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El lunes Alfredo De Angeli tomó un banco. El copamiento era pura desmesura, reclamando por un mínimo puñado de productores. El tratamiento de la prensa que “aguanta” al campo fue radicalmente distinto al propinado a Luis D’Elía cuando comandó la toma una comisaría. En aquel entonces, los piqueteros pedían que la policía se pusiera las pilas y arrestara al asesino de un militante social, que los uniformados protegían manifiestamente. Esa presión, motivada por un asesinato, fue crucificada durante años. Hubo un trato mucho más suave para un prepotente golpe de mano discutiendo una tasa de refinanciación. La renta empresaria versus la vida de un hombre de pueblo, cada uno prioriza como le parece. Y después dicen que las ideologías no existen.
(Marito está a-f-i-l-a-d-í-s-i-m-o, sin dudas Maestro...)