios, los debates postergados y donde los hombres del poder se ven forzados a decir sus verdades. Personalmente, nunca lo he creído así, sinceramente... Ni hoy ni durante todos los años pasados en que varios presidentes no dieron conferencias de prensa el problema político o comunicacional estuvo allí. Claro, ¡está bien que se haga una conferencia!, por supuesto. Pero a veces (como ayer) sólo sirve para mostrar los pies de barro de esta creencia periodística.

Cristina es una gran oradora de atril más que de tribuna o barricada. Y por eso allí, con esos dos micrófonos convergentes sobre su rostro, con un vaso de agua servido de manera insistente y mirando a todos casi con sorna (¿vieron?, aquí estoy....) se sintió cómoda, sonriente, se permitió algunos chistes (para dejar también alguna nota de color) y se la vio muy distendida. A esto le agrega algo que a algunos nos pone muy nerviosos: no lee ni le pregunta nada a nadie (como lo hace Chávez en sus charlas, por ejemplo) y maneja con mucha certeza cifras de la economía, datos históricos, resoluciones de organismos internacionales, reuniones que mantuvo hace algunos años y recuerda con mucha precisión todos los nombres de funcionarios, políticos, líderes internacionales y ciudades donde ocurrieron estas cosas. Una destreza que pocos tienen. Y durante esa hora y cuarenta minutos habló sobre muchas cosas: Moreno y el Indec, el tren bala, la ley de radiodifusión, las retenciones y la Resolución 125, la relación con Brasil, más sobre Moreno y el Indec, los cortes de rutas, el crimen de Cardales, las elecciones americanas y la personalidad de Obama, la renuncia de sus funcionarios, los rumores sobre su propia renuncia, la inversión extranjera, el valor del dólar, la 4ta flota de los EE.UU., Cobos, otra vez sobre Cobos, otra vez sobre Moreno y el Indec y todo para no decir nada concreto, ni anunciar nada puntual, ni revelar alguna historia jugosa que hasta hoy desconocíamos. Por supuesto, lo que sí hizo (y nos tiene acostumbrados) fue retar a los medios (¡...cómo le gusta retar a los medios!), descalificó algunas encuestas y relativizó los costos que ha pagado su gobierno por las decisiones tomadas en estos meses.

Creo sin embargo que sí hubo un tema que articuló su discurso –al que recurrió varias veces– y que para ella es estratégico: su política de mejoramiento de la calidad institucional en la Argentina. Ya lo había hecho durante la campaña del 2007 y en el inicio de su gobierno, y pese a las críticas que recibe del arco opositor y de muchos medios, lo cierto es que es un tema que surge de sus palabras con mucha fuerza, verdad y logra tornarlo verosímil. Son esos momentos (los pocos momentos) en que su cuerpo y la inflexión de su voz adquieren mayor compromiso con su palabra. Está convencida de que allí está haciendo algo importante, y lo cree firmemente. Por eso se torna más humana y logra desdibujar algo de su retórica impostada.

Yo me quedo con la Cristina de los otros atriles, la del Salón Blanco de la Casa de Gobierno, o esos momentos donde se despliega una palabra inesperada, en las entregas de diplomas o la asignación de viviendas, allí donde Cristina suele ser mucho más sustanciosa en sus apreciaciones sobre política nacional, las relaciones internacionales o redistribución de la riqueza. En un momento en que la conferencia declinaba (ya a los 35 minutos declinaba...) le dijo a un periodista: “...si te parece, la levantamos inmediatamente y acá no ha pasado nada”. Y creo que así fue, la conferencia transcurrió, se levantó y nada nuevo ha pasado. Sólo se desmontó un mito: el que sugiere que la verdad sobre un gobierno aparece en algún espacio privilegiado. En el fondo, todos los momentos de la comunicación política pueden ser tan anodinos como sustanciosos: el problema entonces sigue siendo la política, no el formato de la comunicación.

* Sociólogo, investigador de Flacso y UBA.

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Atentos a los objetivos y fundamentos que dio origen al nacimiento del Espacio Carta Abierta, un espacio nacido ante la necesidad de unirnos para preservar las instituciones, fortalecer el Estado democrático y su funcionamiento en un ámbito republicano ante las embestidas de fuerzas desestabilizadoras. Fuerzas que todos sabemos se movilizaron de varias maneras, pero fundamentalmente alrededor de las mentadas "retenciones" con el rol estratégico y decisivo jugado en su apoyo por los medios de comunicación.

Estos mismos medios actuaron tendenciosamente para condicionar a la opinión pública con el fin de obtener su apoyo a los fuertes intereses que comparten y/o les compete. Las corporaciones oligopólicas reaccionarán ante la propuesta oficial de llevar al Congreso Nacional el nuevo Proyecto de Ley de Radiodifusión. Proyecto que pondrá en cuestión e interpelará su desmedida acción monopólica.

De aquí se desprende el panorama que tendremos que enfrentar en un futuro inmediato, ante esta propuesta de Ley que reemplace a la establecida por la última dictadura militar. Instrumento de facto con el que se beneficiaron sobradamente los sectores y grupos que hoy actúan a modo de gobierno paralelo respondiendo a intereses opuestos a los que votó la mayoría.

No se puede acceder al derecho a la información y a la libertad de expresión para todos los argentinos con una herramienta que obtura la multiplicidad de voces y opiniones y genera un relato único y monopólico.

Por esto, convocamos a constituir en el Espacio Carta Abierta una COMISIÓN DE MEDIOS AUDIOVISUALES, desde donde podamos observar, analizar, reflexionar, discutir, debatir, y desarrollar estrategias relacionadas con esta acometida destituyente de las derechas; así como sobre el rol del Estado y los medios alternativos con el fin de democratizar el espacio mediático a lo largo y ancho del país.


Si unos pocos controlan la información no es posible la democracia.


La nueva Ley de Medios de Comunicación debe garantizar

la diversidad informativa y cultural.



(leído por acá)