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Dancing Mood 04.
Cargado originalmente por Hipno
Los Dancing Mood pasaron otra vez por Rosario y brindaron un show de casi 3 horas al que no le faltó nada.

Sábado 20.30 PM. Me entero que los Dancing Mood vuelven a Rosario, teloneados nuevamente por el swing argento de la local Rosario Smowing. La promesa seduce y las ganas de volver a ver en vivo a una de las bandas más destacadas de la escena nacional animan, por más que la fría jornada nocturna conspire para quedarse en casa. Con un último recital a fines de noviembre en nuestra ciudad, cuando presentaron On The Sunny Side Of The Street (2009), su última producción de estudio, la banda liderada por ese gran trompetista y compositor llamado Hugo Lobo volvió a subirse al escenario de Willie Dixon y demostró, una vez más, de lo que es capaz: casi 3 horas de show, último disco tocado enterito para quienes aún no tuvimos tiempo de escucharlo detenidamente, músicos invitados (trajeron de paseo por acá a la vocalista costarricense Deborah Dixon para cantar ese hermoso bolero llamado Just Don’t Wanna Be Lonely) y un repaso de clásicos como Take Five (un clásico del jazz norteamericano compuesto en 5/4 por el saxo alto Paul Desmond para la Dave Brubeck Quartet en 1959) que forma parte de Groovin’ High (2006), el genial Africa de aquel inicial Vol. I (2001) editado el año de la hecatombe, hasta el momento ritual del festejado Police Woman del álbum Dancing Groove (2004), cuando el público explota y la euforia se apodera definitivamente del lugar. Propuesta estética renovadora, Dancing Mood es considerada casi una rareza dentro de ese amplio universo llamado “rock nacional” porque fusiona géneros internacionales —ska, reggae, jazz— interpretando hits de los años 40 y 50, sin quedar pegado a un sonido retro (que los podría poner en un lugar un tanto oportunista) y con una profunda pulsión rockera. Un cóctel que combina en escena elementos cool —por los géneros que frecuenta— con una iconografía popular y despojada —desde el vestuario de los músicos hasta la escenografía y el montaje de sus shows— que contrasta alegremente en cada una sus presentaciones, donde la protagonista principal es, por suerte, la música. Interpretaciones majestuosas, virtuosismo al palo, estos intérpretes de sólida formación musical despliegan una avalancha de sonidos que inundan cada espacio donde se presentan: de una fiesta íntima (acá han tocado para la fiesta de fin de año de una prestigiosa escuela privada) a un estadio; de un escenario callejero a las butacas del Gran Rex porteño. El baile, el movimiento de los cuerpos al ritmo de las canciones, es una consecuencia inevitable en cada presentación de esta banda: de allí su nombre, tomado de una canción del cantante jamaiquino Delroy Willson y que significa algo así como “de humor para bailar”. Porque si hay algo que esta banda logra, por más que a veces uno pueda no estar de humor para bailar, es hacernos mover la patita. Definitivamente