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La culpabilidad del sistema se ha convertido en la culpabilidad de los individuos que están sujetos a él. Se dice por tanto que el capitalismo no es nada más que el reino de un individualismo de masas o de un individualismo democrático. La crítica Marxista de los Derechos del Hombre mostrando al “hombre” egoísta burgués como la realidad del ciudadano demócrata se recicla para reflejar que el“individuo narcisista” es la realidad de la democracia. Ahora se ha dado un paso más en la inversión de la crítica. Muchos sociólogos, filósofos políticos y moralistas empezaron a explicarnos que la democracia y los derechos del Hombre, como Marx había demostrado, eran simplemente los derechos del individuo egoísta burgués, los derechos de los
consumidores para desarrollar cualquier tipo de consumo, destruyendo por tanto todas las instituciones tradicionales y formas de autoridad, que imponían un límite al poder del mercado, tales como la familia, la escuela o la religión. Esto es, dijeron, lo que de hecho significa la democracia: el poder del consumidor individual al que no le importa otra cosa que no sea la satisfacción de sus necesidades y deseos, la igualdad entre el vendedor y comprador de cualquier mercancía. Por consiguiente llegaron a la conclusión de que lo que el individuo democrático quería era el triunfo del mercado en todas las esferas de la vida y por tanto de todas las formas tradicionales de autoridad y transmisión que constituyen un orden simbólico. Así la crítica del mercado de la sociedad de consumo y del espectáculo termina denunciando al llamado individuo democrático al que culpan de todos los males del mundo contemporáneo (...)

en la revista electrónica Estudios Visuales Nº 7, enero 2010.
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Las comparaciones son odiosas pero a veces son inevitables, me dijo un antipático profesor alguna vez. Y este es uno de esos casos: Messi y Maradona, Maradona y Messi, una suerte de juego de espejos entre dos enormes futbolistas con características y destrezas similares. Un juego que se propone socialmente y con el que a veces nos dejamos seducir, tal vez porque los rasgos compartidos saltan a la vista con facilidad (habilidad con el balón dominado, capacidad goleadora, camisetas en común). Tal vez porque llega el Mundial y, con él, el renovado deseo de los argentinos por vernos coronados en esa competencia deportiva entre selecciones nacionales. Lo cierto es que a veces —por fanatismo, por lo que sea— nos olvidamos que una comparación por más invevitable que sea no deja de ser odiosa al mismo tiempo. Y muchas veces, también, suele ser injusta. A Messi se lo objeta por no rendir en el seleccionado de la manera que lo hace en el Barcelona. Pues bien, ocurre que sus que sus actuales números con la casaca blaugrana son escalofriantes (40 goles en los últimos 43 partidos con el equipo catalán, pichichi de la liga española con 27 sobre 28 partidos, incluido el de ayer ante Real Madrid en el Bernabeu) mientras que con el seleccionado argentino obtuvo a duras penas su clasificación para Sudáfrica durante este año. Estas resultados diferentes han generado custionamientos por cierta parte del periodismo que ha llegado a hablar de un Messi “de allá” (por su juego en España) y un Messi “de acá”, cuando en realidad de lo que estamos hablando es de un bajo rendimiento colectivo por parte del seleccionado nacional que no aun no ha logrado demostrar un estilo de juego coherente y un nivel consistente durante la etapa de Maradona al frente del equipo. Pero la dicotomía Messi “de acá” y Messi “de allá” es falsa y basta con ver los números globales de la Pulga con la albiceleste: 25 goles en 55 partidos (6 en el sudamericano sub-20, su primer torneo con la selección, y goleador de ese torneo; 6 en el mundial de esa categoría disputado en Holanda en 2005, ganando la final ante Nigeria con dos conquistas suyas y siendo coronado mejor jugador; su gol contra Serbia durante la primera fase en Alemania 2006; 2 en la Copa América de 2007; 2 durante los JJ. OO. de Pekín en 2008; y 8 en total entre amistosos y eliminatorias entre 2004 y 2010). Y a estos datos debemos agregar que en 10 de esos 55 partidos no fue titular sino que ingresó desde el banco. Resultado: medio gol por partido, un campeonato y un subcampeonato a nivel mundial juvenil y medalla de oro en un juego olímpico para la selección de su país. Número destacados para un jugador de veintidós años —cumplirá veintitrés en junio, mientras esté disputando el campeonato en Sudáfrica— que ya es una estrella a nivel mundial por sus logros obtenidos con su club en una de las ligas más competitivas del mundo. Se dice que hoy los mundiales ya no consagran jugadores como lo hacían hace 25 años. Puede ser. De cualquier manera, Messi ha dado pruebas contundentes de que su pasión defendiendo la camiseta argentina está intacta y que trabajará para conseguir el gran objetivo futbolístico del año. Sólo resta convencernos a nosotros que las circunstancias históricas ya no son las mismas y que estamos en presencia de dos sujetos con recorridos deportivos diferentes, a pesar de sus muchas semejanzas con la pelota rendida a sus pies.

El periodismo siempre construyó redes sociales. Pero son redes pobres. En los medios impresos y en la TV la gente sólo puede opinar haciendo zapping o cambiando de página o de publicación. No puede ampliar o cambiar la historia que le están contando. Y no puede hablar con los lectores. O sea: los usuarios pueden hacer muy poco con el medio y nada entre ellos (...) Este periodismo top down -yo hablo, ustedes escuchan y callan y hacen muy poco- es el que está muriendo. No digo que mañana se mueren los medios tradicionales ni que eso sea bueno ahora. Pero sí que esta forma de hacer periodismo se está terminando (...) Ahora las plazas públicas se multiplican: las va armando la gente. Los usuarios dejan de ser fieles a una marca: eligen las noticias por recomendaciones de sus amigos en vez de ir a buscarlas en los medios que las producen. Facebook se convierte en un agregador de noticias. La gente reportea, redacta, graba, opina . Y se reúne en comunidades con las personas que quiere, para hablar de las cosas que más le interesan. Todo eso le da una conciencia creciente de su poder. Y cuando alguien sabe que tiene poder lo más probable es que lo use. Allí puede estar una de las soluciones que estamos buscando.

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Es una ley (la de Coparticipación Federal) de acuerdo entre las provincias y la Nación. (Pero) Ahí nadie quiere ceder nada, porque el gobernador que se encuentre favorecido por una alícuota desigual con otras provincias no va a aceptar modificaciones.

En Santa Fe no se pagan ingresos brutos a la industria y a la construcción. Esto marca una desigualdad con Córdoba y Buenos Aires (...) Las empresas de Córdoba vienen a facturar a Santa Fe porque no pagan impuestos y la provincia va a ser una especie de paraíso fiscal

Siempre estamos dispuestos a buscar un acuerdo extra judicial. No queremos judicializar la política sino que buscamos que la política resuelva lo que tiene que resolver.

Medís Hermes. Sabé que con esto, medís. El tema es que hacemos con el diagnóstico (antes de que se nos muera el paciente). Eso es otra cosa. Y ahí llega la política.

(la) falta de acuerdo distributivo alimenta la inflación, el tipo de cambio se atrasa y los empresarios presionan por un aumento en el precio del dólar que los proteja de las importaciones. Y si se los atiende y se aumenta el dólar, vuelve a aumentar la rentabilidad de la soja y con ella el precio de los alimentos. Y de vuelta suenan los bombos, y van a la carga los salarios. Y haciéndose los distraídos, silenciosos, como quien no tiene la culpa, los empresarios lo mandan a precio y estamos de nuevo donde era en un principio pero con una inflación todavía moderada. Y la solución no es sencilla, ni una cuestión supuestamente técnica del estilo “subí dos puntos la tasa de interés”. Requiere acuerdos sociales y políticas sectoriales que no entran en el último párrafo de un artículo de diario.

leído por acá
Este tipo que mide.